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| 3/30/1998 12:00:00 AM

CUANDO FALTAN PANTALONES

Noemí Sanín explica por qué un país tan revuelto como Colombia sí puede ser gobernado por una mujer.

CUANDO FALTAN PANTALONES CUANDO FALTAN PANTALONES
El rasgo más notable de su personalidad es la obstinación. Rara vez se da por vencida en sus empeños. Cuando era Canciller y andaba recorriendo minúsculas islas del Caribe en busca de votos para hacer elegir a César Gaviria secretario de la OEA, nadie daba cinco dólares por el éxito de su misión. La elección de un costarricense parecía decidida. Pero ella, Noemí, logró lo que parecía imposible. Ahora, si llega a concretarse el acuerdo para una tercería con un candidato de coalición independiente, podría ocurrirle algo parecido. Nada, es cierto, está ganado para ella. Pero nada tampoco está perdido. Sus opciones reverdecen.
A su favor tiene varias cosas. En los focus groups promovidos por Miguel Silva y demás asesores suyos de la firma norteamericana Shepardson, Stern & Kaminsky, todas las personas consultadas aceptan que tiene liderazgo y le cabe el país en la cabeza. De todos los candidatos, es ella quien tiene mayor rodaje internacional. Exponiendo sus programas, sale muy bien librada en los foros gremiales. Ejecutiva eficiente, busca y obtiene resultados. Hija de un periodista y de una maestra de escuela, con 14 hermanos que compartieron con ella la inevitable estrechez de una familia numerosa de clase media, puede mostrar los mismos orígenes modestos de un Horacio Serpa. Nunca ha sido miembro de la clase política. Conservadora de origen, ningún recelo despierta entre los liberales. Y la franja que ha servido de sustento a sus aspiraciones le ha sido fiel. Mientras otros aspirantes suben y bajan al nervioso vaivén de las encuestas, Noemí ha mantenido su porcentaje (entre un 10 y un 14 por ciento) a prueba de toda contingencia.
También hay 'peros' en su contra. Por prejuicio o por lo que sea, un 70 por ciento de los colombianos la consideran candidata ideal para la vicepresidencia y no necesariamente para la presidencia, cosa que la enfurece: no ve el motivo para que se le considere como una segunda opción. Su desdén cien veces expresado por las maquinarias políticas, incluyendo la de su partido, le ha restado el soporte de muchos conservadores. No debe tener un solo directorio azul con ella. Y, luego, su gran 'handicap' es el mismo, paradójicamente, que está ligado a su atractivo político: el hecho mismo de ser mujer.
"No es el momento para que al país lo gobierne una falda", dicen algunos, pensando seguramente en las mafias de la droga, en el cura Pérez, en el 'Mono Jojoy' o en Carlos Castaño, y en los muertos que salpican de sangre, cada noche, los noticieros de televisión. Frente a esa realidad, sus invocaciones a la concordia o sus propuestas de paz, expuestas con expresión sonriente y con esa suave voz suya donde zumban las eses de la montaña antioqueña, no tranquilizan a los machistas que identifican la energía con un porte militar o con unos bigotes desafiantes. Entre las vehemencias de Horacio Serpa o de Harold Bedoya, su imagen, percibida en tonos pastel, llegó a debilitarse, lo que resulta injusto para quienes saben que es una mujer de carácter.
¿Influenciable? Algunos lo dicen. Pero tampoco es cierto. Lo que sucede es que, tal vez por ser una mujer, y una mujer bonita, o tal vez porque la propia Noemí suscita esa actitud, los hombres, incluyendo entre ellos a los ex presidentes López y Betancur, suelen adoptar con ella una actitud protectora, paternal. Le dan consejos. Ella los escucha con una lumbre de interés en sus brillantes pupilas sabiendo quizás que con ello halaga la inevitable vanidad masculina. Tiene, por cierto, asesores de todos los colores de la paleta: conservadores como Miguel Ricaurte o Rafael Mario Villa, liberales como Miguel Silva y Marcela Lleras o izquierdistas como Ramón Jimeno. Noemí los oye a todos, oye a la izquierda, oye a la derecha, oye a Dios y oye al diablo, pero termina haciendo su santa voluntad. Y siempre, claro, con un desarmante encanto.Hiperactiva, duerme sólo cinco horas. Es capaz de fijar citas a las 11 de la noche. Se levanta con la primera luz del día y vuelve al lecho a la una de la madrugada, tras una jornada agotadora en la que sus dos celulares no paran de sonar y desplazamientos y reuniones se suceden con un ritmo de vértigo. Le gana en resistencia a cualquier hombre. Y no obstante, para perplejidad suya, el prejuicio antimujer es tan testarudo como ella. ¿Qué tan peligroso puede ser para sus aspiraciones, ahora que se disputa con Alfonso Valdivieso la posibilidad de ser el candidato de unión de un amplio bloque independiente?

