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- Foto: Karen Salamanca

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“Querida mamá: yo estoy bien”; la carta de una niña de 7 años en la cuarentena

Margarita Calvete se ha dedicado al colegio de su hija Mariana en cuerpo y alma. Asiste a todas las clases y hace las tareas como una estudiante más. Dice que la clave es entender que nada será perfecto.

Estoy en la semana siete de aula virtual. No cuento los días, porque si los cuento, me chiflo. Siento, eso sí, que soy una de las mamás más bendecidas en esta cuarentena. Me ha parecido este tiempo fantástico. He conocido a Mariana mucho más. Me sorprende su gran humor. Cuando pasa la clase hace un comentario y terminamos ambas muertas de risa. Yo le digo que tiene un humor fino. Yo la verdad me gozo mucho estar con ella.

Obvio hemos tenido tensiones. No ha sido fácil. Nadie está preparado para esto. Lo que era una dificultad hace unos meses pasó a ser algo muy a nuestro favor. Perdí mi trabajo hace un año. Era parte de una empresa gigante de tecnología. Cuando entraba a las siete de la mañana a veces ni la veía despertar. Volvía pasadas las ocho de la noche. Pero entonces llegó el llamado confinamiento y nuestras rutinas cambiaron completamente.

El nuevo sitio de estudio para Mariana es el comedor. Allí, muy temprano inicia su jornada con el acompañamiento de su mamá. Foto: Karen Salamanca - Semana

Me levantó a las 5:30a.m. y aprovecho que Mariana y Diego, mi esposo, están dormidos para bañarme y vestirme. Diego entra a reuniones a las 7:30 a.m. y a veces se va en esas hasta las siete de la noche. Para poder funcionar, nos tocó cambiar la distribución de la casa. Diego trabajaba en el estudio, pero como es abierto, en el trabajo oían a Mariana estudiando, al perro ladrando, la lavada de platos, etc. Entonces, él ahora está en el cuarto de  Mariana y ella en el comedor. Afortunadamente el computador no es un problema. Mi hermana que tiene tres hijos le toca hacer tareas por turnos y dejar a alguno con un celular.

En este tiempo han pasado cosas que no imaginé. Mariana aprendió a bañarse sola y a vestirse. Yo antes le hacía todo... hasta le ponía el uniforme. Ella ha demostrado que puede hacer muchas más cosas: nos prepara desayunos, hace postres, le enseña arte a sus primos por videollamada. Un día me quejé de todo lo que hay que hacer en la casa y entonces ella decidió ayudarme. Pone la mesa, recoge los platos, recoge los muñecos.

Mariana empieza clases a las nueve de la mañana, y su jornada escolar puede llegar a extenderse hasta las siete de la noche. Foto: Karen Salamanca - Semana.

En el colegio comenzamos a las nueve, después de desayunar. Hay días que terminamos a las tres, pero otros a las 7:30 p.m. Estoy con ella todo el tiempo. Hacemos hasta los recreos juntas. Mari tiene su fólder lleno con sus tareas. Hay unas que las disfrutamos, como las de arte. Un día le pusieron a escuchar música y a pintar lo primero que se les viniera a la mente. Entonces, a mí me gustó eso y también lo hice. Yo realmente hago las actividades como si fuera una estudiante más. Otro día le pusieron a hacer un gorro de chef en papel y yo también hice uno para mí. Pero eso lo puedo hacer yo porque no estoy enchufada ahora a un trabajo. Los demás papás tienen que acumular las cosas para el fin de semana porque no tienen el tiempo que yo tengo.

Siento que los niños sufren encerrados. Al final de la tarde a veces no solo estamos cansadas sino también angustiadas. La cuarentena se alarga y le he pedido al colegio orientación de psicología. Entre otras, porque siento que nos vamos a ir así hasta diciembre. Veo en Mariana señales de cansancio. Hay días que no quiere seguir, le duele la cabeza. No tiene la misma disposición que al comienzo. Un día la encontré llorando en el baño. Ahí decidí llamar a la profesora y pedir ayuda. Ella me dijo que las tareas no tienen que estar perfectas. Que cada niño hace las cosas a su manera y que en el colegio no hay profesor que pueda estar pegado a cada niño todo el día, como estamos haciendo muchos papás hoy. Me dijo que ella es una niña hipersensible al dolor ajeno, es la que siempre sabe si otros sufren. Entonces entendí que Mariana es como un delfín, se preocupa demasiado por los demás, al punto de olvidarse de sí misma.Y eso me alivió.

La primera vez que me sentí inútil fue con una tarea de música. Ellas escuchaban unas melodías. Mari me pasó su dictado y eran sólo símbolos musicales. Le tomé la foto a la tarea y puse en el chat de la familia para que me dieran una mano. ¿Mamá esto está bien?, yo la verdad no sabía qué responder. Y la tarea estaba perfecta.

Margarita acompaña a Mariana incluso en sus descansos. Siente que el encierro afecta a los niños, por lo que busca diferentes actividades para su hija. Foto: Karen Salamanca - Semana.

Otra tarea era enviar un video en inglés. Los papás teníamos que ser productores, libretistas, editar el video. Nos demoramos con Diego el domingo desde las tres hasta las 5:30p,m. Pero las otras mamás, que no eran bilingües, y que además no sabían hacer videos, duraron todo el día. Uno hace todo por sus hijos.

En esta cuarentena comencé a hacer un curso sobre la conexión que tienen los papás con los procesos educativos de sus hijos. Lo tomo por una plataforma de cursos virtuales gratis de Harvard. Y descubrí ahí que me gusta mucho la educación. Yo nunca digo que no tengo empleo, solo digo que trabajo en la casa. Las mamás tenemos el trabajo más extraordinario que es formar personas.

Como se nos ha reducido los ingresos, hemos estado pendientes de si el colegio da algún alivio a los padres. Nos dieron un bono del 20 por ciento de descuento para mayo y lo que siga de la cuarentena. Se va a crear un fondo y los papás que pueden seguir pagando el 100, aportaran este 10 por ciento a este fondo. El colegio va a donar un porcentaje también. Ya nos dijeron que no nos van a subir para el próximo año y que puede que dividan la matrícula en varias cuotas.

Escucho todo el tiempo a papás quejarse de que los colegios cobren lo mismo. La verdad entiendo que no nos puedan rebajar más. El colegio de Mariana tiene casi un siglo de historia. Sus costos son fijos. Es extraordinario. Han mantenido toda la nómina intacta. A los profesores, les pagaron el internet y los dotaron los computadores. Entonces realmente sé que no gastan menos, gastan más.

Yo la verdad creo que esto se va hasta diciembre. Estoy preparada para eso. Aun en el caso de que autoricen abrir, yo no sé si me siento segura de que Mariana salga. ¿Cómo confiar que todas las familias se estén cuidando? ¿Cómo saber que los niños cumplen las medidas de protección?

Hace unos días, Mariana me escribió una carta. Decía “queridos mamá y papá: Estos son tiempos difíciles para todos y quiero decirles que yo estoy bien”.