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El Mariachi Juvenil de América y su experiencia en medio de la pandemia.

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Nos va a tocar sacar al niño del colegio: papás integrantes de un mariachi

Uno de los gremios más golpeados por el coronavirus es el de los músicos. La historia de un par de esposos que alternan las clases virtuales de su hijo de ocho años con promocionar y dar serenatas por Internet.

Desde hace años, mayo es cuando el Mariachi Juvenil de América hace su ‘agosto’. No solo porque los contratos para serenatas y presentaciones se duplican por tratarse del mes de las madres, sino porque el Venado de Oro, el bar en donde se presenta habitualmente la agrupación, en Bucaramanga, aumenta sus ventas.

“Este año las cosas son diferentes debido al confinamiento. No hemos dado ni una sola serenata”, dice Kelly Marcela Gaviria, esposa de Carlos Eduardo Serrano —la voz principal del grupo—. “Hasta estamos pensando en sacar al niño del colegio”, añade.

No es para menos. Hace dos meses que la pareja de esposos no tiene ingresos y ya casi completan 100 días de vivir gracias —como dice Kelly— a la misericordia de familiares y amigos. “El coronavirus acabó con reuniones y fiestas, y de esas vivimos”, dice la mujer. 

La crisis de los músicos no es solo en Santander. En Santa Marta decenas de mariachis y miembros de tríos y grupos vallenatos han salido a pedirle a las autoridades que los deje seguir trabajando. En Bogotá, en medio de una protesta pacífica, le pidieron al Gobierno que los contrate para cantar y alegrar la vida de quienes permanecen confinados. 

“Aquí en Santander estamos organizando un plantón para pedir ayuda. No solo para nosotros los músicos, sino para todo el gremio de artistas que no ha podido volver a trabajar”, asegura Kelly.

Ella y su esposo pasan los días alternando el uso del único computador de la casa entre las tareas y las clases virtuales del pequeño Fernando, que cursa tercer grado de primaria, y publicitar serenatas vía Internet. Una iniciativa de ambos que, por ahora, no funciona del todo.

“Solo hemos pactado una presentación para unos colombianos en Canadá. Nosotros debemos pagar arriendo, alimentación y el colegio del niño. Si las cosas siguen así, nos tocará que Fernandito deje las clases”, dice Kelly con resignación.