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| 5/23/1994 12:00:00 AM

CRECE EL PAIS

Las cifras de los pesos pesados colombianos demuestran que Colombia ha dejado de ser una república bananera. El Sindicato Antioqueño se dispara.

CRECE EL PAIS CRECE EL PAIS
EL AÑO PASADO FUE SIN DUda un gran año para las empresas de los grandes conglomerados económicos de Colombia. Sus utilidades consolidadas son ya de dimensiones internacionales. El primer lugar en este ranking lo ocupó el Sindicato Antioqueño, que alcanzó la nada despreciable cifra de 287.217 millones de pesos, es decir, más de 360 millones de dólares.
El segundo puesto correspondió al Grupo Santo Domingo, que con 155.642 millones de pesos, se mantuvo, grosso modo, en los 200 millones de dòlares que habìa alcanzado en 1992. El tercer puesto en ganancias le correspondió a la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, cuyas empresas financieras arrojaron utilidades por 92.732 millones de pesos. Eso equivale a 115 millones de dólares, a los cuales habrìa que sumarle los excedentes de sus empresas constructoras. Sigue en la lista la Organización Ardila Lulle que, en un año difícil para la industria textilera, presentó saldos positivos por 24.295 millones de pesos, en los balances de las empresas que alcanzan a clasificar entre las 200 de mayores ventas.
El excelente resultado del Sindicato Antioqueño, aun siendo atípico, no deja de ser sorprendente. Teniendo en cuenta que las utilidades de 1992 habían sido de 240 millones de dólares, el incremento de un año a otro fue del 50 por ciento. Las mayores utilidades dentro del grupo las presentó Corfinsura, la corporaciòn financiera que resultò de fusionar a la Suramericana y a la Nacional. Una gran proporción, de esa suma corresponde, en consecuencia, a los ajustes y valorizaciones que se hicieron como resultado de la fusión.
De otra parte, los excelentes resultados de empresas como Cemento Argos, Suramericana de Seguros, Coltabaco y Reaseguradora de Colombia, corresponden en buena medida a la valorización de sus portafolios accionarios. Esas utilidades, sin embargo, van a favorecer a los miles de accionistas que conforman ese conglomerado sin dueño que es el Sindicato.
Para el Grupo Santo Domingo, 1993 fue un año caracterizado por la estabilidad. Sus utilidades -en términos de dòlares- con respecto de 1992 no mostraron incremento. La empresa con mayores utilidades fue nuevamente Bavaria, con 42.700 millones de pesos, de los cuales apenas 13.341 millones corresponden a la utilidad operacional. Pero aún sin incremento sustancial, 200 millones de dólares siguen siendo una suma muy importante en cualquier lugar del mundo.
Hace dos semanas, el columnista Antonio Caballero, en una reciente edición de la revista Cambio 16 Colombia pronosticaba la caída del imperio de Julio Mario Santo Domingo en los siguientes términos: "...Sus negocios no andan bien: Avianca, el turismo, las cosas del petróleo. Del de las telecomunicaciones, por el cual deberá girar este año 1.000 millones de dólares (y esto hasta para él es plata), los expertos dicen que a este precio no puede ser rentable. Los de prensa -Caracol, Cromos- son un desastre: viven de la respiración artificial que les dan los anuncios de otras empresas del grupo. Y la mina de oro que alimenta las pérdidas de todo el conglomerado, que es Bavaria, tiene ahora una amenaza: las cervezas de Ardila, que van a quedarse con el 10 por ciento del mercado.. No es casi nada, un 10: pero basta para borrar las utilidades del 90 restante, que pierde la delicia del monopolio". La magnitud de las utilidades del Grupo, sin embargo, desafía los pronòsticos de Caballero.
Lo que sí puede ser cierto es que los próximos dos años van a constituir una prueba de fuego. De una parte, el Grupo Santo Domingo tendrá que enfrentar por primera vez en los últimos 25 años competencia en la industria cervecera La Organización Ardila Lulle sale en octubre próximo con la cerveza Leona. Esa cervecería va a tener una capacidad de producción del orden de tres millones de hectolitros, que representan el 20 por ciento del mercado total nacional que es de 15 millones.
