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| 9/24/2004 12:00:00 AM

Atados a las drogas

Mientras que Estados Unidos y la comunidad internacional no frenen el consumo y sus políticas punitivas contra el consumo de drogas, Colombia seguirá viviendo 100 años más de soledad, sufrimiento y frustración.

Atados a las drogas Las políticas que se adopten en el futuro para combatir el mercado de las drogas ilegales no deben depender exclusivamente de la erradicación de los cultivos.
Un general, es temerario pronosticar los desarrollos de la industria de las drogas ilegales en cualquier entorno social. En efecto, cualquier persona que hace 25 años hubiera escrito la historia colombiana y de las drogas del último cuarto de siglo hubiera sido un buen candidato al premio Nobel en Literatura o a ser enviado a un sanatorio mental. En el extraordinariamente complejo caso colombiano, cualquier pronóstico es realmente imposible de hacer con algún grado de certeza.

Hace 10 años fue relativamente fácil pronosticar que la destrucción de los grandes 'carteles' iba a generar un fraccionamiento de la industria pero hoy la industria de drogas ilegales es mucho más compleja que en el pasado. En 1980 los actores principales eran los 'carteles' y quienes desde el Estado se oponían a ellos y a la red de apoyo social requerida para que la industria ilegal actuara: lavadores de activos, políticos, etc. Los cultivos ilícitos existían pero no se percibían como un problema grave.

Hoy la temática de las drogas involucra al crimen organizado, a un enorme número de campesinos, a las guerrillas y paramilitares, a una compleja red de agencias del Estado, a una red de apoyo social más compleja y a un gran número de ONG extranjeras, las Naciones Unidas y otros Estados, principalmente Estados Unidos y los países vecinos. El 'problema' de las drogas en Colombia se ha vuelto mucho más complejo, se ha internacionalizado y además ha internacionalizado el conflicto armado que vive el país.

Además, la industria ilegal ha desarrollado nuevos productos, particularmente la heroína, nuevas técnicas de producción que han aumentado la productividad y ha abierto nuevos mercados. En efecto, el mercado de la cocaína en Estados Unidos ha estado estancado o decreciente durante los últimos 15 años y el narcotráfico y el consumo se han expandido a Suramérica, Europa y la antigua Unión Soviética. Por ejemplo, hoy el segundo mercado de cocaína por volumen de consumo (no por valor de ventas) es Brasil. Otros desarrollos incluyen el establecimiento de vínculos de los traficantes colombianos con los 'carteles' mexicanos y con organizaciones criminales europeas.

Dosis compleja

Los analistas reconocen la creciente complejidad del fenómeno de las drogas el cual es totalmente multidisciplinario, incluyendo aspecto de salud pública, política, sociología, economía, derecho, criminalidad y justicia, antropología, química, estadística, relaciones internacionales, medio ambiente... Hoy existen diferencias de opinión y debates sobre las drogas ilegales en todas estas disciplinas. Infortunadamente, las dificultades de comunicación entre disciplinas complican enormemente los debates que con frecuencia se convierten en diálogos de sordos.

Otro desarrollo grave ha sido la polarización e ideologización de las posiciones hacia el tema de las drogas, fenómenos reforzados por la asociación de las drogas ilegales a grupos que utilizan tácticas terroristas.

Después del 11 de septiembre de 2001 esto ha llevado a la descalificación de quienes sostengan posiciones diferentes a las propias. Por ejemplo, el 8 de septiembre pasado en un seminario sobre desarrollo alternativo en la Universidad de los Andes el vicepresidente Francisco Santos explicó que quienes afirman que la fumigación con glifosato tiene efectos nocivos sobre la salud simplemente contribuyen a una campaña de desinformación que beneficia a la guerrilla y los paramilitares.

Esta polarización también se expresa en las acciones de las agencias tanto del gobierno estadounidense como del colombiano que al contratar estudios vetan a quienes ellos consideran que producirían trabajos que no apoyen totalmente las políticas de dichos gobiernos. Por consiguiente, la evaluación de las políticas es cada vez más difícil en el ámbito oficial. Estos ejemplos resaltan otro cambio importante: la 'guerra contra las drogas' es hoy una estrategia que condiciona de manera mucho más clara las políticas y acciones de los gobiernos colombiano y estadounidense que en el pasado.

Cualquier pronóstico de lo que será la industria de drogas colombiana dentro de 15 ó 20 años requiere hacer supuestos sobre una cantidad de variables imposibles de predecir. Por ejemplo, la fumigación de cultivos en Colombia puede desplazar dichos cultivos a otras zonas del país, a otros países o, como desearían los guerreros contra las drogas, podría disminuirlos de manera definitiva en el mundo.

Los siguientes son otros interrogantes relevantes. ¿Cómo evolucionarán las organizaciones traficantes? ¿Cuál será el desarrollo del conflicto armado y de los procesos de negociación actuales y los que surjan en el futuro? ¿Qué otras actividades desarrollarán las organizaciones criminales colombianas? Después de todo, Colombia es hoy el primer productor de dólares falsos y de secuestros del mundo y un exportador importante de prostitutas a Europa y otros países, para mencionar sólo algunas de las actividades ilegales importantes en Colombia. En otras palabras, en el país hay un grupo muy importante de personas y organizaciones que están dispuestos a explotar el débil imperio de la ley que predomina en Colombia.

