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| 11/16/2018 10:57:00 AM

"Enseñamos… a querer, a sufrir y a ser feliz"

Adriana Guzmán, docente de la Universidad de La Sabana, escribe una respuesta al artículo de Julián De Zubiría Samper, acerca de la falta de asignaturas en los currículos de la educación superior que apunten a la construcción de un proyecto de vida de los futuros profesionales.

Educación para la felicidad: asignatura que busca que sus estudiantes sean mejores personas, en Colombia Adriana Patricia Guzmán, docente y directora de Comunicación Institucional de la Universidad de La Sabana, compartió los procesos pedagógicos que se llevan a cabo en su institución para responder a una columna de Julián de Zubiría. Foto: Foto: cortesía.

«Se buscan hombres para un viaje peligroso por mar. Sueldo bajo. Frío intenso. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Es un aviso de prensa que apareció –en realidad- en El Times hacia 1912 en Londres.

Aunque parezca increíble la oferta tan poco tentadora fue respondida por 5.000 personas, de las cuales fueron seleccionadas apenas 26, de diferentes profesiones y perfiles. Uno de los criterios de selección fue –justamente- que todos los candidatos supieran hacer un poco de muchas cosas. Algo que quizá contrasta con las solicitudes que actualmente se formulan en el mercado laboral, en un mundo en el que los consumos por demanda y los platos a la carta son los preferidos.

Pensar juntos y guiar. Esa es la consigna aquí de los profesores. Por eso, se busca que “esos” docentes sean diferentes a todos los demás.

Para leer la columna de Julián de Zubiría a la que responde este artículo: Proyecto de vida: asignatura pendiente en las universidades colombianas

Para ese entonces, la multinacional que hacía tremenda solicitud era la Expedición Endurance, liderada por Ernest Shackleton y tenía el objetivo de conquistar el continente antártico, el más elevado de la Tierra, con una altitud promedio de 2.000 metros. Además, es el cuarto más grande, con una extensión de 14’107.637 kilómetros cuadrados.

Fueron días difíciles, de amor, dolor y hasta traición como en algunas novelas. Pero en todo caso, una experiencia llena de emoción, valores y resiliencia. Hoy pasa. Y pasan cosas parecidas y otras muy disímiles, que no están en los libros sino en la vida real.

Esta historia, hoy escrita en diversos idiomas y versiones, es uno de los textos de una de esas materias “para la vida” que actualmente cursan los alumnos de todas las carreras en la Universidad de La Sabana.  No son clases en la que se pide cuentas por datos memorísticos o definiciones teóricas. Son clases en las que el objetivo último es que los estudiantes pongan en sus bolsillos, cosas para aprender a vivir, a ser felices, a sufrir quizá, a aceptar la diferencia, a defender sus ideales, a buscar lo mejor para crecer y a construir su camino hacia encontrar lo que se ha trazado como proyecto de vida.

Harvard y Yale no son las únicas Universidades que le han apostado a la enseñanza de la felicidad que quizá puede ser la más materia más “taquillera” que se conoce a nivel internacional.  Aquí también en Colombia, en La Universidad de La Sabana, hay una de esas que se llama igual. Es una materia electiva y a ella se apuntan alrededor de 500 alumnos cada año.

Para complementar: ¿Es posible enseñar a ser feliz?

Pero además, hay una serie de asignaturas que se incluyó en el currículo de todos los alumnos del pregrado, desde hace ya cuatros años; materias para complementar los asuntos propios de cada carrera.

Y más allá de sus nombres (aparentemente conocidos y difundidos, están los contenidos y la forma de enseñar), son tres los pilares de la metodología: desarrollar comprensiones profundas en los estudiantes -mediante la vinculación de la teoría con la práctica-, posibilidad de aplicar lo aprendido a situaciones nuevas y fortalecer la habilidad de utilizar el conocimiento con creatividad y competencia en el mundo.

