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| 9/2/1996 12:00:00 AM

REVOLCON EN LA JUNTA?

A medida que se recompone la Junta Directiva del Banco de la República crece la incertidumbre sobre el futuro de la política monetaria.

REVOLCON EN LA JUNTA? REVOLCON EN LA JUNTA?
l miercoles de la semana pasada, a la salida del tradicional seminario de Anif y Fedesarrollo sobre las perspectivas de la economía, el Ministro de Hacienda dio unas enérgicas declaraciones a los medios de comunicación. La vehemencia del Ministro sorprendió a muchos, sobre todo si se tiene en cuenta que el motivo de su mo- lestia no eran las proyecciones económicas de las dos entidades. Ocampo estaba profundamente molesto por los señalamientos acerca de la recomposición que está viviendo la Junta Directiva del Banco de la República. ¿Por qué tanta alharaca por una simple Junta? Lo cierto es que detrás de lo que parecería ser una aburrida discusión técnica de economistas se encuentra un tema fundamental para el bolsillo de todos los colombianos. Los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República _esos economistas técnicos que la mayoría de los colombianos ni siquiera conoce_ desempeñan un papel fundamental en la determinación de la inflación y el crecimiento económico del país. La Constitución de 1991 revolucionó la política económica en Colombia al darle total independencia al Banco de la República en el manejo de la política monetaria y la tasa de cambio, fijándole un propósito específico: controlar la inflación. De esta manera el gobierno y el Banco terminaron convertidos en conductores de un mismo tren _la economía nacional_, pero mientras el primero está sentado más cerca del acelerador, el segundo tiene a la mano el freno. Así, si el gobierno se desborda en sus pretensiones de gasto y amenaza la estabilidad de los precios y a la vez el Banco mantiene firmes las riendas monetarias se genera un aumento en las tasas de interés y se desacelera la economía. A pesar de que esta peculiar relación no ha estado exenta de puyas de uno y otro lado _especialmente a la hora de encontrar responsables de la desaceleración económica_, el esquema ha arrojado buenos frutos hasta el momento: durante los últimos cinco años la inflación ha caído en casi 10 puntos, mientras que la economía ha crecido en promedio 4,5 por ciento anual. Pero, en medio de la armonía, el tema de la Junta se empezó a calentar hace un par de semanas cuando el presidente Samper nombró al ex ministro de Agricultura Antonio Hernández Gamarra en reemplazo de la saliente codirectora del Banco María Mercedes Cuéllar. A los pocos días otro codirector del banco central, Salomón Kalmanovitz, puso el dedo en la llaga al señalar que el año entrante podría haber una política monetaria más flexible y dispuesta a acomodarse a los deseos del gobierno que la que se ha registrado hasta el presente. Para Kalmanovitz, este viraje se daría a raíz del cambio obligatorio de otros dos codirectores del Banco Emisor el próximo 2 de febrero, pues así el presidente Samper tendría dentro de la Junta cuatro personas nombradas por él: el Ministro de Hacienda y tres codirectores. Si se tiene en cuenta que la Junta consta de siete miembros _el Ministro de Hacienda, el gerente del Banco de la República y cinco codirectores_, el gobierno habría alcanzado la cifra mágica de cuatro votos, en un grupo de siete, en el que las decisiones se toman por mayoría. Según Kalmanovitz el panorama sería todavía más favorable para el gobierno con el vencimiento del período del actual gerente del Banco, Miguel Urrutia, el 3 de enero del año entrante. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede con los codirectores, el nombramiento del presidente del Banco corre por cuenta de la Junta, y en el caso concreto del reemplazo de Urrutia está a cargo de la actual, en la que la mayoría de los miembros no fueron nombrados por el presidente Samper. Incluso algunos observadores dan por descontada la reelección de Urrutia como gerente. Todo este juego de cálculos se basa en una hipótesis que para muchos es evidente: que los codirectores nombrados por Samper serán más vulnerables a las presiones del gobierno y por tanto más proclives a flexibilizar la política monetaria que los actuales. Pero otros no comparten esta visión. Según dijo a SEMANA el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo: "Con estos señalamientos absurdos están poniendo en tela de juicio la independencia de la Junta. Es como si uno descalificara la autonomía de los actuales codirectores por haber sido nombrados por el gobierno pasado. Los términos de este debate no son sanos: se está deslegitimando sin justificación el nombramiento de Antonio Hernández y prejuzgando los próximos nombramientos". Lo cierto es que lo que hay en juego no es poca cosa. Según el director de Fedesarrollo, Mauricio Cárdenas, "Si se mantiene el actual manejo monetario la inflación en 1997 llegaría a 17 por ciento. En caso de que la nueva Junta sea más flexible, los precios crecerían en 19,5 o 20 por ciento, lo que constituiría un verdadero retroceso en la lucha contra la inflación". Por el momento las apuestas giran alrededor de cuáles serán los miembros de la actual Junta que serán sustituidos en febrero. La escogencia no es obvia, pues todos los analistas coinciden en que la ortodoxia y la seriedad en el manejo de la política monetaria ha sido una característica de todos los codirectores: Roberto Junguito, Oscar Marulanda, Hernando José Gómez, Salomón Kalmanovitz y la saliente María Mercedes Cuéllar. Algunos creen que tanta especulación es innecesaria porque a la hora del té el hábito hace al monje. Hay observadores que incluso piensan que Antonio Hernández, el nuevo codirector del Banco _a quien todos reconocen su idoneidad y seriedad como economista_ ya está desempolvando sus textos de política monetaria ortodoxa para ponerse cuanto antes la camiseta de la Junta. Lo cierto es que a medida que se acerque el mes de febrero del año entrante la expectativa seguirá creciendo, porque en el manejo de la política monetaria pasa lo del portero ante el cobro del tiro penal: cualquier movimiento errático puede costar el gol de la derrota. Y lo grave es que en este caso el partido lo perdería toda la economía.

EDICIÓN 1879

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