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| 3/9/2019 1:00:00 AM

Esto es lo que enseñan en la normal Montes de María

Más allá de las críticas del expresidente Álvaro Uribe por un supuesto adoctrinamiento de los estudiantes, lo que verdaderamente hay en la Escuela Normal Superior Montes de María es un ejemplo nacional de cómo enseñar pedagogía para la paz.

¿Hay adoctrinamiento en la Cátedra de Paz de la Escuela Normal Montes de María? La normal superior de Montes de María es un megacolegio ubicado en San Juan Nepomuceno, Bolívar. Foto: cortesía: Aracelya Rodríguez
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Semana Educación

Tras el trino del expresidente Álvaro Uribe en el que denunció un supuesto abuso de un profesor por la foto de unos estudiantes apoyando la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), muchos colombianos quedaron con la idea de que lo que se estaba dando en la Escuela Normal Superior Montes de María, de San Juan Nepomuceno, Bolívar, era un caso de  “adoctrinamiento”.

Aunque -como aclaró Semana Educación- fueron los mismos estudiantes quienes decidieron sacarse la foto con un tablero en el que se leía: “Abrazamos a la JEP”, mensaje que no escribieron ellos, sino los participantes del Espacio Regional de Construcción de Paz de los Montes de María, a quienes les prestaron un salón de la escuela para hacer un taller cerrado, sin estudiantes.

Según un comunicado de la institución educativa, al finalizar las clases, un grupo de estudiantes de la Cátedra de Paz vio el tablero, identificó que se trataba de la Justicia Especial para la Paz y decidió tomarse la foto (lea el comunicado).

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Por su parte, los integrantes del Espacio Regional de Construcción de Paz agregaron que dicha foto debía ser para uso personal de los estudiantes y que se usó descontextualizadamente por parte del senador del Centro Democrático.

“Invitamos a no utilizar ni descontextualizar una fotografía de estudiantes menores de edad para promover una agenda política en contra de la educación pública, y más bien convocamos a las comunidades educativas a seguir demostrando que la paz se construye desde el diálogo y la confrontación respetuosa de las ideas”, agregaron en su propio comunicado.

Pero, más allá del caso coyuntural, lo que está detrás de la foto son las dificultades de enseñar la Cátedra de Paz -una obligación legal desde 2015-.

¿Se debe hablar en el colegio del proceso de paz? ¿Debe un grupo de estudiantes de bachillerato saber (y opinar) sobre un tema que está en el ojo del huracán político como la Justicia Especial para la Paz?

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Un sitio para la memoria
Lo primero que hay que entender es el contexto en el que viven los jóvenes en San Juan Nepomuceno, ubicado en la región norte del macizo montañoso de Montes de María.

En los años 90, esta zona estuvo situada por los paramilitares, la guerrilla y el narcotráfico. En toda zona montemariana hubo medio centenar de masacres, casi 4.000 asesinatos políticos y se produjeron cerca de 200.000 desplazamientos.

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La escuela no fue la excepción. El 27 de julio de 1997 desaparecieron a su entonces rector, Atilio Vásquez. La situación antecedió a una época de desconcierto, donde hasta quince docentes recibieron amenazas, muchos de los cuales tuvieron que huir de la región.

Y el 7 de abril de 2001, cuatro años más tarde, desaparece la nueva rectora, Pura Álvarez de Bustillo. También, víctima de la violencia.

Por eso, recordar hace parte del ADN de la institución. Buena parte de la Cátedra de Paz, explica la profesora Aracelys Rodríguez, se enfoca en la reconstrucción del pasado de la propia comunidad educativa.

Nosotros trabajamos más la memoria desde el concepto de la resignificación. Por ejemplo, en los aniversarios de la desaparición de los rectores hacemos días institucionales de memoria y recordamos cuál fue el legado que ellos nos dejaron. No es revictimizar, sino que el estudiante sepa que existió una Pura Alvarez y un Atilio Vásquez que nos dejaron cosas buenas", cuenta la docente.

De hecho, La Escuela Normal Superior Montes de María viene trabajando en este proceso desde 2010, mucho antes de que se instaurara la Cátedra de Paz, en 2015.

Montes de María es quizás el territorio colombiano que más ha avanzado en resiliencia, en trabajar sus miedos y verdades. Incluso los niños”, explica Ana Cristina Navarro, directora de Pedagogía de la Comisión de la Verdad. “Casi que es un ícono en este país de los dolores que produce la violencia, de una comunidad empoderada que lleva 20 años trabajando por construir los elementos de convivencia".

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Cátedra de paz, un tema espinoso
Si algo es cierto es que la polémica que se armó por el tuit del expresidente demuestra las dificultades de enseñar una Cátedra de Paz en un país que todavía vive el conflicto y donde aún es fuerte la polarización sobre el tema.

