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| 8/20/1990 12:00:00 AM

CONSTRUCCION Y VIVIENDA

CONSTRUCCION Y VIVIENDA, Edición 429, Sección Especiales, 13748 CONSTRUCCION Y VIVIENDA
EL ESPACIO DE TODOS
El planeta Tierra sobrepasó ya la cifra de los 5 mil millones de habitantes y, según los cálculos, en el año 2040 tendrá alrededor de 9 mil millones. La creación de nuevas ciudades es improbable. Pretender que se frene el crecimiento de las urbes de hoy es imposible. Por el contrario, se ha empezado a hablar de megalópolis, como la unión de dos o más metrópolis cercanas. El eje San Diego-Los Angeles-San Francisco se proyecta como una de ellas.
Si los centros urbanos se ven en la imperiosa necesidad de alojar cada día un mayor número de habitantes, es de suponer que el perfil de las ciudades será eminentemente vertical. Las casonas de los abuelos no figurarán más que en los libros de historia y el espacio residencial se convertirá, como ya está convirtiéndose en simples unidades de habitación.
Frente a esta expectativa, el habitante de la metrópoli debe pasar la mayor parte del tiempo en el exterior. En el supuesto espacio colectivo, que empieza con el propio sitio de trabajo. "Sin embargo, el espacio público, ese espacio que le pertenece a todos, no refleja en las ciudades de hoy el sentimiento colectivo, asegura Francisco Mejía Guinand, director ejecutivo de la Sociedad Colombiana de Arquitectos. El diseño del espacio público debe estar basado en el análisis social, en el conjunto de zonas colectivas que permitan el intercambio de ideas de una comunidad homogénea, que habita la ciudad. Pero, desafortunadamente, lo que se ha hecho es diseñar el espacio público con base en necesidades funcionales. Se piensa en los requisitos que impone el tránsito peatonal. Cuando más, se pretende decorar las calles. Y al colocar un arbolito en un separador, se cree haber cumplido con todo".
De manera que del ágora de los griegos, ese sitio donde se daba cabida a todo el mundo, donde se albergaba una colectividad para satisfacer necesidades imperiosas como la recreación, sin importar el estrato social o económico de las gentes, poco queda. El espacio público de hoy carece de significado. La muestra palpable la constituyen las zonas céntricas de las ciudades.
El centro de las urbes de hoy se ha convertido en sinónimo de miedo. Y es allí, precisamente, donde se encuentran los símbolos arquitectónicos institucionales que le dan sentido a una nación. No obstante, es común encontrar niños bogotanos que no conocen la Plaza de Bolívar, así como en Nueva York muchas personas nunca miran más allá de Manhattan.
"El espacio público, puntualiza Mejía Guinand, debe caracterizarse por su amabilidad, por la oportunidad que le ofrece a los habitantes de una ciudad para desarrollar una vida en comunidad gratificante. Y son los propios arquitectos los que deben luchar por darle ese sentido, convirtiendo en iconos de afecto para los ciudadanos los diseños públicos que emprenden".

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