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Camilo Cuervo (Foto para columna)
Camilo Cuervo, columnista de Dinero. - Foto: Camilo Cuervo

Legislación laboral: la colcha de retazos

En las últimas semanas los colombianos hemos presenciado una avalancha de normas que modifican o regulan varias de las instituciones existentes en el derecho del trabajo. Literalmente el Congreso, en parte auspiciado por el Gobierno Nacional que necesita mostrarse más “social”, se dedicó a expedir normas sobre todo y para todos los gustos.


Por: Camilo Cuervo Díaz

En el caso del trabajo no presencial, ahora en Colombia tenemos de todo, de todos los colores y en todas las tallas. Con sutilezas casi imperceptibles, en adelante se podrá “teletrabajar”, “trabajar desde casa” o trabajar “remotamente”. En verdad toca hacer grandes esfuerzos para explicar cuáles son los cambios y cuál el objetivo de una y otra norma.

En materia de garantías a la paternidad, no solo nos dimos el lujo de ampliar la licencia por nacimiento de hijos en medio de la peor crisis de empleabilidad de nuestra historia, sino que ahora optamos por regular el fuero paterno que ya está bastante definido en una sentencia de la Corte Constitucional. En honor a la verdad, en cuanto al fuero se refiere, la nueva norma es mucho más clara que la sentencia de la Corte, sin embargo, con apenas algunas horas de vida, ya se anuncian demandas de constitucionalidad porque dejó por fuera a las parejas del mismo sexo, es decir, esa norma será “reparada” prontamente.

En materia de jornada de trabajo, además de reducirse, de paso, la norma se llevó por delante las jornadas de recreación y capacitación que había establecido la Ley 50 de 1990, pero además acabó, en buena hora, con “el día de la familia” que se había convertido, en la práctica, en dos días más de permisos o vacaciones al año. Esas convenientes “eliminaciones” también ya están siendo cuestionadas y no se me haría raro que nos quedemos con el pan, el pedazo y la arepa debajo del brazo, tal como denunciaban las abuelas cuando se nos iba la mano en algo.

Revisando los “grandes avances”, pues ninguno de ellos se requería con urgencia, sin embargo, el populismo a veces es más efectivo que la razón. Tenemos temas mucho más serios y profundos que regular, sin embargo, esos asuntos no dan votos, por el contrario, los quitan.

En Colombia, en materia laboral, se está legislando para la tribuna, pero no para resolver las verdaderas y apremiantes necesidades de nuestro maltrecho mercado de trabajo. A manera de ejemplo; ¿cuándo vamos a diseñar un verdadero estatuto para el trabajador independiente o por cuenta propia?; ¿cuándo vamos a pensar en las miles de personas que devengan menos del salario mínimo y que subsisten de su trabajo con plataformas digitales, que en algunos casos abusan de ellos y no les garantizan prácticamente nada? Eso es realmente urgente, pero esos proyectos de ley sí se hunden, sin pena ni gloria, porque eso no se “vende bien” entre votantes y patrocinadores.

La Corte Suprema de Justicia en una sentencia reciente le recordó al Congreso que tiene una deuda pendiente en materia legislativa: nada más ni nada menos que expedir el Estatuto del Trabajo que fue ordenado por el constituyente de 1991 y cuyas líneas generales quedaron plasmadas en la carta magna que acaba de celebrar su trigésimo aniversario.

Seguimos empecinados en remendar lo que tenemos, pero no en dedicarnos seriamente a construir un nuevo estatuto laboral que recoja 30 años de jurisprudencia, que incorpore las nuevas instituciones y que solucione los muchos vacíos que nos dejan las sentencias que son mal interpretadas, pero que intentan llenar las verdaderas deficiencias legislativas.

Ese afán legislativo desordenado y cortoplacista lo único que logra es continuar incrementando una colcha de retazos que se está quedando sin espacio para más remiendos.