Plinio Mendoza: ¿Qué tan peligroso, Noemí?
Noemí Sanín: Sí, ese prejuicio existe. Está en el inconsciente del país. Yo no lo pongo en duda ni lo menosprecio. Pero se evapora cuando se racionaliza. Mire, Plinio, me sucedió algo muy raro en Villeta. Había allí un señor que me escuchaba con cara de conmiseración. Al fin, me dijo: "¿Usted para que se mete en esto, si es un asunto de machos?". Y yo le pregunté: " ¿Y le parece bien la manera como los machos tienen al país?". El señor de Villeta reflexionó un instante. "¿Sabe qué? _dijo_. Como que usted va a tener razón. De pronto toca darle el turno a una mujer". Bueno, eso le puede ocurrir a muchos colombianos.
P.M.:Y no obstante, no son pocos los que insisten en que una mujer no es hoy lo más indicado para gobernar un país tan revuelto como Colombia. ¿Qué les responde?
N.S.: Que el carácter y la firmeza no son monopolio de los varones. Cuando faltan pantalones es mejor una falda bien puesta. Me parece un falso paradigma decir que la mujer es débil. El mundo ha tenido en este siglo 24 mujeres jefes de Estado y casi todas han hecho buenos gobiernos. Los mejores ejemplos son los de la señora Thatcher y Golda Meir. Justamente por los prejuicios que existen, un cargo de responsabilidad representa para cualquier mujer un reto. La mujer tiende a cambiar lo que los políticos, por inercia o por conveniencia, quieren mantener.
P.M.: Dos años de campaña, de giras, de encuentros, de declaraciones, y ahora usted quiere jugárselo todo a un cara y sello con Alfonso Valdivieso. ¿Por qué?
N.S.: Realismo. Es cierto que hay una enorme franja de voto independiente. Es cierto que los partidos están desacreditados, convertidos en fortín de la clase política y que, por ello mismo, no son ajenos a la corrupción. Pero sus maquinarias siguen operando. Y, frente a ellas, no deberíamos permitir que se disperse el voto de opinión en un abanico de candidatos, porque corremos el riesgo de dejarle al clientelismo la decisión última. Podría elegir a quien él quiera. Los independientes debemos unirnos. Es nuestra obligación. Ojalá no dejemos pasar esta oportunidad. El acuerdo está en marcha. Sólo falta convenir el procedimiento para saber cuál de nosotros tiene las opciones mayoritarias.
P.M.: Ese candidato, tal como está planteada la coalición, no podría ser sino Valdivieso o usted.¿Qué posibilidades tiene de ganarle a Valdivieso?
N.S.: Espero que todas. Pero Valdivieso debe estar pensando lo mismo. Y también Mockus.
P.M.: ¿Qué es lo que han convenido hasta ahora usted, Valdivieso, Mockus y Lleras de la Fuente?
N.S.: En principio, cada uno ha sometido a consideración del resto de los aspirantes lo que constituye la columna vertebral de un gran proyecto político que le permita al país superar la crisis. En el momento de este diálogo, no hay todavía un acuerdo definitivo, pero ha sido fácil conciliar varios puntos. El rechazo de las maquinarias y la manera como ellas manejan la administración pública; la lucha contra los privilegios, roscas y palancas; la lucha contra la corrupción y la impunidad; el principio de que el recurso público es un recurso sagrado; una pedagogía ciudadana bajo el lema "colombiano no mata".
P.M.: Bueno, en todo esto Pastrana debe estar de acuerdo. ¿Por qué no lo incluyeron a él en el acuerdo?
N.S.: Porque Pastrana y Serpa, pese a sus diferencias, representan la política partidista tradicional. Cada uno ha sido designado candidato de su partido por las convenciones; es decir por la clase política y es, por lo tanto, difícil creerles que van a combatir los vicios políticos de ésta, que son los que nos tienen como estamos.
P.M.: ¿No será usted algo injusta con él?El se presenta como un anticontinuista. Ha madurado.
N.S.: Está madurando. El mismo lo dice. Afirma que su programa es el mismo de hace cuatro años porque en este gobierno no se hizo nada. ¡Por Dios, Andrés!, le diría. No se hizo nada, pero se perdió todo. Nos empobrecimos más. Nos enlutecimos. En las circunstancias de hoy se necesitan mecanismos de choque en lo social y en la recuperación de la autoridad, y decisiones más audaces que las que él propone. Revivir las elecciones del 94, que es lo que quieren Serpa y Pastrana, es un contrasentido total. La historia no gira en redondo.
P.M.: ¿Y a Bedoya por qué lo dejaron por fuera?
