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| 12/21/1998 12:00:00 AM

CONTEMPORANEOS DEL PORVENIR

El escritor René Rebetez, experto en literatura de ciencia ficción, analiza la posición de los autores del género con respecto al año 2000 .

CONTEMPORANEOS DEL PORVENIR CONTEMPORANEOS DEL PORVENIR

RESULTA OBVIA LA SIMbiosis entre la llamada ciencia ficción y la inteligencia contemporánea, una asociación que se encuentra en todas las expresiones culturales del final de este milenio. Esto hace incomprensible el marginamiento de cualquier sociedad, incluyendo la colombiana, de un sector tan fecundo de la cultura.
Aislarse de la tribu planetaria resulta imposible en nuestros días. Estamos ligados unos a otros por nexos intangibles: los circuitos electrónicos nos involucran en una red de la cual es imposible escapar. Los medios masivos de comunicación han refrendado las proféticas palabras de Marshal MacLuhan, quien en la década de los 60 fuera el primero en hablar de una 'aldea global': ahora cualquier navegante del ciberes-pacio transita en una dimensión de 'ciencia ficción' que resulta determinante en todos los aspectos de su vida.
La característica de la ciencia ficción como agente dilatador de la con ciencia ha sido señalada repetidamente. "Ustedes son los únicos que hablan de los terribles cambios que realmente están teniendo lugar", dice Kurt Vonnegut hablando de los escritores de ciencia ficción. "Los únicos con los cojones suficientes para preocuparse realmente por el futuro, los únicos que anotan realmente lo que las máquinas están haciendo de nosotros".
En efecto, la ciencia ficción es el único género literario que intenta llenar el abismal vacío que separa al desarrollo tecnológico de un humanismo a punto de desaparecer. Ella nos permite observar que las máquinas están ahí no solamente para ayudarnos a hacer las cosas sino que logra también un paralelo entre el creador y su engendro.
La derrota ajedrecística de Gary Kasparov ante Deep Blue hizo realidad el enfrentamiento hombre-máquina previsto por la ciencia ficción desde hace mucho tiempo: si no quiere ser víctima de su propio invento el hombre deberá rescatar para su vida la esencia de lo humano. Nos hemos convertido en servidores de las máquinas.
Somos gigantes por fuera y enanos por dentro: la velocidad del avance científico deja muy atrás cualquier reflexión ética o filosófica sobre el cambio ocasionado por las tecnologías. "Las alteraciones que la siquiatría, la geología, la astronomía, la biología, la física y la tecnología que las computadoras han efectuado en nuestra propia imagen son testimoniadas por la ciencia ficción.... que nos hace detener y reflexionar en las transformaciones ocasionadas por la acumulación de tecnologías...", dice John Updik.
¿En qué forma plantea la ciencia ficción el advenimiento del año 2000?
Hay que decir que la ciencia ficción se encuentra mucho más allá de ese relativo hito de qué significa el año 2000. A diferencia de la tecnología, que se halla absorta en solucionar los problemas inmediatos que presenta el año 2000, tales como la adecuación de las fechas de los sistemas, la ciencia ficción navega desde hace tiempo más allá de los límites de nuestro espacio-tiempo. Se sumerge en las profundidades de la programación genética, crea razas mutantes, enfrenta hombres y máquinas en parajes extragalácticos, narra hecatombes y apocalipsis sin cuento.
Recordemos que antes de que el hombre llegara físicamente a la Luna la ciencia ficción lo había hecho mucho antes, desde el año 70 d.C., cuando Plutarco escribiera su De fascie Orbe Lunae, siglos antes de que Cyrano de Bergerac hiciera remontar su carruaje hasta Selene impulsado por la fuerza ascencional de las gotas de rocío y mucho antes de que el inefablemente ingenuo monsieur Jules Verne él más común de los lugares de la ciencia ficción hiciera alunizar en el satélite al bólido espacial de su Viaje a la Luna.
A menudo la ciencia ficción simplemente refleja el presente. Es el mejor testigo de nuestra época, como lo fueron las novelas de caballerías para su tiempo. Es un vigía que advierte los peligros que acechan a la humanidad, muchos de ellos emanados de una ciencia sin conciencia.
Antes de que la ciencia ficción fuera bautizada con su poco afortunado nombre paradójicamente todos los ensayistas están de acuerdo en que el género es anterior a la misma ciencia los cuentos de hadas fingían comúnmente como ese factor despertador de 'la bella durmiente' que al fin de cuentas resulta ser la conciencia dormida de los hombres.
Así que al oír hablar del 'año 2000' los autores de ciencia ficción no pueden menos que sonreír, porque talvez recuerden que fue Dionisio el Exiguo y a pedido de Carlomagno quien decidió contar nuestros años a partir del nacimiento de Jesus, cuya cronología histórica es muy brumosa pero que fue aceptada por millones de personas.
La crisis ideológica que caracteriza a nuestra época es evidente ya que los únicos valores de los cuales podemos echar mano son los que dimanan de los hallazgos de la nueva ciencia. Sorpresivamente para muchos la ciencia ficción significa lo que podríamos llamar una mística contemporánea que ha obtenido sus más dudosos frutos en la literatura denominada de la Nueva Era. "Buena parte de Dios está sumida en un vibrante sueño. Las sustancias mismas de los mundos y las galaxias no se conocen así mismas. Pero aqui Dios hace un movimiento mientras duerme: vosotros sois ese movimiento. Se despierta: sois ese despertar. Todo lo que encontráis en el camino, por lo tanto, será sagrado. En los lejanos mundos descubrirás vuestra propia carne, aterrada y extraña, pero que sigue siendo vuestra. Tratadla bien. Por debajo de la Forma participais de la divinidad". Quien escribe así es nuevamente Ray Bardbury.
Este es el reto que nos propone para el milenio venidero la literatura contemporánea, por otro nombre 'ciencia ficción". El término 'caja idiota' fue acuñado por la ciencia ficción para la televisión y sigue callendole como anillo al dedo, especialmente cuando se trata de telenovelas mexicanas. Personalmente considero a la maravillosa Internet como un mercado de las pulgas virtual (San Victorino virtual suena mejor para los bogotanos), en donde la aventura de la navegación o la privacidad de un correo pueden ser intervenidos multitud de veces por la ansiosa voracidad de los anunciadores y en sus populosas 'avenidas'. El eco de la ciencia ficción que está tomando forma actual en la ciencia del Caos, que intenta reunir disciplinas tan diversas como la economía y la astronomía, constituye una advertencia continuada sobre los peligros de la especialización excesiva que se ha convertido en una ignorancia especializada.
El apocalipsis es una temática recurrente en la utopía social que es la ciencia ficción. Una advertencia premonitoria sobre el acaecer, con la moraleja implícita de que la especie humana es tan desechable como lo fueron otras que fueron borradas de la evolución porque contradijeron esencialmente el orden natural, poniendo en peligro la ecología del cosmos.
"Siempre hay una primera vez para todo", escribió alguna vez Pablo Fernández en relación con el frustrado proyecto de Colciencias de realizar en Santafé de Bogotá un encuentro internacional entre escritores y científicos. "...una primera vez para que los niños de un planeta cubierto de nubes vean su sol durante una hora y sientan por única vez en sus vidas la alegría del verano. Para que los habitantes de otro planeta que gravita en un sistema de seis soles vean cada 2.000 años la aterradora aparición del cielo nocturno prendido de estrellas y hagan arder su propio mundo en busca de luz".
Con una juventud que piensa y escribe con tal vuelo no habría lugar para
los genocidios.

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