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“El ingenio de los mafiosos es inagotable”: Alirio Bustos habla sobre su libro de ese oscuro mundo

El periodista Alirio Bustos lanzó El mundo secreto de la mafia, un libro que recopila las mejores anécdotas de los capos en el país y también de los héroes que han luchado contra ellos.


SEMANA: ¿Por qué hacer la historia de la mafia al estilo confidenciales?

Alirio Bustos: El confidencial tiene la característica de contar algo en un párrafo, pero la historia es completa. Encontré 500 de estos sobre el narcotráfico. Acordamos ese formato interesante junto con la editorial Planeta. Y así es todo el libro.

SEMANA: Usted lleva décadas cubriendo ese mundo como periodista. ¿Qué tanto han cambiado los malos?

A.B.: El ingenio no ha cambiado para nada y, por el contrario, pareciese que es inagotable. Lo que efectivamente sí ha cambiado es la amenaza de estructuras armadas tan poderosas como lo eran los carteles en los años ochenta y noventa; ahora la organización de los narcotraficantes es mucho más mimetizada. Excepto, tal vez, por el Clan del Golfo, pero el narcotráfico hoy en día es muy pero muy perfumado.

SEMANA: De Pablo Escobar se sabe casi todo. ¿Qué historia no contada trae su libro?

A.B.: Un secreto no revelado hasta el momento sobre un heroísmo. Escobar mandó secuestrar a la hija del general Montenegro, que fue subdirector de la Policía y comandante del Bloque de Búsqueda. A ese general le tocó, en el norte de Bogotá, batirse a tiros con los sicarios de Escobar, mientras unas monjas protegían a su hija de ser secuestrada. Él nunca lo había querido contar.

SEMANA: Gilberto Rodríguez Orejuela murió quizás en el único escenario que atemorizaba a esos capos: solo y encerrado en una cárcel en Estados Unidos.

A.B.: Estados Unidos tiene una característica frente al fenómeno de extradición y es que es muy duro con unos íconos del narcotráfico. Con Gilberto Rodríguez Orejuela fueron implacables y le hicieron sentir toda la rigurosidad de la ley. A los íconos los ponen a vivir en las peores condiciones, porque son personas que de alguna manera osaron enfrentarlos de manera directa, y quien osa enfrentar de esa manera a la justicia de los Estados Unidos, ellos le hacen sentir el rigor. Incluso, que tengan que morir allá, abandonados en una celda, muchas veces bajo tierra, como le pasó a Gilberto.

SEMANA: ¿Por qué cree que Carlos Lehder vivió otra suerte y hoy está en Alemania?

A.B.: Él sí les pagó muchos años de cárcel: 30 años. Y sin él no hubieran podido condenar a Manuel Antonio Noriega, el dictador de Panamá. Colaboró en el caso para una condena ejemplar.

SEMANA: De Lehder usted debe tener muchos cuentos...

A.B.: Sí. Historias absurdas. Llegó a tener su isla propia en las Bahamas y ahí contamos incluso cómo hoy en día, todavía desde el aire, se vislumbra una especie de cementerio de aviones en el mar. Mandó hacer una estatua de John Lennon aquí en Colombia. Con el mexicano, él era el primero que llegaba a repartir plata cuando había un terremoto, montado en su propio avión.

SEMANA: De épocas recientes usted cuenta algo que no se sabía. La historia de cómo la hermana de Otoniel pensaba fugarse de la extradición. ¿Cómo era eso?

A.B.: Aprovechando la pandemia, quería hacer un cambiazo macabro. Matar a una señora y cambiar el cuerpo aprovechando los estrictos protocolos de esa enfermedad.

SEMANA: Hay quienes critican este tipo de trabajos por recordar nuevamente un capítulo triste de la historia del país. ¿Qué les responde?

A.B.: Nosotros no podemos esconder nuestra realidad. La mejor manera de evitar lo que sucedió es ser conscientes de ese pasado. Ojalá que para las nuevas generaciones no sea más que un referente histórico. Soy un convencido de que el país necesita saber qué fue lo que ocurrió en todos los ámbitos. Este libro, por ejemplo, cuenta cómo la inteligencia ha sido usada por décadas al servicio del mal.