Daniel Mera, columnista de El Espectador en temas educativos, incluso dijo en entrevista con La W que “la Cátedra de Paz en los colegios solo está mostrando una versión de los hechos. Si se establece una Cátedra de Paz en colegios, se debe analizar y explicar desde dos posturas diferentes”.

Pero se hace. No solo de dos, sino de diferentes perspectivas, explica Rodríguez, docente de la Normal Superior Montes de María. “Acá lo que nos interesa es que el estudiante maneje una realidad de país con una lectura crítica”.

Por eso mismo, el proceso de formación “se centra en el desarrollo de un pensamiento crítico, divergente, creativo, reflexivo, innovador, que emancipe a nuestra comunidad educativa, en donde todas las voces son escuchadas, siempre respetando las diferencias étnicas, religiosas, de opinión, políticas, sexuales. Por ello rechazamos categóricamente el señalamiento de adoctrinamiento en nuestras aulas de clases”, expresa la institución en el comunicado.

La idea es trabajar la memoria histórica transversalmente en todas las asignaturas. La profesora Rodríguez, por ejemplo, enseña Español, y promueve la reflexión del conflicto desde diferentes componentes de su área, como, por ejemplo, cuando enseña ‘noticia’.

Pero desde 2015, que se hizo una ampliación a la planta física para ofrecer el servicio de Jornada Única, se enseña también una asignatura aparte de Paz.

Eso sí, no es que todos los estudiantes vean lo mismo. En los grados menores se estudian cosas como convivencia y comunidad. Solo en 10 y 11 se estudia historia del conflicto.

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Un proceso reconocido
Al hablar de este tema, María Andrea Rocha, quien lidera el área de pedagogía en el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), dice: “es que no es una institución que se sacó del sombrero este tema. Ha sufrido en carne propia la guerra y ha abierto estos espacios de reflexión”.

Rocha desde el CNMH viene trabajando en continuas capacitaciones con los profesores de la Normal Superior de Montes de María. “Diseñamos una ruta pedagógica que fuimos decantando conociendo los retos de los profesores, para que permitiera abrir desde el rigor estas conversaciones en el aula”, explica Rocha.

Ella trabaja con los docentes en cómo crear condiciones de confianza para que los estudiantes se abran en el aula a contar sus experiencias, cómo preparar al maestro para transformar esas emociones y cómo elaborar una reflexión crítica alrededor de esos temas.

“Un pilar de la ruta es el desarrollo del pensamiento crítico. Eso justamente requiere de autonomía. Sabemos que no es necesario ser neutral y todos tenemos posiciones. Pero el ejercicio que tenemos que hacer en el aula va por otro camino: si tienes una opinión en el aula, expresarla como una opinión. Y, lo más importante, sustentarla con evidencias”.

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El profesor Edgardo Romero, quien aparece posando con los estudiantes en la foto que tuiteó Uribe, es uno de los que ha trabajado de la mano con el CNMH. Primero en su clase de Antropología y luego en el área de Ciencias Sociales, motiva a los alumnos a hacer una reconstrucción oral de su historia. Los alumnos entrevistan a personas de la comunidad para reconstruir, precisamente, la historia de la comunidad.

De hecho, Romero, premio Compartir a Mejor Maestro en 2004, ha sido destacado varias veces en espacios académicos por impulsar prácticas pedagógicas que posibilitan la formación de seres humanos críticos, autónomos, reflexivos, con habilidades para el ejercicio de la civilidad en medio del conflicto.

Hace un mes el currículo de la institución recibió la acreditación de alta calidad de parte del Ministerio de Educación.

Y, gracias al mismo programa de estudios, la escuela ha recibido en tres ocasiones distintas el Premio Compartir al Mejor Maestro, el premio Santillana de Experiencias Significativas, el premio a Buenas Prácticas Docentes del Ministerio de Educación y la distinción al Mérito Educativo y Pedagógico de la Red Iberoamericana de Educación y Pedagogía.

¿Por qué es necesaria la Cátedra de la Paz?
Para María Andrea Rocha, “es necesario que se den esas cátedras de memoria histórica para comprender qué pasó". Por su parte, Ana Cristina Navarro agrega que “es como ese dicho tan manido de que si no conoces tu historia estás condenado a repetirla. A mí me parece elemental abrir cualquier tipo de posibilidad para que los jóvenes puedan conocer su historia. Especialmente la del conflicto. Eso no es adoctrinamiento”.

Muchos profesores no lo hacen, señala Navarro. Bien porque les de miedo o porque no lo consideran necesario. Ese es parte del problema que tiene hoy la Cátedra de Paz, que considera “desvirtuada o dormida” (lea la entrevista “Las cátedras de Paz están muertas”).

En su opinión, “lo que hay que hacer es tratar de generar una verdadera necesidad de que a los jóvenes se les explique las verdades de este conflicto”, concluye.

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