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| 3/13/1995 12:00:00 AM

DELITOS DEL PLASTICO

Mas de 4.000 millones de pesos son robados al año en Colombia por cuenta de los fraudes con tarjetas de crédito.

DELITOS DEL PLASTICO DELITOS DEL PLASTICO
EL PASADO 4 DE NOVIEMBRE, A LAS 11 DE LA mañana, la Unidad Especial contra la Administración Pública del DAS -un cuerpo de elite que se encarga de combatir los delitos financieros- recibió una llamada urgente del Banco de Crédito, de Bogotá. En menos de un mes, aseguró un directivo a los investigadores, se habían cometido estafas con tarjetas de crédito por un valor que para entonces ya superaba los 250 millones de pesos. Lo peor era que el problema parecía erecer día tras día.
La sofistifación de los fraudes llevó a los investigadores a elaborar dos hipótesis: la primera, que los delincuentes tenían en su poder una copia del listado maestro del banco, donde se consignan los datos confidenciales sobre cupos y clientes; y la segunda, que algún funcionario estaba suministrando información reservada que servía luego para cometer la estafa.
"En apariencia, dijo a SEMANA el jefe de la unidad, Manuel Contreras, la tarjetas de crédito eran verídicas y los almacenes habían seguido todos los pasos requeridos para autorizar una compra por ese sistema. -Sin embargo algo había fallado ".
Tras varios días de análisis y de pesquisas en los sistemas de seguridad del Banco, las primeras hipótesis fueron descartadas; pero tampoco apareció otra en el horizonte que explicara qué estaba ocurriendo.
Ante esa incertidumbre, el DAS elaboró un plan de inteligencia. "De común acuerdo con el Banco, sostuvo Contreras, se dio la orden a los almacenes para que pidieran autorización a Ascredibanco para aceptar cualquier compra mayor de 60. 000 pesos. Si la tarjeta resultaba falsa o sise sospechaba del cliente, el encargado de hacer las verificaciones debía llamar al DAS para que éste de inmediato desplazara al lugar a dos detectives".
El sistema era dispendioso, teniendo en cuenta que en Bogotá se realizan cada día más de 25.000 transacciones con tarjeta de crédito, pero muy pronto se vieron sus resultados. A principios de enero, el propietario de un almacén de electrodomésticos del centro de Bogotá alertó al DAS sobre un fraude que se había cometido en su propio almacén. Según su versión, uno de los empleados había recibido un comprobante de pago ya elaborado por la compra de dos brilladoras. "Lo interesante, dijo Contreras, es que el empleado despertó sospechas porque recibió el comprobante ya elaborado y ni siquiera lo verificó ante Ascredibanco. De inmediato le hicimos un seguimiento ".
Al día siguiente el DAS dio con la guarida de una muy bien organizada red de falsificadores de tarjetas de crédito y documentos financieros en el barrio Carvajal, al sur de Bogotá. La sorpresa, sin embargo, fue mayúscula cuando aparecieron tarjetas falsas del Banco de Crédito y los comprobantes de operaciones de las estafas que se habían cometido en noviembre contra esa y otras entidades bancarias. Caso cerrado.
UN NUEVO DELITO
Pero lo que podría parecer el final feliz de una investigación y la desarticulación de un banda de estafadores es, en realidad,la punta del iseberg deuna red de delincuentes que tiene preocupados a los organismos de seguridad colombianos y a las propias entidades financieras.
Durante los últimos dos años los fraudes con dinero plástico vienen reportando pérdidas cuantiosas. De acuerdo con Ascredibanco, el año pasado sobrepasaron la suma de 4.000 millones de pesos, lo que significa un aumento del 43 por ciento frente a 1993. (Ver recuadro). "Esta cifra, dijo Orlando García, presidente de esa entidad, significa una tasa de siniestralidad del 2.2 por mil sobre el nivel total de la facturación, que calculamos superó los 2.4 billones de pesos en 1994".
Aunque el problema reviste características preocupantes, lo que más llama la atención de las autoridades es el hecho de que los delincuentes están ahora utilizando alta tecnología. Del simple robo de la tarjeta se pasó ahora a su propia falsificación. "Los delincuentes que estafaron al Banco de Crédito no tenían en su poder ni listados maestros ni confidentes dentro de la institución. Al contrario, tenían un sofisticado pero rudimentario sistema para falsificar tarjetas de crédito, comprobantes de pago, sellos y cualquier otro documento bancario que quisieran ", sostiene Contreras.
