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| 8/3/1987 12:00:00 AM

ARMAMENTOS DEL TERCER MUNDO

ARMAMENTOS DEL TERCER MUNDO, 9180 ARMAMENTOS DEL TERCER MUNDO
CON EL MUNDO SOBRE LOS HOMBROS
Como Atlas, Javier Pérez de Cuéllar tiene el mundo entero sobre los hombros.
Como secretario general de la ONU, trata de mantener la estabilidad, la seguridad y la paz entre los 159 países miembros de las Naciones Unidas. Sus clientes varían desde las superpotencias, EE.UU. y la URSS, hasta los pobres, como Tanzania y las Maldives.
De Cuéllar, nacido en Lima, Perú, hace 67 años, es abogado, y se ha desempeñado como diplomático en Francia, Inglaterra, Bolivia, Brasil, la Unión Soviética, Polonia, Venezuela y las Naciones Unidas.
En 1946, fue miembro de la primera delegación peruana ante la Asamblea General de la ONU, y ha visto progresar a esta entidad, de 51 miembros fundadores, a un heterogéneo grupo de 159 países que exigen que se los escuche.
Durante una entrevista reciente, el secretario general confesó que a diario enfrenta frustraciones.
Sí, preferiría un mundo más pacífico, dijo. Lo que es más, les ha propuesto a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EE.UU, la URSS, la República Popular China, el Reino Unido y Francia), que "deberían considerar en algún momento embargar armas" a las diversas facciones en guerra de países en vías de desarrollo.
Pero el tráfico sigue.
Lamentablemente, continuó, los países que venden armas "tientan constantemente con armas sofisticadas a los países en vías de desarrollo. Estos países no necesitan estas armas. Los países en vías de desarrollo no deberían exceder lo que resulte razonable para su seguridad".
Como resultado, la deuda del Tercer Mundo sigue aumentando. Debe más de un billón de dólares, incluyendo los 382.000 millones adeudados por América Latina solamente.
"No esperaba obtener una reacción positiva inmediata de las cinco potencias", dijo. "Pero creo que lo tienen que pensar, y que es un elemento que ha ayudado a prolongar la guerra entre Irán e Iraq por muchos años".
Al preguntásele sobre la terminación de esta guerra de seis años y medio, de Cuéllar dijo: "Le puedo decir que las cosas se mueven -por supuesto, lentamente, porque es un problema complicado- pero que la situación está un poco más tranquila. A veces la gente actúa sólo bajo presión, pero espero que este no sea el caso".
Lo que le parece fundamentalmente importante, es que los "cinco miembros del Consejo de Seguridad se pongan de acuerdo sobre alguna política que solucione el problema en forma general".
La guerra es una frustración, como lo es la guerra civil de 12 años de El Líbano. De Cuéllar dijo que la ONU no intervino, por dos motivos:
"Ante todo, nos lo tiene que pedir el gobierno de El Líbano, y, segundo, necesitaríamos el apoyo del Consejo de Seguridad. De un modo u otro, la filosofía de la ONU es que la crisis libanesa es interna".
Algunos días son mejores que otros. De Cuéllar cita un ejemplo, la llamada del presidente Reagan unos días antes de Navidad para decirle que apoyaría ante el Congreso la contribución estadounidense de 100 millones de dólares. De Cuéllar estaba contento, pero le sigue preocupando que el personal de la ONU haya crecido de 1.566 empleados en 1946 a 11.432 este año.
Mientras tanto, otra frustración es la negociación de Diego Suárez, el vicesecretario de asuntos políticos, sobre los problemas de Afganistan y Pakistan.
De Cuéllar dice que enfrenta dos cuestiones principales: "Una agenda para el retiro de todas las fuerzas extranjeras, y cómo se resolverá el problema de la reconciliación nacional en Afganistan".
Al preguntársele si se sentía optimista sobre el resultado, respondió: "Bueno, tengo esperanzas. Desde que soy secretario general, he descubierto que las palabras 'optimista' y 'pesimista', no deben ser parte de mi vocabulario."

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