Pensar juntos y guiar. Esa es la consigna aquí de los profesores. Por eso, se busca que “esos” docentes sean diferentes a todos los demás. No es el típico teórico, tampoco el de la cátedra hermosamente magistral, menos el del cálculo detallado o el de la lección a rajatabla. Aquí el profesor tiene la misma piel del alumno y está hecho de la misma pasta. Como es la realidad, como es el mundo.

Estas maestrías en la Universidad de La Sabana tienen gran importancia en el contexto curricular. De hecho, se ha denominado, Core Curriculum Persona & Cultura, y en palabras de su Directora, Adriana Álvarez Vesga, “pretende enfrentar a los estudiantes con las grandes preguntas de la existencia, desarrollar la capacidad crítica para formar con libertad las propias convicciones y acompañar la construcción personal de un proyecto de vida integrador y responsable”

Todos deben pasar por estas asignaturas: los futuros economistas, los futuros abogados, los futuros periodistas. Todos. La Universidad considera que en el actual contexto, se precisa la ilusión por un mundo mejor versus el pesimismo ético y la desesperanza que se vive cuando se observa un noticiero de televisión o se leen tuits que por miles dan cuenta de noticias atroces: crímenes, violencia contra las mujeres y los niños, corrupción, mentira, jóvenes que sucumben ante la incertidumbre del mundo… Pareciera que no hay posibilidad para ser felices o vivir mejor.

Pero quizá, dice la directora del Programa, lo importante no es sólo el enorme trabajo que se hace casi de manera silenciosa. Es un hecho que en muchos contextos, estas materias son consideradas el “relleno” de una carrera, pero aquí cada vez más los alumnos van entendiendo la razón de ser del Core Currículum. Hay mediciones y casos documentados a partir de la experiencia de los casi 5 mil alumnos que ya han cursado las materias.

En video: ¿Cuál es el panorama de la educación superior pública en el país?

Hay muchachos que han vuelto a sus hogares, jóvenes que recuperaron la ilusión perdida, relaciones rotas que se restablecieron con cariño, crisis emocionales “cogidas” a tiempo, anhelo por volver a empezar. Y sí, gracias a una sesión de clase, a un ejemplo de la vida que salió a bailar en alguna sesión o por cuenta de una reflexión que los alumnos encontraron en un libro.

El dato duro señala que los estudiantes no faltan a estas clases, que además participan activamente y que además, consideran que les resultan útiles –sin más- para la vida, para enfrentar esa parte del llamado “currículo oculto” que solo se hace visible realmente cuando se está experimentando el ejercicio profesional.

¿Y cómo se logra esto?  Un elemento diferenciador es el sistema de enseñanza. El Core Currículo, Persona y Cultura toma elementos de la llamada Enseñanza para la Comprensión. Es muy diferente,  “saber algo en teoría”, “saber por experiencia propia” y “saber por experiencia de otros”. Aquí las herramientas para que el estudiante aborde los casos son la literatura, el cine y los medios digitales. Por un lado, la narración de historias facilita la interiorización de los contenidos y gracias al medio educativo digital, se suscita de manera más sencilla la reflexión personal, se afianzan temas y se enriquece la experiencia.

Son cinco niveles en los que se abordan cómo la persona es capaz de conocerse y quererse, cómo la persona se relaciona con los demás, cómo siempre está abierta a la trascendencia y cómo es su papel al obrar y finalmente, cómo esa misma persona enfrenta los retos del mundo de hoy.

Así sumado a todo un tinglado de elementos conceptuales y teóricos, propios de sus profesiones, se propende porque los alumnos vivan mejor, tomen buenas decisiones y construyan su proyecto personal de vida. En las propias palabras de los mismos estudiantes: “con estas asignaturas, buscamos ser una mejor versión de nosotros mismos”.

*Columnista invitada. Directora de Comunicación Institucional, periodista, economista, docente de la Universidad de La Sabana.

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