El DAS también ha detectado seis modalidades de robo y de duplicación o falsificación de tarjetas. (ver recuadro). "Sin embargo el método más común, según Contreras, es el planchado de tarjeta. A través deplacas de metal caliente se borran los datos en relieve de una tarjeta legítima y luego se reprimen unos falsos. Pero estos datos falsos pueden ser ciertos, es decir, pueden pertenecer a la tarjeta de otro cliente".
Pero aunque cualquier tarjeta puede ya ser falsificada, los delincuentes prefieren duplicar aquellas con cupo alto -las de tipo Gold- y las de circulación internacional, pues son las que les permiten mayores ganancias y utilidades. Sin embargo el delito no es tan perfecto. Según García, "los delincuentes se enfrentan a un serio obstáculo al momento de hacer la falsificación. Y este no es otro que la imposibilidad para duplicar la banda magnética que contiene los datos del cliente, del cupo de la tarjeta y demás información de seguridad. Tampoco pueden falsificar la marquilla láser de identificación de la entidad financiera que expide la tarjeta".
FUERA DE CONTROL
El fraude con tarjetas de crédito no es un delito reciente pero su ocurrencia ha aumentado por dos factores. El primero de ellos el crecimiento inusitado del sistema, al punto que hoy circulan en Colombia cerca de 2 millones de tarjetas de crédito. En segundo lugar, la apertura económica, que ha traído enormes capitales legales e ilegales al país y que, consecuentemente, ha disparado el número de transacciones, situación que se presta para grandes estafas.
A lo anterior hay que sumar la debilidad de los sistemas de control de los establecimientos comerciales. De los 70.000 negocios que aceptan tarjetas de crédito en el país sólo 11.000 tienen terminales de datos, en los cuales con solo pasar la tarjeta por una ranura se verifica de inmediato su cupo y su vigencia. Lo grave es que en los demás negocios solamente se hace la verificación telefónica, y más aún, que en muchos casos el establecimiento comercial se limita a elaborar el comprobante de pago sin siquiera consultar el boletín de seguridad y, lo que es peor, si la propia tarjeta es legítima.
"Donde hay terminales no hay fraudes", agrega García. "Como los delincuentes no pueden falsificar las bandas magnéticas, prefieren acudir a establecimientos sin terminal, donde -muchas veces- no se toman las precauciones debidas".
Otro factor que ha contribuido al aumento de fraudes es la relativa facilidad que tienen las redes delincuenciales para obtener información confidencial. Investigaciones del DAS y de la Fiscalía General de la Nación han detectado la venta de datos secretos por parte de funcionarios bancarios a esas redes.
"El problema, dice García, es que en el negocio de las tarjetas intervienen tres clientes: los tarjetahabientes, los establecimientos de comercio y las instituciones financieras. Y cada uno de ellos tiene información que puede ser utilizada ilegalmente. Sabemos de mafas internacionales que compran a funcionarios de la banca y desarrollan un mercado de venta de información que les deja enormes utilidades".
Fente a toda esta situación, las entidades financieras y las propias autoridades han comenzado a diseñar mecanismos de control y de seguimiento de inteligencia a las mafias del dinero plástico. Pero el asunto no es fácil.
"Este es un delito que nos tomó a todos por sorpresa, porque es de tipo tecnológico o informático", dice Adolfo Salamanca, vicefiscal general de la Nación. "Y el país -agrega- no tiene una legislación adecuada para combatirlo y sólo hasta ahora se están conociendo las técnicas de las organizaciones dedicadas a ello. En consecuencia, ni las entidades bancarias ni las autoridades están suficientemente preparadas para enfrentar a esos detraudadores, lo cual no significa que estemos indefensos, pero si que afrontamos dificultades ".
Por ahora, el problema se mantiene a raya. La Fiscalía General de la Nación acaba de crear una unidad especializada en delitos financieros y las entidades bancarias están extremando al máximo las medidas de seguridad. "La meta es que en 1995 el 70 por ciento de las autorizaciones se hagan con terminales y no por vía telefónica. Si logramos este propósito, los fraudes disminuirán al máximo", opina García.

