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| 9/22/2018 4:45:00 PM

Tareas inaplazables de la educación en Colombia

Una vez más hay consenso sobre los problemas que enferman al sector educativo en Colombia. De no tomar correctivos que alivien el problema, su remedio terminará convertido en letra muerta.

Conclusiones de la Cumbre Líderes por la Educación 2018 Tareas inaplazables de la educación en Colombia

1 Administración inteligente


Nada que surten efecto los ajustes presupuestales para resolver el problema de financiar la educación. A pesar de que entre 2010 y 2018 la inversión general pasó de 20,8 billones de pesos a 37,5 billones, los recursos que llegan al sector son insuficientes para cubrir las obligaciones y necesidades de la educación básica, media y superior. La posibilidad de que el panorama cambie, sin embargo, es escasa teniendo en cuenta la coyuntura fiscal que atraviesa el país. Aun así, una jugosa cantidad de recursos deben usarse mejor para evitar que se vean afectados el funcionamiento de las instituciones, los docentes y la calidad educativa. Por primera vez la educación tiene más plata que el Ministerio de Defensa y esta es una oportunidad para hacer los cambios necesarios que permitan romper la barrera de 8,2 doctores graduados por cada millón de habitantes.

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2 Conquista rural


Un gran abismo separa todavía a la educación rural de la urbana en el país. Las malas condiciones de infraestructura y las largas travesías que deben hacer los estudiantes para llegar a clase acentúan las inequidades que afectan a quienes crecen en la Colombia profunda. Actualmente solo el 10 por ciento de esa población se gradúa de bachiller y el 2 por ciento logra llegar a la universidad. Sin las Farc peleándose el control de los territorios, el país experimenta la posibilidad de fortalecer la presencia institucional y llegar a articular el trabajo con más de 20.000 escuelas rurales que hay con apenas 14.000 docentes. Se necesita una política de educación rural que permita empezar a acortar la brecha. Así lo anunció la ministra de Educación, María Victoria Angulo, que se refirió a los esfuerzos que hará el gobierno para “darles condiciones de bien vivir a los territorios”.

3 Hay que fijar las reglas del juego


Sin perder de vista la extensión de la cobertura educativa, Colombia está en mora de comenzar a direccionar sus esfuerzos por mejorar la calidad de la educación. Hay que reformar la ley general de educación y definir el currículo nacional que sirve como mínimo común denominador para las instituciones y docentes. Toda nación necesita saber con claridad lo que enseña. Pero en Colombia solo existen lineamientos respecto al aprendizaje básico en matemáticas y lenguaje. Hay que regular el uso de los textos escolares en los colegios, dotar las aulas con los insumos necesarios y encontrar una vía que garantice que el estudiante de verdad aprenda. Si bien es cierto que las pruebas Pisa y Saber intentan hacer una radiografía del tema, según la Unesco, esto es solo una parte de la definición de la calidad que se debe trabajar.

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4 Asignatura reprobada


Mucha agua tendrá que correr antes de que Colombia se acerque a tener suficientes personas bilingües. Las cifras desalientan por donde se les mire. Solo 50 por ciento de los maestros que enseñan inglés tienen un nivel intermedio. Es decir, el que debería tener un profesor de primaria y secundaria. En el caso de los estudiantes el escenario es aún más desalentador. Solo 6 por ciento logra el nivel básico y el 1 por ciento el nivel intermedio, mientras que más de la mitad obtiene los resultados de alguien que nunca se ha acercado a esa lengua. Aunque no hay una fórmula exacta para sortear la situación, hace falta motivar a los docentes y aprovechar mejor las nuevas tecnologías que permitan descentralizar el conocimiento del aula de clase para aplicarlo en la vida cotidiana.

5 ¡Al tablero!


Para garantizar que los estudiantes reciban la mejor educación, hay que asegurarles que quienes los forman también sean los mejores. El problema, sin embargo, es que en Colombia, en promedio, los estudiantes ingresan a la carrera docente con resultados Icfes inferiores a los que obtiene el resto de los bachilleres. Varios factores han llevado a la pérdida de prestigio docente: 1) El gremio termina como un escampadero de desempleados, 2) Reciben menos ingresos que los que ganan sus pares en otras partes del mundo pero trabajan, en muchas ocasiones, más horas y no hay consenso sobre los contenidos y 3) No hay consenso sobre los contenidos y las estrategias pedagógicas para formarlos. En tiempos de reformas y con miras a ser una sociedad del siglo XXI, la educación digital es un camino obligado para el gobierno del presidente Iván Duque. Al contrario de lo pensado en años anteriores, la tecnología es un apoyo pedagógico y no una opción para suplantar al profesor.

6 Medir sin evaluar

El papel de la evaluación cambió desde el momento en que los estudiantes dejaron de aprender para memorizar y pasar los exámenes. Esa costumbre de memorizar alimenta uno de los tantos factores que auspician la crisis del aprendizaje de la que habló Amel Karboult en su conferencia. Como la evaluación mide la calidad y el desempeño, no puede ser una herramienta aislada del contexto en el que se aplica. Es un instrumento para el aprendizaje y no al revés. Por medio de la evaluación es posible impactar las políticas públicas de educación. Es decir, desde este campo se puede contribuir a moldear mejor la información que entregan las pruebas. Por eso ahora estas mediciones no serán digitales para facilitar la manipulación de los datos, sino también para evaluar habilidades sociales y emocionales.

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7 Falta sintonía

De cara a un futuro que pide profesionales innovadores, las universidades y los centros de formación para el trabajo tienen el reto de educar de manera integral. Esto significa que no basta con los conocimientos propios de cada sector productivo, sino que deben desarrollar habilidades creativas y sociales complementarias. El gran desafío para lograrlo obliga a que las instituciones hagan una lectura más acertada de la realidad.

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