opinión

Claudia Varela
Claudia Varela - Foto: SEMANA

¿Quieres ser un líder poeta?

No quiero sonar soñadora, pero es que a veces me pone reflexiva que aun después de tanto encierro no entendamos que la esencia está adentro y no afuera.


Por: Claudia Varela

Sería genial encontrar esas respuestas que te disparan sentimientos que están detrás de lo que a simple vista no se ve. En algunas charlas que he tenido últimamente sobre liderazgo he descubierto que ahora parece haber miedo a todo y a nada.

Hay un bullying exacerbado, una narrativa oculta que camina por ahí en los grupos sociales. Es increíble como la frase de “prefiero quedarme callado para evitar problemas” se ha vuelto una conducta normalizada.

Hay que tener conversaciones poderosas, preguntas grandes y difíciles son las que pueden mover las decisiones. Pero es que muchos ya no aguantan una respuesta fuerte. Me gustaba la época en que se podía hablar de frente, decir lo que se pensaba con respeto, pero quizás con carácter. Hoy hay una doble moral permanente, donde en sitios reales, donde tienes a gente real al frente (así sea por Zoom), las personas no opinan por miedo a todo. No se respetan las opiniones diversas y he descubierto que claramente se puede vivir en desacuerdo.

Hay cosas que no se llenan solamente con estudiar. Descubro una tendencia creciente a la sobreinformación, a buscar diplomados, especializaciones, tiempo que llenar porque ni un minuto pareciera que puede desaprovecharse.

Creo que hay que saber cuándo parar de estudiar y vivir en el mundo real. Conozco varios casos donde la vida se les va pegada a libros y teoría. ¿Dónde se queda a veces la experiencia? ¿Dónde quedan los días donde se conversaba largo para entender?

Se han dado cuenta de que incluso en reuniones virtuales con cámara prendida, la gente está trabajando en su pantalla y los ojos claramente se ven distantes. La mirada está perdida en los e-mails que seguramente hay que responder para evitarse un problema. O quizá en corroborar en Google lo que alguien está diciendo. Porque tampoco se confía mucho.

Solía ver el mundo en blanco y negro, pero ahora tiendo a verlo con más matices. No puede ser que hoy no aguantemos ni media tristeza que nos da el camino. La vida está llena de altos y bajos, y justamente eso es lo que es vivir, si fuera plana y solo felicitaciones, ¿dónde estaría el reto? Pero para entender eso no solamente hay que ir a la universidad, hay que vivir y entender a otros.

Hay que caminar con más fuerza en las piernas. Pero esa fuerza no la da estudiar y sumergirse en libros e investigaciones en Google. ¿Por qué ya no volvimos a una tertulia? ¿Qué tal un grupo de conversación? ¿Qué tal hacer un buen proceso de coaching, yoga o simplemente mirar un árbol y su magia de existir?

No quiero sonar soñadora, pero es que a veces me pone reflexiva que aun después de tanto encierro no entendamos que la esencia está adentro y no afuera. Está bien estudiar, por supuesto; está bien leer (de hecho, me encanta), pero también está perfecto querer crecer por dentro. Que el balance entre alma y mente se deje ver en cada ser. Que La capacidad que se observa a otros nos saque de la vida solitaria de la pantalla de un computador.

Preferiría un mundo con más poetas. O líderes que se sientan poetas. Los dejo con una frase de uno de mis ídolos: “Cuando tengo preocupaciones, miedos o una historia de amor, tengo la suerte de ser capaz de transformarlo en un poema” (Mario Benedetti). Te invito a ser un líder poeta. ¿Te unes?