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Camilo Cuervo, columnista de Dinero. - Foto: Camilo Cuervo

Salario mínimo: ¡otra vez clamamos por prudencia!

Desde el sector empresarial, desde la academia, desde la sociedad e incluso desde los trabajadores, hoy clamamos por prudencia.

Por: Camilo Cuervo Díaz

Esta semana se inició la discusión del salario mínimo para 2023. Es quizá la “negociación” salarial más trascendente de los últimos 30 años, no solo por el fenómeno inflacionario que estamos soportando, sino porque por primera vez el gobierno es juez, pero abiertamente se declara a favor de los trabajadores.

En honor a la verdad, nunca se había percibido mayor incertidumbre, ansiedad y temor por las decisiones que se toman sobre el salario con el cual se fijan los precios y las tarifas de toda la economía.

Bueno o malo, los colombianos estábamos acostumbrados a una dinámica muy previsible en la cual los sindicatos presentaban cifras absurdamente altas, los empresarios arrancaban en el piso más bajo que resistiera un argumento medianamente técnico y el Gobierno guardaba silencio estratégico para no desgastarse.

Al final, salvo escasos acuerdos, el ministro de Hacienda de turno, normalmente impulsado por la prudencia fiscal, fijaba una cifra que no dejaba feliz a nadie pero que a largo plazo siempre funcionaba.

Esta vez la situación es completamente distinta. Petro está en la cabecera de la mesa y tendrá que decidir cuál será el salario que devenga la inmensa mayoría de colombianos.

Le toca demostrar si su retórica incendiaria de otros años, sobre lo que consideraba “pírricos” incrementos, cambiará para demostrar que detrás de la demagogia y el populismo existe un estadista o, por el contrario, sigue en campaña a riesgo de seguir echándole gasolina al incendio que representa una inflación incontrolada.

El año pasado, en plena campaña, cuando ya empezaba a preocupar el incremento de precios, atacó sin clemencia al presidente Duque cuando literalmente dobló el IPC para determinar el salario del presente año.

Afirmaba, con arrogancia y con la irresponsabilidad propia del político opositor que cree que no tiene nada que perder, que el salario debía aumentar 18 %, es decir, casi el doble del porcentaje que finalmente se estableció para este año.

Pues bien, hoy Petro no es candidato, es el presidente. En sus manos está una decisión trascendental para empezar a tranquilizar los mercados, tragarse más suavemente el impacto de la reforma tributaria confiscatoria que se aprobó y permitir que el país siga la buena senda que le dejó la evidente reactivación económica.

Hoy, como nunca, sabremos si este gobierno está decidido a gobernar con prudencia, mesura y autocensura técnica. Las cartas están echadas. Los gremios arrancan con una propuesta cercana al 13 % mientras los sindicatos le apuntan al 20 %.

Considerando las buenas cifras de productividad que dejó Duque, una cifra mucho más aterrizada indica que lo técnico y lo sensato es pensar en cerrar en 15 %.

Ese 15 % por el que hoy clamamos dejaría tranquilos a todos, incluso a las organizaciones sindicales, quienes reconocen en privado que son conscientes de que un incremento superior literalmente les llenaría la barriga de aire, sin embargo, desaparecería en cuestión de meses, tal como sucedió este año.

El mejor incremento salarial es que los precios de la canasta básica bajen, sin embargo, eso no se logra con controles estatales; eso se logra con confianza y desactivando los aceleradores inflacionarios. Si se nos va la mano con el salario mínimo, contrario a lo que la gente suele pensar, solo habrá más pobreza y recuperarse de la inminente recesión podría tomar muchos años.

Desde el sector empresarial, desde la academia, desde la sociedad e incluso desde los trabajadores, hoy clamamos por prudencia. Hace un año, en medio de una de las campañas más convulsionadas de la historia reciente, nadie nos escuchó, el “incremento” solo duró ocho meses y los colombianos lamentan tener muchos billetes en el bolsillo, pero muy pocas cosas en sus despensas. Al presidente Petro, cuando fije el salario mínimo, le pedimos prudencia, bendita prudencia.