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| 3/30/2003 12:00:00 AM

Carreras de sexos

A pesar de que las mujeres se han abierto un importante espacio en el campo profesional aún existen ciertas carreras y posgrados que ocupan tímidamente. La cultura y la tradición son algunos de los culpables de este fenómeno.

Mientras que los salones de clases de facultades como enfermería, trabajo social o sicología están llenos de mujeres y los hombres son pocos, en los de ciertas ingenierías ellos se quejan de no encontrar suficientes mujeres para equilibrar la balanza.

Y aunque ya se está en el siglo XXI y hoy las mujeres han incursionado con éxito en todas las áreas de la educación, aún se evidencian enormes diferencias entre las preferencias de lo que estudian hombres y mujeres. La razón de este desequilibrio no está en la falta de oportunidades o de igualdad sino en razones tradicionales e históricas que han hecho que cada género desarrolle habilidades para estas profesiones. Por ejemplo, y aunque suene un poco sexista, las enfermeras casi siempre han sido mujeres y los ingenieros mecánicos hombres.

Ese incremento de la participación de las mujeres en las universidades ha crecido tanto en los últimos años, que hoy representan el 52 por ciento de los estudiantes universitarios.

Sólo por citar un ejemplo, cifras del Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (Icfes) revelan que durante 2001 solicitaron cupo para ciencias de la salud 67.622 mujeres, en comparación con 30.051 hombres. La relación es bastante amplia, aunque tiene explicación. En esta categoría se contemplan carreras como enfermería, sicología, odontología y medicina que, a excepción de esta última, han sido ocupadas ampliamente por mujeres en las dos últimas décadas.

Para explicar esto los educadores señalan tres puntos en los que radican el comportamiento de los dos géneros a la hora de elegir orientación profesional. La primera diferenciación se da por lo que ellos denominan "sesgos culturales", en los que la tradición y la cultura desempeñan un papel determinante. Esta indica que los jóvenes se guían por el oficio que por tradición ha estado en la familia. "Si es hombre, por ejemplo, podrá verse inclinado a elegir la ingeniería como una opción porque es la carrera que estudió su abuelo, su papá o alguna figura importante de la familia", explica Jaime Parra, coordinador de la maestría de educación en la Universidad Javeriana de Bogotá.

Dentro de la categoría también se aplican los estereotipos sociales, en los que se asume que las mujeres se dedican a ciertos oficios y los hombres a otros.

El segundo punto es el de 'la razón intelectiva'. En ésta se asume que no hay diferencias a nivel intelectual entre hombres y mujeres pero sí virtudes marcadas a la hora de ejercer cada oficio. Mientras que los hombres son más analíticos, las mujeres son más perspicaces y sensibles. De ahí puede derivarse la inclinación de las mujeres hacia las humanidades y la de los hombres hacia las ciencias. Según el Icfes, mientras que 91.107 hombres se inscribieron para ingenierías y arquitectura, 40.649 mujeres lo hicieron para las mismas carreras.

El tercero y último punto se basa en que hay carreras guiadas a cada género. "Siguiendo con el ejemplo de ingeniería, quienes enseñan en esa carrera son más que todo hombres. Eso determina el estilo educativo y la manera como las mujeres se pueden identificar", señala Parra.

Causas escolares

Pero al parecer este sesgo también está definido por la forma como los niños y jóvenes están siendo educados en primaria y bachillerato. Un reciente artículo del diario estadounidense The New York Times rescata un estudio realizado en las escuelas de distintos estados, en el que se encontró que, por ejemplo, "computación es tan impopular para las niñas de ahora como lo eran las matemáticas para sus madres". Mientras que las clases de computadores son bastante solicitadas para los hombres, y a veces no hay cupo para todos, en los colegios femeninos se cierran por no contar con inscripciones suficientes. Lo mismo se evidenció en otras áreas.

Frente a este desbalance se creó en el estado de Connecticut, el Connecticut Girls and Technology Network, un grupo que se propone expandir la presencia de mujeres en los campos de la tecnología y la informática. Las primeras medidas en las que ha sido pionero el grupo, y que han adoptado en muchas escuelas, es aplicar, por ejemplo, algunos elementos de las clases de inglés a las clases de matemáticas.

"Como las niñas prefieren las discusiones como las que se presentan en las clases de inglés los profesores de las escuelas han aprendido algunas de esas técnicas para hacer las clases de matemáticas más atractivas", asegura el estudio. "Ellos han abolido el viejo patrón de lectura y tarea y les han asignado a las niñas una lectura previa para discutir en clase".