Aunque no necesariamente la cervesería de Ardila alcance a copar en el primer año su capacidad de producción, estimativos conservadores consideran que la red de distribución de ese grupo le permitirá quedarse con una tajada no inferior al 10 por ciento del mercado. Esa reducción en ventas para Santo Domingo puede tener un impacto mayor del esperado. Si bien puede disminuìr los gastos variables, no sucede lo mismo con los fijos, que en el caso de sus empresas cerveceras son altos. De otra parte la llegada de la competencia implicará mayores costos de mercadeo y de inversión en equipo. En síntesis, eso lo que quiere decir es que cuando se acaba con un monopolio, una disminución del 10 por ciento en las ventas puede costar una proporción mucho mayor de las utilidades. Además de la competencia cervecera, las exigencias de caja del Grupo Santo Domingo se verán incrementadas con su ingreso a la telefonía celular y a la industria de las gaseosas. Su participación del 70 por ciento en las sociedades de telefonía celular implica una inversión del orden de los 500 millones de dòlares. Para obtener ese monto fue necesario que Bavaria no sólo garantizara todos los créditos directos, sino también aquellos destinados a financiar la inversión de las otras sociedades accionistas del grupo.
Aunque se han expresado opiniones de sorpresa por el monto pagado por el conglomerado, quienes defienden las buenas perspectivas de este negocio afirman que dos multinacionales de la talla de Bell South (que participó como socio de El Tiempo en la licitación del celular) y Bell Canada (que participa en la empresa mixta de la zona oriental) han demostrado estar dispuestas a invertir cifras muy similares.
La otra gran sorpresa de 1993 fue el resultado de la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo. La consolidación de su grupo como conglomerado financiero arrojó utilidades por cerca de 120 millones de dólares. La mitad de esa suma corresponde al Banco de Bogotà, cuyas ganancias superaron los 46.000 millones de pesos. Luis Carlos Sarmiento Angulo ha logrado consolidar el primer conglomerado financiero del país y ya ha enviado mensajes al mercado en el sentido de que todavía tiene otras entidades en la mira.
Varios hechos demuestran esto. Después de comprar el Banco del Comercio, mostró interés en adquirir el Banco de Colombia y Corpavi, y hay quienes dicen que está estudiando seriamente la posibilidad de presentar una oferta por el Banco Popular. Compró en Estados Unidos el First Bank of the Americas y la red en Nueva York del Bank Leumi, con lo cual aspira a darle mucho más vuelo a la que era apenas una discreta filial del Banco de Bogotá. Asimismo, tiene una estrategia diseñada para convertirse en el líder en materia de pensiones. Y como si lo anterior fuera poco, obtuvo a precio muy razonable una licencia de telefonía celular con Carlos Ardila y se prepara a registrar su grupo en las bolsas internacionales.
El único grupo que tuvo que enfrentar un entorno abiertamente adverso en 1993 fue la Organización Ardila Lulle. Esto explica el resultado de utilidades cercanas a los 35 millones de dólares. El contrabando desbocado y la competencia desleal comprometieron las utilidades de Coltejer. La empresa insignia de la industria textilera arrojó pérdidas por más de 4.000 millones de pesos. Esa vena rota, sin embargo, ya parece estar cauterizada y en 1994 la empresa volverá a los balances en negro.
Sin embargo quienes conocen a la Organización miran de manera diferente ese resultado. Por un lado, ponen de presente que no incluye las utilidades de 22 sociedades embotelladoras de gaseosas, ni las de las compañías encargadas de manejar los portafolios de inversión. Tampoco incluyen las valorizaciones de sus tierras azucareras en el Valle del Cauca, que el año pasado pudieron representar muchos millones de dólares.
Además, creen que hay que tener en cuenta que la Organización Ardila está a las puertas de una nueva etapa de gran trascendencia. El arranque en octubre de sus actividades cerveceras en la planta de Tocancipá será seguido por el inicio de producción de una fábrica én Barranquilla en 1995 y posteriormente de otra en Medellín. Esto le permitirá capturar un porcentaje importante del mercado cervecero, que, como lo demuestra la historia del Grupo Santo Domingo, es probablemente uno de los mejores negocios que haya conocido el país.
Estos son apenas los resultados de los cuatro grandes conglomerados. Detrás de ellos viene toda una serie de organizaciones llenas de pujanza y dinamismo. Los ritmos de crecimiento y los resultados de todas estas empresas permiten concluir que la Colombia de hoy está viviendo el proceso de transición de una república bananera hacia un país por el verdadero camino del desarrollo.

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