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| 11/25/1985 12:00:00 AM

CONSTRUCCION Y VIVIENDA

La vivienda popular se ha convertido en sinónimo de vivienda deficitaria. Lo afirman estudios realizados en Bogotá y Medellín

CONSTRUCCION Y VIVIENDA, Sección Especiales, edición 182, Nov 25 1985 CONSTRUCCION Y VIVIENDA
EL ICT NO HACE VIVIENDAS
Cada vez con mayor frecuencia, el Estado colombiano confunde la vivienda popular con la vivienda deficitaria, según lo afirman estudios realizados en Bogotá y Medellín. No otra es la conclusión a la que llegan luego de analizar las "viviendas" que adjudica el Instituto de Crédito Territorial, ICT, ente gubernamental encargado de contribuir a solucionar el problema de vivienda en las clases menos favorecidas.
Según una evaluación arquitectónica de los proyectos de vivienda hechos por el Estado en los últimos 20 años, realizado por dos arquitectos bogotanos, si bien el proceso inflacionario y el incremento de demanda de vivienda han obligado al ICT a multiplicar sus recursos, eso lo ha hecho a costa "de la reducción en las dimensiones y calidades de las soluciones a construir, y por lo tanto, en una modificación en la concepción de lo que ha de entenderse por una vivienda para la clase baja".
Hace unos 25 o 30 años, cuando el ICT dejó de construir vivienda rural y empezó a urbanizar las ciudades, las viviendas tenían entre 120 y 140 metros cuadrados.
Actualmente, una de las modalidades del ICT es la llamada "área mínima", en la cual se entrega un área construida promedio de 18 a 24 metros cuadrados: un espacio único con un poyo (que no alcanza a ser cocineta) y un baño.
La adquisición por parte de un adjudicatario, de una solución de éstas, supone una de dos alternativas: primera, quedarse a vivir en ella tal y como la recibe, a falta de recursos para ampliarla, lo cual supone el hacinamiento. teniendo en cuenta que el promedio de una familia en nuestro medio es de cinco a siete personas. Esto, si además no tiene que poner el negocito que le permita sobrevivir y ayudarse a pagar las cuotas.
Y segundo, iniciar la terminación de la vivienda por el sistema de autoconstrucción, lo cual supone inversiones extras, que comprometen generalmente los ahorros, las cesantías o algún préstamo; además del tiempo libre y de descanso de la familia, porque ahora todos deben utilizarlo en la terminación de la vivienda.
Estos problemas que conlleva la autoconstrucción. también deben enfrentarlos los adjudicatarios de una de las soluciones más incipientes que ofrece este ente gubernamental, "los lotes con servicios". Así, la autoconstrucción se ha convertido en una obligatoriedad de los usuarios del ICT.
De otro lado, porque siempre entrega las viviendas sin terminar, es decir, sin closets, sin revocar, con un solo baño, sin puertas, sin algunos muros y hasta sin baldosa. Ello supone que el adjudicatario debe disponer de dinero extra para ver su vivienda terminada, e incluso habitable.
Porque el sistema de la autoconstrucción se hace tan largo, tan inseguro y depende tanto de la disponibilidad de dinero, que es muy pequeño el porcentaje de usuarios que logra ver algún día terminada su vivienda.
No sólo por dentro
Pero a más de todos los problemas al interior de las viviendas, las urbanizaciones del ICT no ofrecen en los espacios interiores compensaciones a los espacios exteriores.
Los senderos peatonales son estrechos, las calles vehiculares son escasas, dificultando, por ejemplo, la llegada o la salida de enfermos, la entrada de un mercado, la llegada hasta la casa cuando llueve, la entrada de materiales hasta la vivienda, etc.
Además, y en cuanto a la cesión de zonas verdes, existe un porcentaje reglamentado, que casi nunca se cumple. Cuando el ICT las deja, generalmente no corresponden a un solo espacio en el cual se pueda hacer un parque o algo similar, sino que dejan muchos retazos y en terrenos inaccesibles, de modo que son inutilizables.
De otro lado, otro de los problemas que presenta la vivienda popular construida por el Estado, es la ubicación de las nuevas urbanizaciones en terrenos retirados de la parte urbanizada de la ciudad. Generalmente, lotes baratos, porque además de una localización poco envidiable, no cuentan con redes de servicios públicos: agua, alcantarillado, energía, teléfonos. Y extenderlos encarece, obviamente, las viviendas.
Así mismo, son terrenos a donde no llegan las rutas del transporte urbano. El nuevo barrio obligará a la extensión de las rutas, pero la falta de buses hará que el servicio sea problemático y deficiente.
