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| 10/3/2004 12:00:00 AM

Agua nueva, vida nueva

Montería es un ejemplo de cómo aún en los casos más críticos se puede mejorar en forma dramática el servicio de agua potable. Sincelejo tiene el reto de seguirlo

Amediados de 2002 un inusual regalo llegó a las oficinas de Proactiva, la firma privada que opera y mantiene el acueducto y el alcantarillado de Montería, la capital de Córdoba. Se trataba de una pequeña y trajinada motobomba acompañada del siguiente mensaje: "Ahí se las mando porque ya no la necesito". Este singular regalo, más que estadísticas y cuadros, fue el mejor indicador que tuvo Fernando Moncaleano, gerente de la empresa, de que estaba haciendo bien su trabajo.

Hace cinco años largos en Montería el servicio de agua era un desastre. La mitad de sus habitantes no tenían conexión domiciliaria, y tenían que comprar el agua a carrotanques o por galones y les salía más cara que la gaseosa. A los afortunados con servicio en sus casas sólo les llegaba el agua uno que otro día de la semana. Por eso la gente tuvo que comprar motobombas como la del regalo para aprovechar las pocas horas de servicio y llenar enormes tanques. Así hacían rendir el agua toda la semana. Mientras la gente pasaba estas penurias para conseguir algo de agua, el caudaloso y ancho río Sinú se paseaba a lo largo de la ciudad, como testigo mudo de que algo se estaba administrando muy mal.

Hoy las cosas son diferentes. Si antes sólo 30.000 hogares monterianos tenían el intermitente servicio de agua, hoy son más de 50.000 los que lo tienen, la mayoría de ellos continuo todo el día. Esto es, el 90 por ciento de sus 343.000 habitantes ya cuentan con agua potable en sus casas. "Ahora podrán usar esos gigantescos tanques, en el mejor de los casos, como refugio en caso de un bombardeo", dice en broma Moncaleano.

¿Cómo se logró el milagro? En muchas partes del país, ante el fracaso rotundo de la administración pública de las empresas de acueducto y alcantarillado, se optó por entregarlas en concesión a empresas privadas para que ampliaran y mejoraran el servicio, lo operaran y mantuvieran. Las empresas colapsaron no por ser públicas -porque de hecho hay empresas públicas con logros impresionantes como la EPM de Medellín y la Eaab de Bogotá- sino porque las carcomieron el clientelismo y la corrupción. La primera concesión en Cartagena abrió el camino, y aunque desde entonces se han aprendido muchas lecciones sobre cómo concesionar estos servicios, sus operadores privados han mejorado sustancialmente el servicio de la ciudad. El de Montería ha sido uno de los casos ejemplares de concesión en que hubo una competencia ardua entre los participantes de la licitación, se diseñó un contrato exigente y las partes han cumplido sus tratos.

Proactiva, una filial de la francesa Veolia Environnement, una de las seis multinacionales que operan los acueductos de muchas ciudades del mundo, fue la empresa ganadora del concurso para operar el sistema de acueducto y alcantarillado de Montería. Es la misma firma que administra la planta de Tibitoc, que surte parte del agua de Bogotá, y opera y mantiene el acueducto de Tunja.

En el diseño del contrato se impusieron unas metas de ampliación de coberturas y de continuidad que obligan a Proactiva a hacer inversiones permanentemente durante los 20 años que dura la concesión. Por ejemplo, por cada acometida que se instale en un estrato alto se deben instalar tres en estratos bajos. El compromiso es que al final de la operación, incluyendo el crecimiento que tenga la ciudad en este lapso, se garantice una cobertura de mínimo el 90 por ciento en acueducto y del 80 por ciento en alcantarillado. La meta en acueducto se cumplió anticipadamente y la de alcantarillado va por el 40 por ciento.

Se planearon inversiones por 160.000 millones de pesos de hoy, de los cuales Proactiva desembolsa 8.800 directamente y 18.000 con un crédito a cargo de la empresa; el municipio, durante el tiempo de la concesión aporta 74.700, y el gobierno nacional que invierte 7.600. El resto se debe sacar de la misma operación del servicio. Hasta ahora, según Moncaleano, empresa, gobierno y municipio han cumplido estrictamente con sus aportes, lo que ha permitido avanzar a buen paso en la mejoría del servicio.

