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| 10/10/1994 12:00:00 AM

AMOR Y AMISTAD

AMOR Y AMISTAD, Edición 645, Sección Especiales, 23766 AMOR Y AMISTAD


RELACIONES PELIGROSAS
El peligro de la obsesión va más allá del amor, y pasa a convertirse en una adicción en donde el bajo grado de autoestima, la inseguridad, el miedo, la ansiedad, la dependencia y el acoso persistente, son los grandes protagonistas.

EL PENSAR CONStantemente en una persona, la desesperación por recibir la llamada del ser amado, el querer estar a su lado a todo momento y el sufrimiento que se siente por su ausencia parecen ser las características de todo enamorado. Pero cuando todas estas actitudes van a extremos, y la energía total de uno se vuelca hacia el otro, aparece lo que comúnmente se llama obsesión.

La mayoría de las veces cuando se habla de una obsesión amorosa, lo primero que pasa por la mente de cualquier persona es una persecución tan delirante como la de la película Atracción fatal, pero no en todos los casos se presentan características tan fuertes y peligrosas como las que se tratan en la cinta. Y es que el amor es fuente de felicidad no de desdicha, es un estado ideal en donde se mezcla la ternura, la comprensión,el valorar cada detalle, cada sonrisa, cada palabra. Es ese sentimiento que transporta a la persona por los senderos más preciosos del universo y llena al ser amado de energía, optimismo y seguridad.

A raíz de todos los amores de novelas y las canciones de amor, el sentido real de éste se ha desvirtuado y el modelo que se propaga es el de amor sinónimo de posesión. Mientras en el amor se crece y se da paso a la autorrealización, la obsesión reduce los espacios, impide el desarrollo individual, crea una dependencia absoluta y nunca acepta la realidad. Un amor obsesivo es más dañino de lo que se cree y más común de lo estimado; se convierte en uno adicción a tal nunto que la persona que lo manifiesta pierde la noción del tiempo y no mide ninguna consecuencia de sus actos.


ATRACCION Y RECHAZO

Existen tres clases de amores obsesivos. Aquel que se da entre extraños y por consiguiente sin ningún fundamento de amor y con la usual característica del rechazo. Otro se manifiesta entre los amigos confidentes o simples compañeros de trabajo, que aun conociendo las condiciones de amistad, no conciben ni respetan los límites establecidos y persisten en un acoso desaforado. Pero el último y el que menos se conoce, es el que se presenta en una relación de pareja estable ya sea de novios, amantes o esposos. Y sucede cuando alguno de los dos mantiene un constante pensamiento negativo hacia el otro viviendo en una agonía permanente.

Cuando las personas comienzan a amar obsesivamente, se encierran y sólo tienen ojos para el ser amado, dejando de lado los amigos y la familia. Existe una idealización de la persona y se magnifican todas las cualidades; sin embargo los regalos, las llamadas, las invitaciones, los interrogantes, el desespero por saber dónde, con quién y qué está haciendo, se hacen cada vez mayores e incontrolables.

Comienza entonces una larga lucha y el desespero por conseguir al menos algo más de afecto o algo de atención. En este punto los regalos se convierten en el flanco preferido, y las cartas de amor, las llamadas a medianoche y los encuentros casuales, se muestran a través de una persecución que nunca cesa. Es cuando la víctima sufre del acoso, angustia constante y en algunos casos hasta miedo. A raíz de esta situación, su seguridad e integridad personal parecen desmoronarse ante sus ojos.

En todos los casos la persona que manifiesta amor obsesivo sufre igual o más que la contraparte, porque su desgaste físico y emocional puede llevarlo a dejar de vivir si no consigue su objetivo.

Cada detalle no realizado es interpretado como una falta de afecto -la llamada que no se hizo, la palabra que no se dijo o la cita que no se cumplió-, esta inseguridad alimenta los celos que muchas veces son enfermizos y conducen la mayoría de las veces a la depresión, ansiedad y al final a la soledad.

Según la sicólogo Patricia Villegas, "Este tipo de relaciones son muy angustiosas y hacen bastante daño; para evitarlas se debe reforzar el autoestima y empezar a creer y sentirse seguro de sí mismo, además parte de la solución es aceptar el rechazo, la desilusión y la culminación de un amor".

Casos se han visto en todos los renglones de la sociedad, como el que Aura Cristina Geithner, una de las actrices más queridas por el público colombiano, le contó a SEMANA.

"Su nombre es Martín Montenegro, fue el mejor de los amigos, un hombre muy noble y correcto, nos conocimos hace más de 10 añosen el Tecnológico de Monterrey en México. El se convirtió en mi confidente, en mi compañía permanente, casi que en mi sombra y yo lo quise mucho, lógicamente como se quiere a un gran amigo.

Pero Martín se propuso conquistarme, claro que nunca me lo confesó, como tampoco nunca se sobrepasó, solamente empezó a enviarme flores, regalos, cartas de amor, poesías, hasta que me sentí ahogada, confundida, culpable e injusta, pero aunque le pregunté una y otra vez si él estaba enamorado de mí, nunca lo confesó.

Luego me vine para Colombia y Martín continuó buscándome y tratando de seducirme con sus continuos detalles, fue entonces cuando decidí cortar por lo sano y no he vuelto a saber más de él.

Pero últimamente lo que sí me tiene preocupada es la cantidad de admiradores, en este caso mujeres que me llaman a medianoche, me envían muñecos, regalos con dedicatoria de amor y cartas supuestamente de admiración y amistad. Algunas de ellas las he conocido en los set de grabación, pero se hacen pasar por amigas para que yo las atienda, me tiene tan histérica que he recurrido a un amigo para que me ayude en esta horrible y molesta situación".

Así como una hermosa actriz tiene que enfrentar a menudo algunas situaciones, el común de las personas puede caer en ellas o ser parte de una fantasía amorosa; este es el caso de una mujer de 29 años.

Olga Lucía actualmente es una profesional, estudió administración hotelera y fue víctima de una obsesión cuando tenía sólo 20 años.

Todo empezó con un viaje de pasantías en Cali, y allí conoció a un muchacho de unos 25 años, alto, delgado, atractivo pero muy tímido.

Se conocieron en una reunión y ella le contó cosas de su vida como en donde vivía, el sitio donde estudiaba, algo normal cuando se entabla una conversación. Al día siguiente, Olga estaba sentada en la cafetería con sus demás amigas, y él justo al frente permanecía inmóvil sólo mirándola. Esta actitud continuó durante los cinco días con obsequios, pero todos eran dibujos de ella. "Era un pintor y lo hacía bien, al principio no me pareció malo recibirle una de sus obras, pero todas las que tenía eran mías y me asusté.

"Así pasó. Regresamos a Bogotá, y un día cualquiera lo vi justo al frente de la universidad, sin hablarme, sólo me miraba. Intenté hacer caso omiso y no prestarle atención pero una noche me siguió hasta mi casa, me dejó entrar y luego golpeó y sin decir ni una palabra descubrió un cuadro tan inmenso con mi pintura que quedé despavorida, mi padre se hizo cargo del asunto y tuve que salir del país".

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