Los datos muestran que el impacto de la pandemia recayó de manera sustancial y desproporcionada sobre las madres solteras.
Los datos muestran que el impacto de la pandemia recayó de manera sustancial y desproporcionada sobre las madres solteras. | Foto: Getty images

ANÁLISIS

Mujeres en Colombia: ni matrimonio ni patrimonio

Los datos muestran que el impacto de la pandemia recayó de manera sustancial y desproporcionada sobre las madres solteras, donde el número de desempleadas en este segmento creció 129% y el número de inactivas 96% en diciembre de 2020 comparado con el mismo mes de 2019.

Martha Elena Delgado Rojas*
9 de marzo de 2021

Más allá de discutir la etimología de las palabras “matrimonio” y “patrimonio”, envueltas en grandes discusiones durante los últimos años, sí es cierto que las posibles raíces atribuidas al matrimonio se asocian con “matriz”, “madre” y el hecho de que una mujer se convierta en esposa y dé a luz a los hijos del hogar. Por el contrario, el “patrimonio” se asocia a “la paternidad” y su significado hace referencia a “un derecho o propiedad heredada del padre”. Desde ya el lenguaje nos recuerda las diferencias sutiles pero muy profundas entre el rol atribuido socialmente a ambos géneros.

El matrimonio actual es drásticamente diferente al observado en siglos pasados, donde la relación de subordinación de la mujer hacia el hombre se daba a nivel económico, social y personal. Ya lo afirmaba Simone de Beauvoir en 1949 en su propio contexto: “La evolución económica de la condición femenina está en camino de trastornar la institución del matrimonio, que se convierte en una unión libremente consentida entre dos individualidades autónomas; los compromisos de los cónyuges son personales y recíprocos... La mujer ya no está acantonada en su función reproductora: esta ha perdido en gran parte su carácter de servidumbre natural y se presenta como una carga voluntariamente asumida… Sin embargo, la época que vivimos es todavía, desde el punto de vista feminista, un período de transición. Solamente una parte de las mujeres participa en la producción, y aun esas pertenecen a una sociedad en la que perviven antiguas estructuras, antiguos valores. El matrimonio moderno no puede comprenderse más que a la luz del pasado que perpetúa.

Sobre este último punto quisiera referirme, acerca de la estructura del mercado laboral de las mujeres y su cambio durante el último año ante la crisis derivada de la covid-19. En la más reciente Encuesta Integrada de Hogares de diciembre de 2020, de los 20,5 millones de mujeres en edad de trabajar, el 41% de las mujeres se encontraba ocupada, el 49% inactiva y el 9% desempleada. Esto es que más de la mitad de las mujeres en edad de trabajar no hace parte de esa estructura productiva y no deriva ingresos del trabajo. En un país en el que la mayoría de los individuos percibe ingresos a través de su mano de obra, esto implica que buena parte de las mujeres está despojada de un mecanismo fundamental para acumular riqueza y construir patrimonio. De forma opuesta, para el caso de los 19,6 millones de hombres en edad de trabajar, el 66% se encontraba ocupado, el 7,5% desempleado y el 27,5% se encontraba inactivo.

Al observar el detalle de las características demográficas de ambas poblaciones, cerca del 81% de los hombres y mujeres manifiestan no estar casados. Es decir, buena parte de la población en edad de trabajar de nuestro país no tiene un compromiso vinculante sobre deberes y derechos conyugales, que incluyen derechos patrimoniales. Esta caracterización resulta interesante al observar la proporción de madres y padres solteros jefes de hogar en las encuestas, donde el número de madres solteras multiplica por 13 al número de padres solteros (528 mil mujeres versus 39 mil hombres), esto sin contar al resto de mujeres solteras, divorciadas o viudas que no se reportan como jefes de hogar en la encuesta. Allí debe existir un número considerable de madres sin pareja y que por falta de información no es posible conocer (una tarea pendiente de las estadísticas nacionales con enfoque de género).

De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta Longitudinal de la Universidad de los Andes, disponibles hasta 2016, cerca del 39% de las madres colombianas eran madres solteras, aproximadamente 8 millones de mujeres. Esto resulta preocupante en un contexto en el que el desempleo de las mujeres aumentó de 13,9% en diciembre de 2019 a 19,6% en 2020 y la brecha con los hombres ya alcanza 8,4 puntos porcentuales. Los datos muestran que este impacto recayó de manera sustancial y desproporcionada sobre las madres solteras, donde el número de desempleadas en este segmento creció 129% y el número de inactivas 96% en diciembre de 2020 comparado con el mismo mes de 2019.

Esta situación está lejos de ser nueva y en el mes que conmemora la historia de las mujeres vale la pena recordarla. Esta historia habla del esfuerzo constante de las mujeres para nivelar el campo de juego y convivir plenamente como seres humanos en comunidad. No obstante, las barreras asociadas a la maternidad en el mercado laboral siguen siendo un determinante crítico de los ingresos de las mujeres, y por esta vía, de su acumulación de riqueza, su independencia económica y su reconocimiento como seres humanos auténticos y con plena agencia.

*Directora de Análisis Macroeconómico y Sectorial de Fedesarrollo