opinión

Daniel Niño Tarazona
Daniel Niño Tarazona - Foto:

Un James WEBB tributario

Por la falta de granularidad de la data, así como de la calidad de la misma, es que ha sido casi imposible en el pasado, como en el presente, formular y menos aprobar una reforma tributaria estructural y ambiciosa.


Por: Daniel Niño Tarazona

Uno de los primeros obstáculos al que se enfrenta el nuevo Gobierno es que lo recibe una línea dura que en campaña cayó en extremismos como cuando apeló a “cualquiera menos Petro”. Sin importar, entre otras y relevantes realidades, las propuestas y la visión de país que otros candidatos proponían como alternativas en el debate electoral.

En muchos aspectos, la contienda de segunda vuelta fue entre similares y tras el triunfo de Petro fueron otros espectros políticos, no el candidato derrotado, los que tuvieron que enarbolar su condición de oposición al Gobierno elegido por los ciudadanos. Ese primer obstáculo no es menor, puede consolidarse en un fanatismo que por definición se haga aún más irracional. En los primeros días pueden verse reacciones que sugieran que, si a Petro le va bien, a Colombia le va mal. Una interpretación que, en materia de Gobierno, supone se debería hacer una oposición, incluso si es necesario, destructiva, esto en la medida en que el problema no es que Petro ha sido elegido presidente, sino que el problema es que su gestión y la aceptación de esta sea reconocida por los ciudadanos.

Las primeras directrices de Petro como cero tolerancias con la corrupción, la recomendación al gabinete de no caer ni ceder a presiones en el manejo de clientelas políticas, de eliminar nóminas paralelas, de convocar a los ciudadanos de avanzada formación a postularse por méritos a cargos en el Gobierno y de reducir la duplicidad de funciones entre consejerías y ministerios, no son destacadas ni reconocidas por todos a pesar de que es lo que de todo Gobierno nos gustaría a todos. Que lo anterior vaya acompañado de críticas y expresiones de reclamo por nombramientos equivocados o frente a algunos detalles de los proyectos de ley de reformas, es normal y deseable.

Advertir errores y prevenirlos cuando existen es el ejercicio de control político de medios y de la oposición constructiva. Que muchos de los reclamos se hagan como si todo fuese mal y no pueda destacarse nada bueno, incluso a nivel de ideas, es inconveniente. Desde allí, la idea es que es mejor no hacer nada y en especial no aventurar ningún cambio. Error de fondo porque la voluntad política y la expresión electoral fue y es otra. Error porque radicaliza las partes, y como referente la historia reciente nos indica que ello engendra más errores y empeora las decisiones de política pública. Puede lograr su cometido, que la gestión sea mala y la aceptación poca, pero a través de costos muy altos y a veces irreversibles.

La primera discusión de fondo del nuevo Gobierno es la reforma tributaria. El Gobierno anterior, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo que presentó en junio de este año, señaló que en 2021 las gabelas tributarias o recursos que dejaron de pagar al fisco personas naturales y jurídicas sumaron cerca de 92 billones de pesos. El documento precisa que el costo fiscal de tratamientos preferenciales estuvo en cerca del 8 por ciento del PIB, superior el déficit público. Estos gastos tributarios, entendidos como ingresos no percibidos en las arcas del Estado, se vienen midiendo, acogiendo buenas prácticas que recomienda la OECD.

Dicho organismo acaba de publicar hace diez días el análisis sobre datos de 2022 para este tipo de gastos tributarios (ingresos dejados de percibir), haciendo no solo recomendaciones, sino también intentando hacer un ejercicio de aplicación de sus recomendaciones. Acorde con dichas recomendaciones, el nuevo director de la Dian tiene un enorme reto y una gran tarea por delante, así como se hace entendible que muchos datos más específicos y puntuales hoy faltan, así como se requieren para tener una información que ilumine mejoras o reformas al Estatuto Tributario con el objetivo de que las preferencias otorgadas sean adecuadas y el recaudo sea mucho más eficiente a través de un sistema más justo.

Dice la OECD en el informe reciente:Colombia aún no ha definido un sistema tributario de referencia y, por lo tanto, no ha podido publicar una lista coherente y completa de los gastos tributarios dentro del sistema”. Usando información, entre ella la exógena de declaraciones ante la Dian, la comisión de expertos de la OECD identificó cerca de 123 conceptos de ingresos fiscales no percibidos en el impuesto de renta de personas jurídicas, pero solo detalles granulares para estimar su valor con precisión en 66 de ellos.

En parte, porque solo el 44 por ciento de las empresas están obligadas a presentar información exógena. Del mismo modo, identificó 124 conceptos de ingresos fiscales no percibidos en el impuesto de renta de personas naturales, pero solo información detallada para estimar el valor por concepto en 12 de ellos. En este caso, porque solo el 2 por ciento de las declaraciones presentadas tenían información que, proviniendo de la presentación exógena, permitiera ello.