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| 7/4/2015 10:00:00 PM

¿En Venezuela, hasta la cocina se politizó?

Eduardo Moreno, uno de los chefs más reconocidos del vecino país, lleva ocho años trabajando en la clandestinidad.

¿En Venezuela, hasta la cocina se politizó? Eduardo Moreno Foto: El universal - Venezuela
Semana: ¿Por qué se esconde?

Eduardo Moreno: Tuve un restaurante llamado Shayará. Hubo diferencias con mi socio, pero se sumó que la municipalidad comenzó a cobrarme impuestos altos y se convirtió en mi enemiga. Además, el odio que nuestro difunto expresidente sembró hacia los “oligarcas” empezó a afectarme.

Semana: ¿Hoy dónde cocina?

E. M.: En mi casa, que llamo La Isabela. Tras 23 años en restaurantes formales, todos legales, ya tenía clientes suficientes como para vivir de ellos.

Semana: ¿Cómo funciona su restaurante clandestino?

E. M.: Todas las semanas les mando un mail con el menú a mis amigos. Luego las reservas se hacen por teléfono. Tengo capacidad máxima para 35 personas. Cada comensal debe traer su propia bebida y paga 55 dólares por comer.

Semana: ¿Hay más restaurantes de ese tipo?

E. M.:Sé de dos más en Caracas. Uno se llama Cité Privé.

Semana:¿Le preocupa estar en la ilegalidad?

E. M.:Tengo mi propia estrategia. Los productos de India, España, Francia e Indonesia que uso los traigo en el equipaje cuando viajo. En inmigración me los abren, pero no son volúmenes grandes, están al vacío y tienen permisos sanitarios.

Semana:¿Quiere politizar la gastronomía en Venezuela?

E. M.:Para nada. Al contrario, mi comedor es más bien apolítico. La gente viene, se siente segura, come rico y ya. Quiero que la gente se sienta en la Caracas del pasado: tranquila, sin pugnas.

Semana:¿Es verdad que incluso funcionarios del gobierno van a La Isabela?

E. M.:Vienen pocas personas del gobierno y van no a quejarse, sino a comer rico. En mi casa no se ha presentado ninguna situación tensa. Cuando sirvo la comida surge un idioma universal que traspasa cualquier diferencia.

Semana:¿Cómo quiere mantener la clandestinidad si aparece en medios?

E. M.:Vea, yo cocino para mis amigos. Los que pueden pagan, los que no, no. Y hago lo que hago para sobrevivir en mi país.

Semana: Mucha gente ha decidido irse del país. ¿Ha pensado hacer lo mismo?

E. M.: A pesar de la mala situación, tengo una posición privilegiada. No estoy exento de que me maten o me roben, pero creo que hay que luchar y no irse. Creo que viene un cambio, y cuando venga podré montar otra vez un restaurante normal.
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