MODALIDADES DE ESTAFA
SOLICITUD DE TARJETA DE CREDITO CON DOCUMENTACION FALSA
LOS DELINCUENTES se valen de la utilización de documentación obtenida en las empresas que se dedican a falsificar documentos bancarios, como extractos, títulos valores y referencias, escrituras públicas, certificados de tradición, documentos de identidad como cédulas de ciudadanía, de extranjería y pasaportes. Con esos datos elaboran una tarjeta aparentemente legítima
En ocasiones se suplanta a personas de reconocida solvencia moral, para lo cual la delincuencia se vale de la buena fe de la ciudadanía, que envía hojas de vida a apartados aéreos, los cuales han sido abiertos con antelación tras utilizar documentos de identidad falsos. Con toda la información que dan las personas que solicitan empleo se pide tarjeta de crédito ante las entidades financieras. En otras ocasiones se valen de la información existente en las empresas, para de idéntica manera solicitar las tarjetas de crédito.

APERTURA DE CUENTAS CORRIENTES PARA SUPLANTAR A EMPRESAS
Se solicitan los documentos de las empresas que legalmente funcionan en el país y se abren cuentas bancarias paralelas, en las cuales se consignan comprobantes de pago con tarjetas de crédito que han sido elaboradas con clisés metálicos y tarjetas falsificadas a las que se les inorusta información de los clientes de las entidades bancarias, socios de las tarjetas de crédito. Una vez consignado el dinero proceden a retirarlo utilizando cheques a nombre de personas que usan nombres ficticios.

LA UTILIZACION DE TARJETAS USADAS
Los estafadores consiguen en el mercado negro las tarjetas y las utilizan hasta que sean reportadas como robadas. Generalmente la delincuencia utiliza artimañas, como son la utilización de yesos en las manos y otras 'enfermedades', o asi mismo muestras de la firma, para cuando autografíe los comprobantes poderla imitar y por los menos dar una disculpa al comerciante de por qué no la hace igual o parecida.

LA UTILIZACION DE COMPROBANTES DE PAGO PREVIAMENTE ELABORADOS
Para este caso la delincuencia presenta en el comercio comprobantes debidamente diligenciados que han sido elaborados utilizando clisés metálicos o tarjetas de credencial, conmemorativas, plásticas, en las cuales, mediante sistemas de presión y calor, se incrusta la información de clientes habilitados y sobre los cuales empleados inescrupulosos de las entidades bancarias dan la información. Una de las recomendaciones a los almacenes es que no reciban comprobantes ya elaborados, pues esta es una de las tácticas más usadas.

LA UTILIZACION DE TARJETAS EXPEDIDAS POR BANCOS QUE YA NO FUNCIONAN
En esta ocasión utilizan estas clases de tarjetas sustrayendo o creando información de bancos que funcionan en la actualidad, de tal manera que confunden al comercio, haciéndolas aparecer como si hubieran sido legalmente expedidas. Aunque esta modalidad no es tan común, ha sido detectada en varias partes del país.

EDICIÓN 1902

PORTADA

Memorias de medio siglo

Enrique Santos Calderón cuenta las últimas cinco décadas en Colombia a través de su papel en el movimiento estudiantil de los sesenta, su militancia en la izquierda en los setenta, su pluma en ‘Contraescape’, su oficialismo como director de ‘El Tiempo’ y su relación con el hermano-presidente.

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