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Claudia Varela
Claudia Varela - Foto: SEMANA

Carta a una madre de la vida real

No digas jamás que pudiste hacerlo mejor mamá. Hiciste todo para que hoy mis hermanos y yo seamos lo que somos.


Por: Claudia Varela

Esta es la carta que un hijo promedio de las tan ocupadas madres de este siglo le escribe a su mamá después de organizar una vida independiente lejos de su trabajadora progenitora. Ojalá la leas hasta el final.

Querida madre, ya soy un adulto y quisiera compartirte algunos pensamientos que nunca tuve tiempo ni el valor de decirte. Cuando era niño te extrañe muchas veces cuando tenias que irte a trabajar o llegabas tarde por tus reuniones o tal vez viajabas y yo quería estar contigo. Nunca te lo dije por que me gustaba ser valiente y sabia que eso te iba a doler, pero claro que te extrañaba.

Cuando crecí y fui un adolescente incomprendido me parecía bien que trabajaras. Ya no necesitaba como cuando niño que fueras tu la que me leyeras el cuento en las noches. Creo que ya a esa edad solo me dabas un beso y te dormías primero que yo. No sin antes desearme las buenas noches y rezar el ángel de la guarda, que aun hoy recuerdo.

Me metí en problemas y a veces no te conté. Te veía a veces cansada y preferí no decirte. Pero en el fondo sabía que asi estuvieras en el nivel más alto de cansancio, tu ibas a ayudarme a salir del lio. Siempre he visto como solucionas problemas, como otros te preguntan cosas, como tu sola nos ayudaste muchas veces.

Me enseñaste un millón de cosas. Cosas que ni cuenta te dabas que me enseñabas. Por supuesto que te extrañe muchos días, pero aun cuando estabas lejos me sentía orgulloso de lo que hacías.

Generaste para nosotros un modelo de mujer casi perfecta, pero también me mostraste que las mujeres reales son vulnerables, que todos lo somos. Cuando niño eras mi heroína, la mujer de mis sueños, quería una esposa como tu , con hijos mas juiciosos que mis hermanos. Ahora pienso en ti y ya siendo adulto no se como hacías para siempre sonreír, a pesar de tener problemas como cuando te quedaste sin trabajo y dijiste que todo iba a estar bien.

Ahora ya soy adulto, vivo solo y quizás empiece una vida en pareja conviviendo con mi novia. Solo recuerdo que siempre me enseñaste a no juzgar, a respetar las diferencias y a respetar a las mujeres por encima de todo. Al final aunque se que somos iguales, ellas no son super mujeres, no son caricaturas, se cansan y pueden llorar como estoy llorando ahora escribiendo esto.

Hoy es el dia de la madre y no quiero llevarte a almorzar a un sitio lleno de gente. No quiero tampoco darte un regalo caro, aunque te lo mereces, por que aprendí que tus mejores regalos fueron mis dibujos de la clase de arte, mi portarretrato de kínder y mis canciones disfrazado de animalito en el coro de primaria.

Quiero hoy decirte que aprendí de ti todo el tiempo. Que aunque te extrañe y a veces tu jefe me cayo muy mal por que pensaba que era el culpable de no tenerte algunos días , sobreviví y hoy valoro profundamente tu esfuerzo y la manera de llegar a tus sueños. Para ti no existieron techos, no había malos días, solo días y hoy lo entiendo como adulto.

No fuiste mala madre. No te culpes por el tiempo que no tuviste. Se que te agobiaste que a veces querías salir corriendo, y ahora lo entiendo, aunque aún no he tenido hijos. Ni se si tenga la fuerza que tu tuviste para tenerlos.

No digas jamás que pudiste hacerlo mejor mamá. Hiciste todo para que hoy mis hermanos y yo seamos lo que somos. Y no hablo de éxito material ni profesional, hablo del corazón lleno de amor y disciplina que siempre nos invitaste a tener.

Madre si te extrañé, si me hiciste falta, siempre quise más tiempo para mí. Pero siempre te ame con todo mi corazón y hoy además te admiro por tu esfuerzo. Gracias, madre por dejarme existir y por hacerme tu orgulloso hijo. ¡Feliz día de la madre de la vida real!