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| 12/14/1992 12:00:00 AM

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LA SEMANA PASADA fue de tristeza para la mayoría de los jordanos. El rey Hussein apareció ante las pantallas de televisión y con un tono inusualmente sombrío, -contrastante con su buena apariencia- anunció que el cáncer que le afecta desde hace meses requiere mayores tratamientos que lo esperado y que tendrá que viajar varias veces a Estados Unidos para continuarlo. Aunque no lo dijo directamente, Hussein dejó entrever que son pocos los días que le quedan al frente de la nación, y trató de dejar una especie de testamento político, en el que no faltó un alejamiento postrero de sus vínculos con el iraquí Saddam Hussein. En una velada advertencia a los fundamentalistas islámicos que aspiran a asumir el poder luego de su muerte, Hussein dijo que "Jordania se enfrentara a los ambiciosos y renegados y abrirá las puertas de la libertad, la democracia, el pluralismo y el respeto por los derechos humanos". En ese tema el discurso del monarca Hashemita adquirió un tono de especial patetismo porque es el propio Hussein quien abrió las puertas a las reformas democráticas que permitirían a su vez que sus enemigos fundamentalistas se apoderaran del país.

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