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| 11/3/2002 12:00:00 AM

¿Tambalea el Alca?

El triunfo de 'Lula' en Brasil y el proteccionismo agrícola de Estados Unidos enredan las negociaciones del Alca y amenazan con frustar el acuerdo.

El sueño de unir todas las economías del continente americano en un mercado unificado, que iría desde Canadá hasta la Patagonia, podría quedarse en sólo eso: un sueño. Tras ocho años de trabajo por parte de los 34 países que integrarían el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca), y a 26 meses de la fecha límite para terminar las negociaciones en enero de 2005, las posibilidades de que este acuerdo se convierta en realidad se ven cada vez más lejanas.

Esta era la sensación que rondaba entre los asistentes a la séptima reunión ministerial del Alca, que se celebró la semana pasada en Quito. En los días previos al encuentro ya se vislumbraba que éste no sería muy armonioso. Los contrapunteos verbales entre los dirigentes políticos de las dos naciones más grandes del hemisferio -Estados Unidos y Brasil- y la división entre los países andinos en torno al asunto crucial de la agricultura la semana anterior, presagiaban una reunión ministerial particularmente agitada.

La explicación, en el fondo, es que al Alca ya le llegó la hora de la verdad. Después de cientos de reuniones preparatorias es el momento de abordar los temas candentes. Ahora los países tienen que decidir al fin si en definitiva le jalan o no al Alca. Y no parece obvio que todos lo quieran hacer.

Muchos ven el 'sueño' del libre comercio continental como una pesadilla. Es una posición que comparten los indígenas y las otras organizaciones sociales que marcharon por las calles de Quito para manifestar su oposición al Alca. Pero de alguna manera también la comparten los gobiernos de izquierda que se han elegido en varios países de la región, como Venezuela, Brasil y posiblemente Ecuador si el ex militar golpista Lucio Gutiérrez llega a ganar en los comicios del 24 de noviembre.

La duda

La principal razón para el escepticismo sobre el futuro del Alca tiene nombre propio: Luis Inacio 'Lula' da Silva, presidente electo de Brasil. El mismo que, como candidato, convulsionó los mercados financieros por el temor de los inversionistas a que sus posiciones de izquierda lo llevaran a incumplir el pago de la deuda externa. En la campaña electoral 'Lula' moderó su discurso en el frente financiero y envió señales para tratar de calmar los mercados. Pero en el tema del comercio siguió siendo radical. "El Alca es un proceso para anexar la economía latinoamericana a Estados Unidos", dijo durante la campaña.

Pese al agresivo lenguaje de 'Lula', su posición en el fondo no será tan distinta de la que ya tenía el gobierno saliente del Brasil. De tiempo atrás el presidente Fernando Henrique Cardoso, había expresado que el Alca sería bienvenido si implicaba un mayor acceso a mercados más dinámicos, pues de lo contrario sería irrelevante o, peor aún, indeseable. Ese "mayor acceso" significaría eliminar el proteccionismo de Estados Unidos en productos como los cítricos, el azúcar y el acero, que son importantes rubros de exportación de Brasil.

Pero los subsidios agrícolas son, sin duda, el tema que más separa a Brasil de Estados Unidos. El país del norte, al igual que Europa y otras naciones desarrolladas, gira multimillonarias ayudas a los agricultores. Esto redunda en excedentes exportables que terminan por deprimir los precios internacionales de muchos productos, lo cual golpea la agricultura de los países en desarrollo.

De acuerdo con la posición de Brasil, para que el Alca sea 'bienvenido', Estados Unidos tendría que negociar y ceder en el espinoso tema de los subsidios. No obstante el gobierno estadounidense se ha mostrado reacio a discutir el tema en el Alca, y ha dicho que prefiere hacerlo en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde participan los europeos.

El gobierno saliente de Brasil también se ha enfrentado a Estados Unidos en otros temas relacionados con el comercio, como las normas de propiedad intelectual, al defender la fabricación de medicamentos genéricos. No menos importante es la idea de darles prioridad a los acuerdos de comercio subregionales como el Mercosur, para así tener una posición negociadora más fuerte ante Estados Unidos.

Otros países de Latinoamérica, y entre ellos los andinos, posiblemente tengan visiones similares a la brasileña sobre la agricultura y el Alca, pero ninguno tiene el peso suficiente para frenar el acuerdo. Con la novena economía del mundo, que da cuenta de casi la mitad del PIB de Suramérica, Brasil es el único país con algún poder de negociación. Un Alca sin Venezuela sería más o menos lo mismo, pero sin Brasil no tendría mucho sentido.

