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Camilo Díaz
Camilo Díaz - Foto: SEMANA

¿Por qué se derrumba bitcóin?

En las últimas semanas, bitcóin y otros criptoactivos han borrado más del 30 % de su valor, mostrando que no son particularmente distintos a los demás activos.


Por: Camilo Díaz

Durante el espectacular ascenso del bitcóin y los demás criptoactivos, los entusiastas y promotores de los mismos pregonaron que el alza de precios sería sostenible porque ese tipo de activos era diferente a los demás, y que bajo escenarios de inflación su valor no se deterioraba porque la edición limitada impedía sobre oferta de los mismos, mientras que la confianza del público en ellos conservaba el valor, mientras que la amplia difusión los convertía en activos fácilmente intercambiables o medios de pago.

En el presente Bitcoin ha mostrado que no solo se comporta igual que los otros activos como los bonos, acciones, monedas y commotidies, sino que sobre él y las otras criptomonedas existe un descuento adicional por el riesgo, ya que las fuertes fluctuaciones de los precios hacen que en su valoración necesariamente exista una mayor probabilidad de perdida, que al tenerse en cuenta reduce el valor fundamental.

Por otro lado, al igual que sucede con la sobrevaloración de activos y burbujas financieras, el alza de precios fue fustigada por una política monetaria con tasas cercanas a cero y rendimientos negativos de los activos de renta fija, es decir una especie de boom de crédito o dinero barato que proveyó liquidez extra que fue a parar a ese tipo de activos en busca de mejores rendimientos que los ofrecidos por los bonos soberanos que pagaban rentabilidades negativas, o de las acciones que pagaban bajos dividendos y escasa valorización, con excepción de las de compañías tecnológicas, que fueron las que presentaron importantes alzas durante la pandemia del covid–19.

Bitcoin pierde valor porque la inflación global ha llevado a que los principales bancos centrales del mundo eleven las tasas de interés, cortando el flujo de dinero barato que fue a parar a los criptoactivos, donde Bitcoin posee más del 60% de la capitalización. Por ejemplo, la FED llevó su tasa de referencia el miércoles a 1,75 % lo que significó un incremento de 0,75%; el Banco Nacional de Suiza por primera vez en 15 años subió la tasa de – 0,75 % a – 0,25 %, agregando que probablemente continuara haciéndolo; el banco de Inglaterra subió otros 0,25 % para poner los intereses en 1,25 %.

Esos movimientos ocurrieron esta misma semana, dejando las tasas de interés en esas economías en el borde superior de los últimos 13 años. Pronto vendrán movimientos similares en Japón y el Banco Central Europeo.

El costo de la energía es otro lastre que empuja al mundo cripto hacia abajo, con precios del petróleo por debajo de 50 dólares en 2016 y 2017, y luego en 2020 y parte del 2021, la actividad de minado de bitcóin versus su valor hacia rentable el proceso que consume ingentes cantidades de energía, ahora con precios del Brent por encima de 110 dólares y gas natural, duplicados los costos de “producción” se elevaron disminuyendo el interés por la minería de criptoactivos.

La regulación más exigente en Estados Unidos y la prohibición de su uso en China, más el avance de los bancos centrales de emitir sus propias monedas llamadas: Central Bank Digital Currencies (CBDC) entrega las ventajas de rapidez en las operaciones y reducción de costos, eliminando la incertidumbre del respaldo inexistente de Bitcoin, lo que borra parte de su atractivo.

Tasas de interés más altas van a llevar a que el flujo de dinero migre hacia activos más seguros con mejores rendimientos, reduciendo la liquidez que mantenían los precios de bitcóin altos, el costo de la energía hará más caro el proceso de minado, y la regulación en combinación con las CBDC, impondrá competencia y obstaculización de su uso, eso eliminará las promesas de bitcóin sobre bajos costos de transacción, confianza como activo refugio, masificación como medio de pago, y reemplazo de las principales divisas.

En resumen, la desaparición de los factores que le otorgaban valor precipitará una contracción más aguda de los precios hasta que reflejen su verdadero valor como un medio de pago alternativo y no como un activo de inversión.