Y sean unos u otros los problemas, los usuarios del ICT siempre estarán sometidos a aquellas soluciones que el Estado bondadosamente les quiera dar, que aun que sean una mayor cantidad, cada vez contribuyen menos a mejorar la calidad de la vida, justamente, de las clases menos favorecidas.
PRIMERO TRIBUS, DESPUES UNIDADES CERRADAS.
Un nuevo tipo de asociación que en pocos años varió el comportamiento humano haciéndolo retornar un poco en el tiempo.
Una de las formas más primitivas de asociación fue la tribu, donde muchos hombres, en busca de una protección común, tenían la necesidad urgente de recurrir a esto y de paso establecer una cierta relación que debía jerarquizar la actividad diaria en todos los campos.
Eso, por supuesto, fue en los comienzos de la historia. Sin embargo, la tendencia de los hombres de reunirse, de asociarse, no ha desaparecido. Y no hay nada que indique que esta tendencia desaparecerá en los años futuros. Por el contrario, cada vez será más indispensable fortalecer estos lazos de unión.
Caso notable en la vida moderna, son los grandes complejos habitacionales. En ellos la vida se ha transformado. Los hombres del siglo XX han aprendido a compartir, a convivir mucho más que los abuelos de comienzos del siglo. Para aquellos, la vivienda era algo absolutamente privado; las casas eran los pequeños microcosmos donde la historia y la vida cotidiana de la familia acontencían con la placidez de antaño.
Esa placidez, tan difícil de en contrar hoy en día, ha influido de manera notable en el cambio de costumbres. Ya todo es rapidez; mientras más veloz se ejecuten las labores diarias mucho más eficiente se es. El crecimiento se hace mayor y las necesidades de trabajo obligan en muchos casos que tanto el cabecilla del hogar como su complemento se vean obligados a trabajar para costear juntos los altos costos de la manutención familiar.
Es decir, que habría que dejar la casa sola.
La inseguridad ha sido para el caso de estos grandes complejos habitacionales cerrados el motivo mayor de esa congregación (aparte, claro, del espacio, que hace mucho más rentable la construcción por utilizar mínimos espacios y mucho de altura). De tal manera que muchas familias optaron por cambiar su residencia habitual por apartamentos en los que se les ofrecía la seguridad casi total de sus haberes.
Allí, por supuesto, no se podría vivir tan a las anchas, como en las residencias convencionales, porque la vida en comunidad implica el respeto de ciertas normas y la adopción de ciertas líneas de conducta que hagan posible esa convivencia.
La reglamentación de las normas mínimas de vida comunitaria en estos bloques de apartamentos cerrados dio lugar a la creación de los reglamentos de Propiedad Horizontal, que a pesar de ser el mismo para casi todas las construcciones pertenecientes a varios propietarios, varía de acuerdo a las necesidades particulares de cada unidad habitacional, bien sea por el número de copropietarios o por las características mismas de la construcción.
De hecho muchos de los habitantes de las grandes ciudades se han estado acostumbrando a los sistemas de cogobierno y autogestión, toda vez que para la correcta administración de estas unidades cerradas se requiere la existencia de juntas administradoras nombradas por la asamblea general de propietarios. Estos deben velar porque se cumplan las normas que los propietarios de apartamentos aceptan cuando adquieren su vivienda, así como la distribución de los pagos de las cuotas de administración, manejo del personal encargado de la vigilancia y otros servicios, etc.
Tan benéficas han resultado para las ciudades, en especial en materia de seguridad, que muchas firmas constructoras estan ofreciendo viviendas unifamiliares pero en complejos cerrados y vigilados, extendiendo así por todas las metrópolis esos pequeños habitáculos donde es imposible penetrar si no se tiene una autorización expresa para ello. El sistema de vivienda cerrada tiene, por supuesto, sus detractores, quienes ven en el una política de exclusividades y discriminaciones que no se compadecen con las realidades actuales. Muchos dicen que en realidad estas unidades habitacionales se construyen, cerradas para evitar que los pobres penetren en ellas y estorben la vista de los residentes. Algo que tiene mucho de cierto, porque a estas unidades cerradas es difícil concebir tanto el acceso de mendigos como de vendedores. Los residentes, en este sentido, pueden estar tranquilos. No así los que piden la limosna o necesitan vender. Polaridades de la vida moderna: así son las tribus modernas.--

EDICIÓN 1879

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