Por eso la pregunta del millón es el camino que tome 'Lula' frente al acuerdo. Tiene la opción de entrar de lleno en la negociación y presionar al máximo en defensa de los intereses de su país, o simplemente marginarse del Alca. Este último en un escenario que ya nadie descarta.

'Plan B'

Hace un mes Robert Zoellick, la máxima autoridad del comercio en el gobierno de Estados Unidos, dijo que si 'Lula' no quería comerciar con su país y elegía otra dirección, como la Antártica, Estados Unidos también miraría hacia otras partes, como el Asia. Ante el comentario de Zoellick, el entonces candidato 'Lula' dijo que no entraría en controversias con "el subsecretario del subsecretario del subsecretario" sino que hablaría directamente con Bush.

Este contrapunteo dejó entrever la que será la estrategia de Estados Unidos en caso de que el Alca se dilate o se embolate: hacer tratados bilaterales de libre comercio con países o grupos de países separadamente. Chile está a punto de lograr uno de estos tratados, Singapur también está cerca y los países centroamericanos siguen en la fila. "El paso natural sería hacerlo después con los beneficiarios del Atpa", dice el embajador de Colombia en Estados Unidos, Luis Alberto Moreno.

Las preferencias arancelarias del Atpa se vencen en 2006, fecha en la que se supone que ya deberá estar negociado el Alca. El gobierno estadounidense lo hizo a propósito, de manera que los países andinos tuvieran un incentivo para apoyar el Alca y procurar que se concretara en 2005. Pero si el acuerdo continental no cuaja antes de esa fecha los países beneficiarios del Atpa tendrían que buscar otra prórroga del mismo, o un acuerdo bilateral. De lo contrario perderían el acceso preferencial que ya tienen.

Para Colombia las principales opciones en materia de política comercial son dos. O el Alca, o un acuerdo bilateral con Estados Unidos. La diferencia en el tamaño de los mercados no es tanta si se tiene en cuenta que el gran mercado será, en un caso o en otro, el norteamericano (la economía del Nafta es 10 veces más grande que la de Brasil). Pero ambas opciones tienen sus oportunidades y sus desventajas.

Uno a uno

Los beneficios de un acuerdo bilateral con Estados Unidos se vieron en el caso de México, que triplicó sus exportaciones y tuvo un boom económico a raíz del Nafta. No obstante, hay razones para pensar que si Colombia lograra un acuerdo similar el efecto no sería de la misma magnitud.

El crecimiento de México estuvo impulsado por una avalancha de empresas extranjeras que montaron fábricas en ese país para producir a menor costo. Pero hay que tener en cuenta que México fue el primer país latinoamericano en obtener acceso preferencial al mercado estadounidense. A medida que más países, como los centroamericanos, Chile y los andinos, empiezan a tener el mismo tratamiento, las preferencias dejan de ser exclusivas. La inversión extranjera se reparte entre más destinos y cada uno recibe menos.

La desventaja de negociar en forma bilateral es que se tiene menos poder de negociación. En cambio, si el acuerdo es de naturaleza multilateral, existe en principio la posibilidad de hacer alianzas con más países. "Lo que se está imponiendo es la negociación por bloques. Es fundamental que los países andinos lleguen al Alca con una vocería única", explica Guillermo Fernández de Soto, secretario general de la Comunidad Andina de Naciones.

Esta alianza, sin embargo, es bastante frágil, como quedó demostrado con el episodio de los aranceles del agro la semana antepasada. Colombia convenció a sus vecinos andinos de que asumieran una posición defensiva en las negociaciones agrícolas del Alca. Pero bastó con que Estados Unidos amagara con retirar el Atpa para que Colombia reversara su decisión.

No es casualidad que esto haya ocurrido precisamente con el agro, que es, junto con las normas antidumping, uno de los temas más difíciles de las negociaciones. Al Alca le llegó el momento de abordar estos temas y por eso sólo hasta ahora se empezarán a ver las cartas del juego. La gran incógnita es si Brasil, uno de los principales jugadores, sigue apostando o se retira dando por terminada la partida del Alca.

Con acuerdo continental o si él, Colombia seguramente tratará de hacer permanentes las preferencias arancelarias que tiene en Estados Unidos de manera transitoria a través del Atpa, y que ya son una ventaja frente a otras naciones. No obstante, tampoco hay que olvidar que un país no se hace competitivo a base de gabelas arancelarias. Para crecer en el mundo de hoy, con o sin acuerdos comerciales, Colombia debe mejorar dramáticamente sus indicadores de competitividad.

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