N.S.: Porque hasta ahora sólo ha desarrollado una estrategia guerrerista. Pero no pierdo la esperanza de que con el desarrollo de su propio programa, que debe ser integral, acabe sumándose a este proyecto de coalición. Hay que pensar que parte de la paz es una política de estímulo al empleo, a la salud y a la educación.
P.M.: Sinceramente, ¿no le parece un error político haberle dado la espalda tan duramente a la convención de su partido? Deben haber muchos conservadores furiosos con usted.
N.S.: El afán de sumar lo que sea y a como dé lugar, no puede ser la única pauta válida en política. Uno debe saber dónde está el cambio y dónde no lo está. Y ese cambio no aparecía para nada en la convención conservadora. Fue un espectáculo melancólico. Los colombianos no tuvimos oportunidad de presenciar un real debate de ideas entre Juan Camilo y Andrés Pastrana. Juan Camilo lo intentó, pero el candidato cosmético no quiso aceptarlo.
P.M.:¿Por qué llama así a Pastrana?
N.S.: Porque es cosmético en todo. Inclusive en su programa.
P.M.: ¿La certificación a Colombia no dará oxígeno a Serpa?
N.S.: Con tal de que le vaya bien a Colombia, no importa a quién oxigene. A mí me disgusta el procedimiento de certificación y descertificación. Lo plausible es una recíproca colaboración.
P.M.: Serpa está a la cabeza en la primera vuelta con un porcentaje cercano al 30 por ciento. Hay quienes consideran que esta ventaja lo convierte en el gran favorito de la elección presidencial. ¿Cómo podría usted derrotarlo?
N.S.: Si Serpa tiene el 29 o el 30 por ciento, eso significa que el 70 por ciento del electorado no está con él; es decir, con el continuismo. Por eso la suya es una situación más bien frágil. En una segunda vuelta no cambiaría mi situación por la suya. El supuesto Goliat de la maquinaria será derrotado por la David de la opinión.
P.M.:Cada candidato busca identificarse con un tema preferencial: Serpa con la paz, Valdivieso con la anticorrupción, Mockus con la antipolítica, Bedoya con la firmeza. ¿Cuál sería el suyo?
N.S.: Mire, Plinio, me parece que uno no debe limitarse a un solo tema. El país anhela paz y seguridad, busca la eliminación del clientelismo y de la corrupción, desea firmeza en vez de debilidad y soluciones al terrible problema de la pobreza y el desempleo. Cualquier proyecto político serio debe eludir las simplificaciones que supone una imagen electoral. Yo prefiero proponer un programa y garantizar sus resulTados en vez de buscar efectos de imagen.

P.M.: ¿Desapareció la dura Noemí Sanín que renunció a la embajada en Londres?
N.S.: (Con risa ) Sigo siendo la misma. Sólo he cambiado de peinado.
P.M.: ¿Y el nuevo 'look' le ha producido beneficios?
N.S.: Pues eso sólo podrá saberse el día de las elecciones.
P.M.: Pese a todo, la gente insiste en que hubo un cambio. Se ha dicho que, por un tiempo, la réplica colombiana de la señora Thatcher se convirtió en Sor Teresa de Calcuta...
N.S.: Cuando hay un clima de guerra como el que hemos vivido en estos años, atrae el que incendia. Pero lo que se necesita es un bombero.
P.M.: ¿Cómo ha percibido usted la reacción de las mujeres colombianas frente a una candidata mujer como usted? ¿Les gusta o más bien desconfían?
N.S.: Al principio, mi candidatura tenía más apoyo entre los hombres que entre las mujeres. Ahora, según las encuestas, sucede a la inversa. Tengo muy alto índice de favorabilidad entre las mujeres jóvenes y muy bajo entre las mayores.
P.M.: ¿Cómo lo explica?
N.S.: De pronto es un fenómeno de recelo o de envidia. Las mujeres mayores crecieron en un mundo donde era impensable que una mujer llegara en Colombia a la presidencia. Quizás muchas de ellas no se han liberado de ese prejuicio.
P.M.: ¿De dónde salió la idea de llevar un zoológico al Congreso para ilustrar su lucha contra la corrupción?
N.S.: Nació de la realidad y de la necesidad de redignificar al Congreso sacando de él con decisión los elefantes, los micos, los sapos, las ratas y los lagartos.
P.M.: ¿No era copiarle sus métodos a Mockus?
N.S.: En parte, sí; pero las alegorías son anteriores a Mockus. Han existido desde los tiempos de la antigua Grecia. Lo grotesco, en este caso, no es la alegoría sino la realidad.
P.M.: Casi todos los candidatos ofrecen planes de paz. ¿Por qué creer que usted puede lograr lo que tantos presidentes han intentado sin éxito?
