elecciones 2018

Elección comprada

No habían pasado 24 horas desde el cierre de las elecciones legislativas cuando estalló el primer escándalo del Congreso electo. La protagonista: Aída Merlano, senadora electa y actual representante.


Tras varias denuncias por compra de votos en el departamento del Atlántico, la Fiscalía ordenó a funcionarios de la Dijín allanar la ‘Casa Blanca’, como se conoce a la sede de campaña de la representante a la Cámara y ahora senadora electa por el Partido Conservador Aída Merlano. En ella encontraron nueve computadores, dos revólveres, una escopeta, una pistola (solo una de las armas con salvoconducto) y dinero en efectivo, aparte de las múltiples cámaras que custodiaban toda la casa.

Los hallazgos dieron pie al procurador general de la Nación, Fernando Carrillo, para ordenar una investigación disciplinaria por presuntas irregularidades en los comicios, que llevarían a compra de votos. Adicionalmente, Carrillo presentó al CNE una solicitud para que no le expida la credencial a la senadora electa.

Las investigaciones han arrojado que la barranquillera, que comenzó como líder juvenil de la casa electoral Gerlein, habría repartido durante su campaña más de 6.000 millones de pesos y varios mercados para comprar electores.

¿Cómo funcionaba?

Su red de compra de votos era bastante sofisticada. Para saber si estos efectivamente llegaban a las urnas, utilizaba códigos QR para identificar y hacer seguimiento a los líderes encargados de las compras de votos, y ratificar que el ciudadano había cumplido.

¿Qué va a pasar con su curul?

En este momento, la representante está suspendida por tres meses (de su cargo como representante a la Cámara), pero se espera que pierda su investidura. Además, la Procuraduría le pidió al Consejo Nacional Electoral suspender la elección de Merlano como senadora para 2018-2022 a raíz de la gravedad de las pruebas en su contra.

¿Qué dice el Partido Conservador?

El Partido Conservador no la puede destituir de la colectividad hasta que la investigación culmine. Por lo tanto, recae en ella la decisión de renunciar o no. Si pierde la investidura después del 20 de julio, los conservadores perderían un senador y se aplicaría el concepto de la silla vacía.