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| 9/18/2000 12:00:00 AM

Vacas gordas

El sector agropecuario empieza a mostrar signos de recuperación después de 10 años de crisis.

Vacas gordas, Sección Economía, edición 955, Sep 18 2000 Vacas gordas
Para muchos es asombroso que en medio del fragor de la guerra y de los demás problemas que azotan al campo colombiano, a los agricultores les esté yendo bien. Pero hay abundantes signos de que el sector agropecuario ha empezado a repuntar. Y si bien no se trata de un crecimiento ‘desbocado’ y generalizado, la situación es lo suficientemente buena como para provocar una renovada ola de optimismo en el gremio.

El año pasado, mientras la economía tuvo una caída de 4,5 por ciento el sector agropecuario —excluyendo café— creció 3 por ciento. Y este año la tendencia se ha mantenido. De acuerdo con una encuesta realizada por el Centro de Estudios Ganaderos (Cega) un porcentaje creciente de los empresarios agropecuarios considera que su situación ha mejorado y tiene expectativas favorables para los próximos meses. Algunos cultivos, como el algodón, el maíz y el arroz, han recobrado un dinamismo que no tenían hace muchos años.

Con este repunte se recupera parte del terreno perdido durante la década pasada ya que el sector agropecuario fue quizás el más golpeado con la apertura. Con los bajos aranceles, la revaluación y el desmonte del apoyo estatal, el campo dejó de ser rentable y muchos productos prácticamente desaparecieron. Durante los 90 se dejaron de cultivar casi un millón de hectáreas y se perdieron más de 100.000 empleos en el país. Afortunadamente la situación se ha revertido y la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) calcula que al finalizar este año se habrán recuperado para el cultivo unas 250.000 hectáreas que estaban abandonadas hace dos años.



Todo cambia

La recuperación se debe a que ha mejorado la rentabilidad de las actividades agropecuarias. En el último año y medio muchas cosas han cambiado. Subió el dólar, bajaron las tasas de interés, y mejoraron los precios internacionales de varios productos. Con esto, los agricultores nacionales están ahora en mejores condiciones para competir con los productos importados. “La tasa de cambio es la mejor protección que tenemos”, afirma Rodrigo Villalba, ministro de Agricultura.

Además el clima, que sigue siendo decisivo para los resultados del sector, ha tenido un efecto favorable. La situación de inseguridad, en cambio, ha empeorado y el buen desempeño de la agricultura muestra que a pesar de estos problemas, puede haber crecimiento. “Si hay rentabilidad, habrá quién tome el riesgo”, afirma un empresario. Sin embargo es obvio que los resultados podrían ser mucho mejores si los campos de Colombia se pudieran trabajar con tranquilidad.

En esta reactivación también han influido ciertos cambios en la política del gobierno. Históricamente el sector agropecuario nunca ha sido un asunto prioritario para los gobiernos. Fernando Devis, presidente de la SAC, afirma que “nunca ha habido una política de Estado para el sector. En los últimos 38 años ha habido 45 ministros de Agricultura, cada uno con proyectos y metas diferentes”. Pero el gremio reconoce que en los últimos dos años ha existido cierta coherencia, y —lo más importante— estabilidad en las políticas.

La mayoría de los esfuerzos se han enfocado a solucionar uno de los principales cuellos de botella que obstruían la inversión y la producción: el crédito. Se ha logrado que éste vuelva a fluir hacia las actividades agropecuarias en momentos en que el sector financiero no está prestando prácticamente a ningún otro sector de la economía (ver recuadro).

Otra iniciativa importante ha sido el desarrollo de las cadenas productivas que buscan vincular a los agricultores con los industriales que procesan los productos del campo. Así, por ejemplo, algodoneros, textileros y confeccionistas hacen parte de un acuerdo que se propone, con una visión integral, mejorar la eficiencia de la cadena en su conjunto. Muchos de estos acuerdos aún son incipientes, y sus estrategias están aún por desarrollar. Pero en algunos casos ya hay resultados importantes: el área sembrada de productos como el maíz y el algodón se encuentra en franco aumento.



El futuro

Con un desempleo de 20 por ciento y una economía que aún no despega, esta incipiente ‘resurrección’ del campo llega en un buen momento. De continuar esta tendencia se podrá generar un número importante de empleos que es lo que más se necesita para solucionar una de las causas que alimentan el conflicto armado. No obstante, la gran pregunta que hay que hacerse es hasta cuándo va a durar este período de vacas gordas. Y la respuesta no es tan clara. Los empresarios tienen dos temores que podrían poner fin al optimismo: un aumento de las tasas de interés o una caída importante del precio del dólar.

A largo plazo también se avizoran varios obstáculos. Si bien últimamente se han logrado importantes reducciones de costos en algunos cultivos, es mucho lo que falta por hacer para tener éxito en mercados cada vez más competidos. El sector agropecuario colombiano tiene un rezago tecnológico de décadas y para ponerse al día necesita invertir y hasta ahora no lo ha hecho al ritmo de lo que se necesita.

Por eso Devis afirma que hasta ahora el buen momento “no se puede calificar de sostenido”. En su concepto el sector todavía tiene una limitada capacidad exportadora y se va a ver frenado por el lento crecimiento del consumo interno. El ministro de Agricultura, por su parte, opina lo contrario. Afirma que la mayor garantía para un futuro exitoso es la madurez del sector privado. “Ya no tenemos un Estado paternalista como el de antes, que hacía todo. Ahora los empresarios saben que la iniciativa está de su lado, y están mejor preparados”.

En todo caso, muchas de las políticas que se están desarrollando en la actualidad tendrán sus mayores efectos en el futuro. Por eso, además de un entorno macroeconómico estable con tasas de interés bajas y una mejor situación de orden público, la recuperación definitiva del sector agropecuario exige que haya continuidad y coherencia en las políticas del gobierno. Ahí está el secreto.

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