opinión

Claudia Varela
Claudia Varela - Foto: SEMANA

Líder sin género

Pensé en el concepto de un líder sin género: un ser humano en proceso, vulnerable y metido en un trancón; alguien que regule su ego y busque más su esencia.


Por: Claudia Varela

Tengo una extraña sensación de cansancio en el ambiente. Demasiados carros en una ciudad gris hacen que moverse de un lado a otro se vuelvan horas eternas. Vi por las ventanas a los pobres personajes que, como yo, trataban de transportarse en una semana donde se enloqueció el tráfico. Tal vez todo el mundo volvió de vacaciones a la vez.

En medio de un taco de una hora y media en dos kilómetros, leí un artículo de hace un par de años de Harvard Business Review, titulado Why Do so Many Incompetent Men Become Leaders? (¿Por qué tantos hombres incompetentes llegan a ser líderes?).

Creo que hay un mayor número de incompetentes masculinos en posiciones altas porque las mujeres tienen que probar 100 veces más que pueden hacer las cosas, o sea, probabilísticamente es más difícil que puedan colarse.

También se me ocurrió en pensar que es lo que hacen diferente los hombres para llegar a esos lugares tan altos, aunque su fondo no sea tan concluyente. Creo que mi experiencia me muestra que son más seguros en el momento de negociar para ellos; se creen más el cuento, en otras palabras.

El artículo empezaba mostrando los tres paradigmas por los cuales hay subrepresentación de las mujeres en la Dirección: 1. No son capaces. 2. No están interesadas. 3. Hay capaces e interesadas, pero no rompen su techo de cristal. Resaltaba cómo los conservadores prefieren la primera, los liberales y feministas la tercera y lo que están en la mitad elegían la segunda.

El autor explicaba que las personas tienden a confundir la confianza con la real habilidad. Es decir, consideraba que la única diferencia que los hombres tienen como líderes sobre las mujeres es la arrogancia; en paralelo, estas manifestaciones de autoseguridad en los hombres son leídas como carisma y encanto.

Nuevamente, se metía con Freud. El autor hablaba de cómo los grupos buscan líderes con las falencias que ellos tienen para seguirlos. En últimas, decía que en todas partes del mundo los hombres piensan que son más inteligentes que las mujeres. Este exceso de autoestima los lleva más a proyectar, a llegar convencidos y, al final, a quedarse con las posiciones de liderazgo.

Pero la historia no termina ahí. Ya iba por mi segunda cuadra cuando, mirando a un vendedor de agua bajo el sol, me puse a pensar en tantos incompetentes en posiciones exitosas que he conocido. Seguí leyendo feliz y, a medida que avanzaba, empecé a ver las caras de aquellos personajes que han pasado cerca y de lado en mi historia laboral y que no se merecían la silla que tenían. Y menos el sueldo.

El autor de esta lectura, que resultó siendo un libro y no un artículo, hablaba de que lo mismo que los hace subir por su arrogancia y buena venta inicial los hace caer. Me llamó mucho la atención cuando se acotaba que las características que, de manera mística, hemos tenido sobre el concepto de líder pueden ser desórdenes de personalidad como narcisismo, psicopatías, histrionismo o personalidades maquiavélicas.

¡Es increíble! Casi no me bajo del carro. Recordé a un personaje absolutamente falto de habilidades duras, poco pensamiento estratégico, pobre en discusiones y muy malo liderando. No llegaba a los objetivos y era tan arrogante que a nuestra reunión de evaluación de desempeño (tuve la suerte de que fui su jefe) llegó con colores de semáforo para mostrar cómo iban sus resultados. Casi toda la hoja estaba llena de rojos, su real desempeño era desastroso; sin embargo, su narcisismo era tan alto que terminó diciendo que yo tenía algo personal contra él. ¡Loco, pero ocurre!

Este libro de Tomás Chamorro-Premuzic me llevó a entender que los líderes definitivamente están cambiando. Hay algunas industrias que se rigen aún por esquemas muy conservadores, pero hoy el liderazgo debe ser inspirador, que entienda las tendencias, las diferencias y que no solo promueva los egos y las personalidades lanzadas, pero disfuncionales.

Me bajé del carro. Pensé en el concepto de un líder sin género, un ser humano en proceso, vulnerable y metido en un trancón; alguien que regule su ego y busque más su esencia. ¡Por más seres humanos con menos ego!