Posibles caminos

Lo anterior resalta la importancia de la forma como evolucione el conflicto armado y de la capacidad del Estado de implantar el imperio de la ley importantes como condicionantes del desarrollo futuro de las actividades ilegales.

Sin embargo, y en respuesta a la solicitud de SEMANA, me atrevo a sugerir algunos posibles desarrollos en la industria ilegal a 2020. En principio, estos son más fáciles de pronosticar para el extranjero que dentro de Colombia. Un cambio importante predecible es un aumento en la importancia mundial de actividades económicas ilegales diferentes a las drogas. Entre estas se pueden mencionar, el tráfico de personas, el contrabando de material radioactivo, químico y biológico, el tráfico de órganos humanos, y los crímenes cibernéticos. Es claro que esta lista no es exhaustiva. A esto se agrega el creciente número de organizaciones dispuestas a utilizar estrategias terroristas. Estos desarrollos no son nuevos y las instituciones ya están adaptándose a ellos. Por ejemplo, hace 10 años las Naciones Unidas tenían una agencia encargada de formular políticas contra las drogas. En 1998 se agregó a sus responsabilidades lo atinente al crimen organizado y más recientemente el terrorismo. No sería sorprendente que en unos años esta agencia se llamara Oficina de Terrorismo, Delito y Drogas y que estas últimas tuvieran una prioridad bastante menor que la actual.

También puede esperarse que los grupos traficantes traten de evadir ser clasificados como organizaciones terroristas. Esto podría dificultar a las guerrillas y paramilitares colombianos encontrar socios dispuestos a participar en el tráfico de drogas. El ejemplo de las mafias tradicionales estadounidenses es muy sugestivo al respecto. Cuando el gobierno declaró la guerra a las drogas, dedicó más recursos a atacar el tráfico de drogas y aumentó las sentencias mínimas, ellos simplemente se concentraron en otras actividades ilegales como los juegos de azar, la extorsión a la industria de procesamiento de basuras y la prostitución y dejaron el campo de las drogas ilegales a otros grupos.

Otro desarrollo probable sería un aumento en el número de países productores de drogas ilegales. Las drogas se producen en sitios con poco imperio de la ley y estos están aumentando en el mundo. Los desarrollos en proceso en muchos países pobres apuntan en esa dirección. Por ejemplo, la violencia y debilitamiento de los Estados del África tropical generará entornos propicios al desarrollo de las industrias ilegales.

La guerra contra el terrorismo sin entender ni buscar sus causas estructurales, tenderá a generar más desarraigos y grupos insatisfechos dispuestos a participar en el negocio ilegal.

En la soledad

Por el lado del consumo se puede esperar que la globalización misma y el desarraigo que genera en muchos grupos tienda aumentar el consumo en muchos países. La ya disminuida diferencia entre países productores y consumidores de drogas tenderá a desvanecerse mucho más de lo que es actualmente. Estos desarrollos podrían llevar al desarrollo de industrias de drogas sintéticas, especialmente las anfetaminas, en países pobres y en los de la antigua Unión Soviética.

La evolución de las políticas contra las drogas es un punto sobre lo cual no creo posible hacer pronósticos. Las políticas actuales tienden a ser reactivas ante lo que se percibe como una crisis y atacan la producción, trafico y consumo de drogas sin buscar sus causas institucionales y estructurales. Pareciera que para los artífices de política los fenómenos de las drogas fueran creados por grupos de malos contra quienes hay que luchar con cualquier arma pues sus acciones no tienen ninguna justificación.

Estas políticas pueden, en el mejor de los casos, obtener logros de corto plazo, pero no han podido obtener las soluciones buscadas. Hace 100 años surgió el prohibicionismo contra las drogas en respuesta a lo que se percibió como una grave epidemia de consumo. Después de 100 años, el consumo de cocaína, por ejemplo, es solamente entre 75 y 115 veces mayor que cuando empezó el prohibicionismo. En otras palabras, el consumo de cocaína per cápita en el mundo es unas 15 a 20 veces mayor que en 1900.

Después de más de 100 años de medidas punitivas contra las drogas es imposible pronosticar lo que se requiere para que estas evolucionen hacia el establecimiento de un sistema que acepte que una proporción de cualquier población buscará probar y experimentar drogas que alteren la mente y que la política hacia esos comportamientos debe buscar cómo minimizar sus costos sociales. Esto requerirá entender las causas profundas de la producción, tráfico y consumo de drogas las cuales tienen sus raíces en la estructura, instituciones y valores de la sociedad los cuales, sin duda, son muy difíciles de cambiar.

El problema desde el punto de vista colombiano radica en que el país puede solamente proponer cambios en la estrategia de política en el ámbito mundial, pero no puede implementarlos sin que el mundo cambie. Desafortunadamente, las políticas y estrategias actuales del gobierno colombiano refuerzan los enfoques punitivos y prohibicionistas internacionales lo cual no permite esperar cambios significativos sin los cuales tendremos otros 100 años no solamente de soledad, sino de frustración y sufrimiento por las drogas.

Yo seré el ciudadano más feliz si mis temerarios pronósticos no se realizan y el 'problema' de las drogas lo logran resolver los gobiernos, especialmente el estadounidense y el colombiano, con sus políticas y enfoques actuales.

* Centro de Estudios y Observatorio de Drogas y Delito, Universidad del Rosario.

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