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| 11/27/1995 12:00:00 AM

¡QUE CAMELLO!

En materia de empleo a Bogotá le está yendo mucho mejor que al resto del paìs.

¡QUE CAMELLO! ¡QUE CAMELLO!
PARA LA MAYORIA DE LOS colombianos, e incluso para sus habitantes, Bogotá es, dentro de las ciudades del país, el peor vividero de Colombia. En el Distrito Capital parecen concentrarse todos los males típicos de las metrópolis y pocas de sus virtudes. La contaminación, la miseria, el tráfico y la inseguridad se conjugan afectando a todos y cada uno de los seis millones de personas que allí viven.
Sin embargo existe un área en la cual los bogotanos llevan la delantera. Tal como lo demuestra la más reciente encuesta nacional de hogares del Dane, en Bogotá se puede vivir mal, pero se trabaja. Para comenzar, la tasa de desempleo de la capital -6,3 por ciento en septiembre- es la más baja dentro de las siete ciudades màs grandes del país y está casi dos puntos y medio por debajo del promedio general.
Ese proceso se ha mantenido desde comienzos de la década, época desde la cual los volúmenes de ocupación en el Distrito han ido en franco aumento. Mientras el empleo en Bogotá ha aumentado a un ritmo cercano al 4 por ciento anual desde 1991, en el resto de las ciudades lo ha hecho apenas en 1 por ciento. Según el Dane, entre septiembre de 1992 y septiembre de 1995, el número de personas ocupadas en Bogotá aumentó en 220.248, mientras que en las seis ciudades siguientes el incremento en el mismo período fue de 110.314 trabajadores con una población mayor.
Semejantes diferencias en la generación de empleo pueden tener todo tipo de implicaciones sobre el desarrollo futuro del país. Por una parte, llevarían a un crecimiento aún mayor en la población de la capital, debido a que la migración intema deberìa preferir instalarse en aquellas áreas donde hay mayores posibilidades de encontrar trabajo. Al mismo tiempo crearían presiones en la calidad de vida de aquellas ciudades donde se registra un alto desempleo. En Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Pasto y Manizales el índice de desocupación registrado en septiembre es superior al 10 por ciento.
Lo que ha venido ocurriendo con diferente intensidad, según las zonas del país, es el reflejo de la desaceleración de la actividad econòmica. Sectores claves como el comercio y la construcción han tenido un año mediocre en el caso del primero y malo en el segundo.
La presencia de esos factores ha incidido en que, frente a la crisis, haya ahora una mayor proporción de la población en edad de trabajar en busca de empleo. Si tal situación continúa en el futuro, es seguro que los altos índices registrados en septiembre seguirán su escalada hacia arriba en los meses por venir. Eso sería otro dolor de cabeza para la política económica, pues el gobierno se comprometió a crear 1,5 millones de nuevos puestos a lo largo del presente cuatrienio.
Como si con esos nubarrones fuera poco, todo apunta hacia que el tema laboral no se va a limitar al número de empleos, pues los conocedores anticipan un clima difícil en éste y el próximo año como consecuencia del relativo fracaso del Pacto Social. Aunque lo más probable es que la inflación disminuya, los pronósticos hablan de un aumento del 20 por ciento en los precios al final del año, dos puntos por encima de la meta original. Dicho desfase va a ser seguramente reclamado por los sindicatos, que aceptaron un reajuste en el salario mínimo y en el de los empleados oficiales del 20,5 por ciento en 1995, con la idea de que iba a mejorar la remuneración real de los trabajadores.
Frente a esos problemas, los expertos sostienen que es necesario hacer menos costosa la contratación de personas por parte de los empresarios. Fedesarrollo propone una revisión de los sobrecostos a la nomina que encarecen en 10 por ciento el salario de una persona con destino al Sena, al Bienestar Familiar y a las Cajas de Compensación.
Tal propuesta forma apenas parte de un recetario más amplio. Eso por lo menos deberían pensar los alcaldes de las ciudades que ven la dinámica del empleo en Bogotá como otra muestra de centralismo. Y más vale que las demás ciudades del país se muevan rápido porque en esta materia, tal como lo demuestran las cifras, trabajo que no se haga, es trabajo perdido.

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