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| 2/5/2001 12:00:00 AM

Pulso en Bavaria

La alianza con Leona le otorga a la empresa una ventaja importante en una huelga que, al parecer, va para largo.

Pulso en Bavaria Pulso en Bavaria
El cese de actividades en Bavaria lleva ya más de 15 días y ha empezado a quedar claro qué hay detrás de este sonado conflicto laboral. El asunto empezó a fines de octubre pasado cuando el sindicato presentó un pliego de peticiones para la renegociación de la convención colectiva del trabajo que se vencía el 31 de diciem bre. El punto más notorio de este pliego era una petición de aumento salarial de 25 por ciento para 2001. Empezaron entonces unas negociaciones que hasta ese momento no tenían nada de extraordinario. En la última década estas discusiones se dieron cada dos años —al vencerse la convención— y el acuerdo no siempre fue fácil —la huelga de 1993 duró 36 días—. Sin embargo las conversaciones tomaron un rumbo inesperado cuando la empresa, en lugar de limitarse a discutir los puntos planteados por el sindicato, decidió presentar un contrapliego para la discusión. Este último planteó la renegociación de numerosos puntos de la convención colectiva que no se habían tocado en décadas, relacionados con las prerrogativas del sindicato y la flexibilidad del régimen laboral de quienes laboran en la empresa. Así, lo que parecía ser una rutinaria discusión sobre el aumento salarial de año nuevo, terminó siendo un conflicto con intereses mucho mayores en juego. Ante la imposibilidad de lograr un acuerdo directo el sindicato se decidió por la huelga. Las conversaciones entre las partes se suspendieron y pronto se empezaron a notar los efectos de la huelga. Justo en la temporada de fin de año —cuando la gente toma más cerveza— empezaron la escasez y la especulación. Las ventas de la empresa, que son cercanas a los 1.4 billones de pesos anuales se vieron interrumpidas en uno de los meses más dinámicos. En las dos semanas que lleva la huelga las negociaciones han estado estancadas. Lo curioso es que mientras los directivos sindicales han expresado su deseo de sentarse a dialogar con prontitud, la empresa parece haberse tomado las cosas con más calma. Sus directivos se fueron de vacaciones dejando la impresión de poco pánico o prisa frente al asunto. Se han invertido los papeles ya que lo usual en estos casos es que la empresa esté ansiosa por dialogar, y los sindicalistas en paro sean los que no tienen afán. “Esto me rompe los parámetros. Nunca lo había visto en todos los años de mi carrera”, dice el ministro del Trabajo, Angelino Garzón, quien ha procurado insistentemente acercar a las partes para que continúen el diálogo. La explicación de este hecho —tan atípico en apariencia— podría ser más lógica y sencilla de lo que parece y está relacionada con la alianza estratégica que Bavaria firmó hace seis meses con Leona. Poco tiempo después de iniciada la huelga, el sindicato denunció que Bavaria estaba produciendo sus marcas de cerveza en la planta de Leona en Tocancipá. La empresa, por su parte, se ha abstenido de controvertir o ratificar esta afirmación. Cierto o no, el caso es que Bavaria tiene la facultad de usar la planta de Leona para fabricar sus productos. De hecho, la negociación entre las dos compañías incluyó unos contratos de producción para poder utilizar plenamente la enorme capacidad instalada de Tocancipá. Tan es así que el acto administrativo de la Superintendencia de Industria y Comercio que autorizó la fusión prevé la firma de estos contratos y los regula. El único impedimento que podría encontrarse para fabricar productos Bavaria en Leona sería en la eventualidad de que cuando se empezó a negociar la convención colectiva no se hubieran firmado aún los contratos de producción con Leona. Especialistas en derecho laboral consultados por SEMANA afirman que, si dichos contratos son previos al inicio de la negociación de la convención colectiva, la empresa está en libertad de acudir a terceros para fabricar sus productos. Dada la tranquilidad que reflejan los directivos de Bavaria, pocos dudan que esos contratos fueron firmados con la debida anterioridad. Así las cosas, Bavaria podría tener un as bajo la manga en esta negociación. Más aún, además de Leona la compañía también podría acudir a la planta de Cervunión, la cual tampoco tiene unidad de empresa con Bavaria. “Al parecer la empresa se había preparado mucho para llevar el conflicto”, dice Ever Maradiago, presidente del sindicato de la compañía. Añade que “se ha evidenciado un interés nunca antes visto por disminuir la estabilidad laboral, que es un patrimonio de los trabajadores”. Se refiere a algunas cláusulas de la convención colectiva que la empresa quiere renegociar. Por ejemplo, una que impide a Bavaria contratar empresas externas de trabajadores temporales. Los directivos de la empresa, por su parte, se han abstenido de dar ningún tipo de declaraciones. Al inicio de la huelga Bavaria emitió un comunicado que reitera su propósito de defender los intereses de la comunidad, los trabajadores y la compañía, y lamenta los efectos de una huelga que se dio a pesar de los “ingentes esfuerzos efectuados para llevar a feliz término las negociaciones”. Maradiago afirma que la última vez que se reunió con el representante de la compañía éste ofreció un incremento salarial de inflación más un punto para que levantaran la huelga, pero si seguían negociando los puntos del pliego y el contrapliego. Pero el sindicato no quiere ni siquiera discutir éste último. No se sabe cuál va a ser el desenlace de esta historia. Por lo pronto, a instancias del Ministro del Trabajo, se reanudarán los contactos informales entre las partes esta semana. Pero al parecer la huelga va para largo. Si no se logra ningún acuerdo después de 60 días de paro se llegaría a un tribunal de arbitramento —una posibilidad que no le gusta al sindicato—. A diferencia de otras huelgas no es claro que esta vez el tiempo esté de lado de los trabajadores. Dado que Leona tiene legalmente alternativas de producción externas dispone de un mayor margen de maniobra para la negociación. La transición jurídica en que se encuentran Leona y Cervunión —mientras no les decreten la unidad de empresa— le otorga a Bavaria una oportunidad única para medir fuerzas con el sindicato. Aparentemente, la empresa, consciente de que esta cuyuntura no durará para siempre, la ha sabido aprovechar.

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