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Claudia Varela
Claudia Varela - Foto: SEMANA

Vive y deja vivir

Si la vida hoy se volvió pública, hay que vivir con eso, pero ojalá sin juicios moralistas o “éticos” del deber ser.

Por: Claudia Varela

Las redes sociales convirtieron todas las vidas en centros de atención pública. No solo las nuevas generaciones las tienen como la principal fuente de información y noticias, y tal vez es por esto que a veces ni siquiera se permite el espacio para entender qué es falso y qué es real ante un maremoto de información permanente.

Hasta ahí, pues es manejable, ya que al final cada uno es libre de estar en la red que quiera y publicar lo que considere prudente o llamativo, pero las cosas no son tan sencillas. Si algún ser humano promedio no tiene ninguna red, seguramente se va a enterar muy tarde de todo lo que pasa en su grupo básico; su entorno vive en permanente conexión, así que se vuelve muy cerca a obligación pertenecer a estas redes que a veces ahogan un poco.

La finlandesa Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, vivió una situación que me llevó a una reflexión respecto a cómo a veces tenemos conceptos del siglo X. Ella ha sido totalmente genuina desde que asumió su cargo en 2019. Decidió no vivir en la casa oficial de gobierno, vive con su pareja y su hija pequeña en una ciudad mediana.

La historia de su gestión llama la atención, ya que poco tiempo después de llegar al gobierno, empezó la pandemia. Sanna tomó decisiones drásticas con un confinamiento más fuerte que el de algunos países de su vecindario y tuvo los mejores resultados, consiguiendo las tasas de contagio más bajas de toda Europa. Alcanzó una popularidad del 85 %, no solo por su buen manejo de la covid-19, sino por otros factores económicos y sociales.

En general es una ministra muy joven, diferente a lo que el mundo estaba acostumbrado, pero con buena gestión. Sin embargo, la historia nos habla de una mujer normal, que también tiene amigos, se va de fiesta y, por supuesto, participa en redes sociales.

El pasado 17 de agosto se filtró un video donde ella aparece en una buena fiesta abrazada con sus amigos bailando. En otras palabras, lo que podemos ver normalmente en cualquier evento hoy en día donde todo el mundo muestra que hizo el fin de semana.

Dado que la millenial cantante del video era la primera ministra de Finlandia, el escándalo se armó. El video se viralizó, la criticaron e incluso tuvo que hacer una rueda de prensa para desmentir el consumo de drogas durante su parranda.

Aquí viene la reflexión. ¿Qué nos hace pensar que los políticos o los famosos son seres de otro planeta? Por ahí leí que esas no son cosas que puedan ser publicadas. Es decir, se pueden hacer, pero no las cuentes: doble moral absoluta, a mi modo de ver.

No pretendo dar un juicio de lo mal o bien que lo hizo Sanna. El tema es que nos cuesta entender que la gente no es perfecta, que vive, baila, llora, tiene su propia vulnerabilidad y tiene todo el derecho a una parranda cuando quiera. ¿Acaso su fiesta le quita puntos a su gestión? Parece que a los ojos de algunos sí.

Leí algunas opiniones y todas iban desde las más críticas hasta las más flexibles, es decir, no vi un consenso al respecto. Al final, a mi modo de ver el tema, no es lo que hagas, sino hasta donde (seas famoso o no) te interesa que el mundo lo sepa. Ella tal vez ni pretendió que eso se conociera, pero obviamente fue bastante ingenua.

Si la vida hoy se volvió pública, hay que vivir con eso, pero ojalá sin juicios moralistas o “éticos” del deber ser. Todo el mundo, tenga el cargo que tenga, tiene derecho a vivir su vida personal como le plazca y el resto de los mortales tienen la obligación de respetar las decisiones ajenas. A menos que se lleva a alguien por delante, por supuesto.

La vida sería un poco más sencilla si aprendemos a no estar criticando y quejándonos de todo. Dejemos vivir a los demás y seguro así nos dejan vivir mejor también.

Como diría el gran Miguel Mateos… Vive y Deja Vivir. ¿Qué tanto dejas vivir?