N.S.: Si no lo han logrado es porque entre nosotros, hasta hoy, se ha planteado siempre una falsa alternativa: diálogo o confrontación, mano tendida o bala. Y eso es un error. Si en busca del diálogo, que es un medio y no un fin, se descuida la seguridad, la paz, en vez de acercarse, se aleja. A la negociación se llegará cuando los alzados en armas vean en ella una mejor alternativa que continuar una guerra en la cual lleven la peor parte. Por eso soy partidaria de la combinación de todas las formas legítimas de lucha. Todas: la social, la política, la militar, la legal, la económica. En fin, todo lo que concurra a la construcción de una sociedad mejor y lmás justa.
P.M.: Serpa busca el apoyo de la franja más pobre del país. ¿Con qué argumentos piensa usted disputársela?
N.S.: Corrigiendo la política de Samper, de la cual fue Serpa artífice y ejecutor y que él garantiza continuar. Hoy tenemos en el país más de un millón de desempleados en vez del millón y medio de nuevos empleos que el serposamperismo había ofrecido. Lo social exige menos palabras, más acción y sobre todo resultados.
P.M.: El pone de relieve sus orígenes modestos...
N.S.: También los míos lo son. Soy hija de un periodista y de una maestra de escuela que tuvieron 15 hijos y nada fue fácil para nosotros. Yo tuve que pagarme mis estudios. Pero no hago gala de eso ni practico el victimismo social, porque esa situación que debí vivir es la de millones de colombianos. Lo único que puedo decir al respecto es que entiendo la falta de oportutidades como uno de los grandes problemas del país.
P.M.: Usted ha hablado de darle crédito a los estudiantes para sus estudios de posgrado con 15 años de plazo para pagarlo y con la garantía de su sola firma. ¿No es algo parecido a la casa sin cuota inicial de Belisario?
N.S.: Es algo muy factible. Hemos calculado que el aporte del Estado para el despegue de este programa sería de 200.000 millones de pesos, que es sólo la mitad de las sumas sustraídas al erario público por los corruptos en 1997.
P.M.: También habla usted de construir 950.000 viviendas. ¿Con qué plata? Parece algo muy aventurado como medio de combatir el desempleo.
N.S.: No, porque buena parte de la financiación corre por cuenta de las corporaciones de ahorro y vivienda. Al Estado le correspondería dar los subsidios para vivienda social a través del Inurbe. El rendimiento de estos subsidios sería mayor si no existiesen el despilfarro y la corrupción. El costo de la vivienda social en Colombia es altísimo, el doble que en Tokio y Nueva York. No se debe olvidar que en este campo trabajé durante más de 10 años. Además, esta es sólo una de las llaves que ha propuesto para crear plazas de trabajo.
P.M.: ¿Le aceptaría la vicepresidencia a Valdivieso?
N.S.: Llevo cuatro años diciendo no a las vicepresidencias.
P.M.: Usted fue condiscípula y amiga de Ernesto Samper. ¿Qué la une a él y qué la separa?
N.S.: Nos unen recuerdos y amigos comunes de la época estudiantil. Pero me distancian de él muchas cosas: su concepción del Estado, su estilo, sus manejos, la manera como evade los problemas, su incapacidad de tomar posiciones claras y valerosas. Se dice que Ernesto es un buen político y un hábil negociador, lo cual es cierto pero en el peor sentido de tales palabras. El es un buen componedor que a todos les dice que sí. No tiene norte en su política. Y el que no sabe para dónde va, no puede llegar a ninguna parte.
P.M.: Siempre se ha dicho que usted renunció en términos excesivamente duros y que no fue leal con quien la había nombrado.
N.S.: No fue una decisión fácil, pero la tomé. Fui leal con el amigo porque renuncié cuando comprendí que no era honesto representarlo sino estaba de acuerdo con él. Y fui, además, leal con el país y con mis principios.
P.M.: ¿Pasado el tiempo, podría volver a ser amiga suya?
N.S.: No tendría inconveniente, pero a partir de una recuperación de la confianza perdida. Esa recuperación sólo puede estar fundamentada en la verdad.
P.M.: ¿Cómo ve su futuro si la suerte no la acompaña?
N.S.: Mejor dicho, ¿si gano la presidencia? Porque, tal como está este país, lo tomo como un compromiso y una oportunidad y no precisamente como una suerte. Espero en ese caso lograr que los colombianos recuperen la confianza en la política de la única manera que ello es posible: cumpliendo lo ofrecido. El mismo día de mi posesión, tendríamos ya la cooperación de los gobiernos y quizás la simpatía de los medios de comunicación internacionales. Luis Carlos Galán decía que la soberanía, en la época moderna, se llama dignidad. Yo la recobraría para Colombia.

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