También han venido superando otra gran dificultad: la cultura de no pagar de la gente. "En ese momento el servicio era tan malo que era un descaro que nos lo cobraran", dice Rafael Cabrales, el propietario de un local en el centro de Montería. Al inicio de la concesión no recaudaban ni la mitad de los 1.500 millones de pesos que se facturaban. La ciudad apenas contaba con 797 medidores y el resto se facturaba por el promedio de consumo.

A medida que se fueron cambiando las viejas tuberías y se ampliaba la cobertura, el servicio fue mejorando y los reclamos por la facturación fueron disminuyendo. Hoy se recauda casi la totalidad de los 3.300 millones de pesos que se facturan y según una encuesta reciente de Sáenz Auditores Consultores, el 90 por ciento de los monterianos consideran que el servicio ha mejorado.



Vecinos con sed

En la vecina Sincelejo, capital de Sucre a sólo 90 kilómetros de Montería, las cosas han ido más despacio. La empresa de acueducto ha sido fortín de los políticos que nombraban a personas no calificadas en los cargos clave e incluso ofrecían no cobrarle el agua a quien votara por ellos. Se había expandido el servicio sin rigor técnico, como en las comunas ocho y nueve, donde se instaló la tubería pero nunca se conectó a la red matriz. Además pululaban las conexiones fraudulentas. Aunque se distribuía a algunos sectores con el fin de poder repartir el poco líquido que había, algunas casas privilegiadas lograron estar conectadas a todos los sectores. Igual que en la Montería de antes, clínicas y hoteles se acostumbraron a llenar sus depósitos con carrotanques y el comercio, a comprar galones de agua de regular calidad en la calle.

La mayor dificultad del acueducto de Sincelejo es que no tiene un río cerca del que se pueda tomar el agua sino que ésta se tiene que bombear de acuíferos que están hasta 300 metros bajo tierra. Como no se puede bombear agua cuando no hay luz y esta falla a menudo, entonces también se quedan sin agua.

Ante la crítica situación, a finales de 2002 el municipio abrió una licitación para entregarle la administración del sistema de acueducto y alcantarillado al sector privado. Ganó Aguas de la Sabana, una empresa de inversionistas españoles y estadounidenses que empezó a operar en enero de 2003.

En este año largo de operación la empresa ha tenido algunos logros, como llevarle agua día de por medio a la vecina ciudad de Corozal, que sufría de sed. Pero todavía hay problemas de cobertura y de continuidad graves. Tanto que a la empresa coloquialmente la llaman 'Aguas de la semana'.

"Un atraso de 20 años no lo vamos a resolver en menos de dos", dice Walter Ruiz, gerente comercial de Aguas. Hasta ahora han invertido 9.000 millones de pesos para reactivar 18 pozos antiguos, construir uno nuevo y renovar la tubería, sobre todo en los sectores más pobres de la ciudad. También contrataron trabajadores sociales para atender las quejas del servicio y educar a la gente para que tome conciencia de la importancia de ahorrar el agua. La gente desperdicia la poca agua que llega también porque todavía no tienen medidores, sino que les cobran un promedio por estrato. Aguas ha logrado subir su facturación mensual de 500 a 1.000 millones de pesos, pero solo recauda la mitad. La meta, según el contrato, es que al final de la concesión debe estar garantizada una cobertura del 96 por ciento en acueducto y alcantarillado.

"Esperamos que a los cuatro años, tal como sucedió con Montería, logremos un buen servicio para la mayor parte de la ciudad", dice Ruiz. Pero esto sólo será posible si el gobierno aporta oportunamente los recursos a los que se comprometió, algo en lo que ya se ha retrasado. De todos modos las esperanzas de los sincelejanos y varios de sus vecinos están cifradas en esta nueva fórmula, con la que esperan por fin vivir como los monterianos, con cada vez mejor servicio de agua y con cada vez mayor acceso al alcantarillado. Y la clave del éxito, como lo vienen demostrando Montería y otros municipios como Turbaco, Chigorodó y Sonsón, entre otros, no es que sea el sector privado el operador, sino que el gobierno cumpla con sus inversiones, vigile que las empresas cumplan con lo que se comprometieron y los ciudadanos ahorren agua y controlen a quienes administren, para que la historia de las empresas saqueadas e ineficientes no se repita.

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