Sin duda la tradición del centro educativo y el método de enseñanza pueden explicar en algo el hecho de que las mujeres se dediquen a carreras como periodismo, sicología, literatura, enfermería y odontología mientras que los hombres dominen en agronomía, veterinaria e ingenierías. Y que en áreas como administración, ciencias religiosas, derecho, ciencias políticas y matemáticas estén bastante parejos.

Claro que en las ingenierías la situación ha venido cambiando poco a poco, debido a que los campos de acción se han ampliado. Hoy las universidades cuentan con casi una decena de especialidades en ingeniería, como industrial y química, que desde hace tiempo son estudiadas por mujeres. Y aunque otras no tanto, como la mecánica, electrónica y civil, cada vez son más solicitadas por mujeres que demuestran que las brechas son cada vez menos amplias.

Enriqueciendo la profesion

En cuanto a posgrados, la situación es diferente. Si bien todavía se manejan áreas de interés, la escogencia de estos se guían por el campo laboral en el que se desempeñan. Por ejemplo, en los últimos años ha aumentado la presencia de mujeres en las finanzas (corporaciones de ahorro, fiduciarias, leasing, etc.), el derecho y la gerencia.

Una de las especializaciones más importantes de la facultad de derecho de la Universidad de los Andes es la de legislación financiera. En este semestre, por ejemplo, 48 por ciento de sus estudiantes son mujeres, mientras que en la de gestión pública ocupan 59 por ciento. Dos ejemplos de que las mujeres están abriéndose espacios en escenarios antes dominados ampliamente por los hombres.

A pesar de avances notorios, al igual que en los pregrados, los intereses inherentes de hombres y mujeres prevalecen. Por ejemplo, en las especializaciones de ingeniería y arquitectura, el Icfes registra que, mientras se inscribieron 2.129 hombres, sólo lo hicieron 905 mujeres. A diferencia de ciencias de la salud, en las que se presentaron 3.135 mujeres en comparación de 1.647 hombres.

En el campo laboral

Las diferencias se acentúan aún más cuando después de prepararse, tanto hombres y mujeres ingresan en el mercado laboral y comienzan a demostrar que su manera de asumir la responsabilidad y el trabajo difieren completamente.

Aunque sólo el 2 por ciento de las mujeres tienen cargos directivos en el país, su labor es reconocida por sus jefes como más responsable, cuidadosa y más leal a la organización que los hombres.

Además con su trabajo buscan más que el reconocimiento y el poder, la consecución de un logro, a diferencia de los hombres. Una encuesta de Napoleón Franco para la Revista Dinero, determinó que el 51 por ciento de las mujeres se siente más motivada por el logro, el 35 por ciento por la afiliación y por último, el 14 por ciento por el poder.

Esas virtudes reconocidas se demuestran en su cada vez más evidente incursión en el mercado laboral. En los 70, tan sólo el 26 por ciento de los empresarios eran mujeres, hoy la cifra asciende al 50 por ciento. Mientras en Colombia hace 10 años las mujeres eran el 30 por ciento de los empresarios, hoy son cerca del 40 por ciento.

Las mujeres en esta etapa llevan una 'desventaja' porque es en el momento de la especialización y cuando están empezando a cultivarse como profesionales que se ven obligadas a abandonar estos frentes. "En posgrados hay ciertas deserciones de mujeres por el matrimonio y la maternidad", comenta Jenny Sánchez, coordinadora de posgrados en derecho de la Universidad de los Andes. Por ello se ven obligadas a abandonar por un tiempo estudios y trabajo.

Pero por otro lado, también se está presentando que aplazan los cambios en su vida personal y sus proyectos como madres y esposas para dedicarse a ascender en sus trabajos. De esta manera escogen entre dos posibilidades que aparecen al mismo tiempo y que en muchos casos no son compatibles.

Todo ello demuestra que cada vez son más los factores que diferencian a hombres y mujeres. En cuanto a la educación, el asunto es de gusto, cultura y habilidades. Y en el campo laboral, de manera de hacer las cosas, sin que uno sea mejor que otro. No obstante, esa brecha es cada vez más angosta, porque las mujeres quieren incursionar en campos en los que antes no estaban interesadas y la cultura inconscientemente no les permitía.

Y aunque aún falta mucho para llegar a los tiempos en los que los hombres deberán subirse a los árboles o esconderse de las mujeres, la incursión de ellas en todas las áreas, posgrados e investigación ha sido fundamental para el desarrollo del país. Por eso es importante reforzar las áreas en las que las mujeres aún siguen siendo minoría.

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