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| 8/21/2015 6:00:00 PM

Más allá de un simple beso

La decisión del Procurador de restringir las expresiones de afecto en los estudiantes tiene un trasfondo: dejar sin piso la tutela sobre Sergio Urrego y vulnerar las libertades en la escuela.

Más allá que un simple beso En la educación deben existir libertades, derechos, diversidad y respeto. Foto: INGIMAGE.
El país amaneció con una noticia que a simple vista parecía banal y algo folclórica. El procurador Alejandro Ordoñez emitió un concepto sobre los manuales de convivencia. La noticia fue divulgada de una forma escueta: “los colegios pueden por medio de los manuales de convivencia restringir o prohibir las expresiones de afecto como besos y abrazos entre los estudiantes”.

A simple vista es un acto más del jefe del Ministerio Público por entrometerse en el libre desarrollo de la personalidad  y el comportamiento individual de las personas.

Ahora, si se mira el trasfondo, la decisión es preocupante porque supone una amenaza a los derechos constitucionales, como el respeto a la diferencia, el libre desarrollo de la personalidad, la educación, la igualdad el derecho a la intimidad y al debido proceso.

El 4 de agosto de 2014, el joven Sergio Urrego se suicidó. Por un escrito que dejó, se supo que su decisión fue resultado del maltrato psicológico que recibió en el colegio debido a su orientación sexual. Posterior al suceso, se evidenció que la misma rectora del colegio Gimnasio Castillo Campestre en Bogotá promovió actos de discriminación porque el joven tenía una relación sentimental con otro estudiante de la institución.

El hecho puso de manifiesto la realidad del maltrato psicológico en los colegios y la poca tolerancia que existe por parte de los educadores. Los que, se supone, deben promover el respeto, la tolerancia y salvaguardar los derechos de toda la comunidad educativa.

La madre de Sergio, Alba Reyes, interpuso una tutela hace ocho meses argumentando que se vulneraron los derechos fundamentales de su hijo. En septiembre de 2014, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca reconoció la discriminación y amparó los derechos de Sergio. En ese momento, el procurador, en lugar de ser un defensor de los derechos de las minorías, apeló el caso y lo trasladó al Consejo de Estado.

En noviembre pasado, el alto tribunal revocó la decisión de primera instancia señalando que no se podía pronunciar de fondo sobre el caso. Hoy, la Corte Constitucional volvió a fallar a favor de la familia y obliga al colegio a entregarle el grado póstumo de bachiller.

Según el concepto emitido a la corte por el procurador, los colegios tienen potestad en los manuales de convivencia de establecer las normas que les plazca de acuerdo a sus principios religiosos o éticos. Es decir, enfila en pro de la discriminación, la intolerancia y el maltrato.

El pronunciamiento no es una anécdota dentro del portafolio de acciones intolerantes de Alejandro Ordóñez. Es una acción lesiva para los derechos fundamentales, para la educación y todo lo que promulgamos que debe existir en ella: libertades, derechos, diversidad y respeto.

Por eso celebramos desde Semana Educación que la Corte Constitucional haya instado al Ministerio de Educación para que se encargue de modificar los manuales de convivencia, con el fin de garantizar libre desarrollo de la orientación sexual de los menores. Es este gabinete el que debe encargarse de frenar  un despropósito que va más allá de los simples besos.

Justamente, porque lo que pretende el procurador es vulnerar los derechos básicos que contempla la Constitución para la educación. Muchos de los cuales no se respetan. De este modo, seguimos formando una sociedad que discrimina, señala, maltrata y agrede a todo lo que a su consideración se sale de los parámetros tradicionales de familia y de las concepciones religiosas.

Ahora que el gobierno habla de una Colombia más educada para la próxima década, la primera tarea se debe centrar en la defensa de los derechos de los niños. Así como alejar los fundamentalismos  y la intolerancia de la escuela.

*Editor Jefe Semana Educación.

EDICIÓN 1888

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