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José Miguel Santamaría Uribe
José Miguel Santamaría Uribe - Foto: SEMANA

Los números del 2022

Hacia dónde terminen dirigiéndose los votos en la segunda vuelta, es la gran incógnita. Va a depender de muchos factores como el miedo, los datos de la primera, ya que al colombiano le gusta ganar, y los respaldos políticos de última hora.


Por: José Miguel Santamaría

Aunque cada vez somos más incrédulos de las encuestas por algunos casos claros donde las diferencias fueron sustanciales, estas no se pueden desechar de una. Tenemos que ser serios, estudiarlas, mirar los parámetros con los que las hacen y ahí sí poder sacar conclusiones.

Colombia lleva salvándose de las corrientes de izquierda por el llamado voto silencioso, ese voto que no está en redes sociales, que no es activista pero que el día que tiene que salir a defender unos principios lo hace y en estas elecciones no será diferente: se necesita.

Aunque todas las encuestas muestran numeros diferentes, existe una realidad en la cual el señor de las bolsas no alcanza a ganar en primera vuelta, pero sí seguramente tendrá una votación mayor y holgada frente al resto de los otros candidatos. Esto nos lleva a que la contienda electoral termine verdaderamente siendo en la segunda vuelta.

Las plazas llenas, las convocatorias públicas y la publicidad no votan, pero ayudan a demostrar la fortaleza necesaria para los que todavía no se han decidido. Aunque es raro pensar que ante las grandes diferencias conceptuales haya personas que no han tomado partido, sí existe un porcentaje de la población que define su voto el mismo domingo. Olvídense de la idea de algunos que las grandes manifestaciones son espontáneas. Ninguna lo es. Todas requieren transporte, refrigerio y planeación.

También es claro que una gran mayoría de la población quiere un cambio y está buscando qué candidato lo puede lograr. Lo que no sabemos es si ese cambio es para bien o para mal. A los vecinos les ha ido mal buscándolo. El continuismo o más de lo mismo es difícil de vender, aunque hoy en día las personas se aferran a lo que sea con tal de proteger a los suyos y su patrimonio.

En estos días que quedan de campaña funciona cada vez menos la razón. El voto es cada vez más emocional y combativo, así sea defensivo. El que logre impactar más estos días con los problemas de la cotidianidad de los colombianos se puede llevar una gran tajada.

Hacia dónde terminen dirigiéndose los votos en la segunda vuelta, es la gran incógnita. Va a depender de muchos factores como el miedo, los datos de la primera, ya que al colombiano le gusta ganar, y los respaldos políticos de última hora. Un mes en elecciones es poco, pero también es una eternidad. Cualquier error puede costar mucho, aunque hasta ahora las embarradas las han sabido cubrir. Eso no es eterno.

Yo soy de derecha, la que llamo no vergonzante. Me siento orgulloso de serlo y pienso que es el mejor camino hacia el desarrollo económico y la lucha contra la pobreza. Por eso, claramente, las ideas de izquierda no las comparto y creo harían un gran daño al país, aunque más que a las ideas, le tengo susto a la personalidad de quien las promueve: es una persona egocéntrica, mala persona, vengativa y que ha demostrado no tener capacidad de hacer equipos de trabajo buenos y estables. Es por eso que creo que si elegimos mal podemos terminar siendo gobernados por un tirano.