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| 8/8/1988 12:00:00 AM

DESARROLLO INDUSTRIAL

DESARROLLO INDUSTRIAL, Edición 323, Sección Especiales, 10568 DESARROLLO INDUSTRIAL
EL PROMOTOR DE LA CALIDAD
Hace pocos días una entidad colombiana celebra sus bodas de plata: el Icontec. Su nombre pasó inadvertido para muchos y su labor dificilmente se recuerda.

Sin embargo, se trata de una rueda vital dentro del engranaje industria colombiano, ya que. su función básica es la promoción de calidad: la normalización a través de la cual se establecen y se supervisan las normas mínimas de calidad y de seguridad de los productos.

La necesidad de normalizar surgió a raíz de la revolución industrial cuando se vio la urgencia de establecer un patrón, "un justo término medio" que le proporcionara al consumidor la garantía de calidad requerida por él y que el productor a su vez le pudiera ofrecer.

Para poder llegar al establecimiento de este patrón se hace necesario someter el producto o material, equipo o servicio a un detenido y concienzudo análisis, atendiendo los lineamientos respecto a la identificación de las necesidades, posibilidades y recursos.

En efecto, al establecer los principios para evaluar la calidad de un producto se está propendiendo a la mejor utilización de las materias primas, hacia un mayor aprovechamiento de los recursos humanos y tecnicos y, en últimas, hacia la consagración en el mercado, tanto nacional como internacional, de materiales con calidad, seguros y confiables.

Esta labor de normalización la realiza en el país el Icontec, Instituto Colombiano de Normas Técnicas, con el aporte y el respaldo del sector oficial, a pesar de ser una entidad de carácter privado. Su fama y sus decisiones son tan respetadas por los industriales, que cuando se aprueba, se premia o se destaca la calidad de un producto con su sello, el hecho se convierte en una oportunidad para encaminar una nueva campaña publicitaria de la empresa que lo fabrica.

Este sello de conformidad con normas Icontec, o "Sello de Calidad", es el símbolo que identifica los productos que han sido fabricados conforme a normas técnicas y sistemas de control de calidad confiables, debidamente aprobados por el Instituto.

El derecho de uso del Sello Icontec se obtiene mediante un contrato voluntario, suscrito entre el Instituto Colombiano de Normas Técnicas y el fabricante, previa comprobación de que el producto, objeto del mismo, cumple permanentemente la norma técnica correspondiente. Dicho contrato tiene una duración de un año, prorrogable a voluntad de las partes.

El Icontec reúne en sus instalaciones expertos de las diferentes áreas de la producción, del consumo, del gobierno, de las entidades de investigación y de la universidad, para la discusión, el análisis y la elaboracion de las normas técnicas. Cerca de seis mil expertos, en los diferentes sectores de la producción, aportan día a día sus conocimientos, investigaciones y experlencia al proceso de normalización técnica que cumple, en beneficio del consumidor, de la industria y del país.

La labor, del Icontec es muy útil para el intercambio con el exterior, ya que la tendencia que existe en el mundo es la de cumplir con normas internacionales, porque éstas son la mejor forma de entendimiento entre compradores y vendedores en el comercio internacional. En este sentido, el Icontec viene enfocando sus esfuerzos hacia un proceso de normalización cada vez más universal, que es la orientación que tienen ahora todas las naciones.

Los avances en tecnología, el crecimiento del turismo, los viajes de negocios y la explosiva expansión en el mercado internacional, determinan la urgente necesidad de creacion de más y más normas. Un ejemplo para terminar: una aeronave atraviesa continentes enteros entre la hora del desayuno y la hora de la comida; el piloto deberá comunicarse claramente con el personal de tierra de diferentes nacionalidades. Gracias a la normalización, las señales internacionales establecidas facilitan dicha comunicación.

DE LA LATA A LA BOCA
Lo que hasta hace algunos años era un sueño lejano, hoy es una afortunada realidad para las amas de casa y los encargados de la cocina. El tormento de pasar horas enteras en la cocina preparando los platos más exigentes, es cosa del pasado. En la actualidad, gracias al envase de hojalata, es posible despachar un suculento ajiaco o una mazamorra en aproximadamente cinco minutos, que es el tiempo necesario para calentar las latas de conserva.

Lo cierto es que, durante muchos años, el público colombiano tuvo muchas reservas hacia este tipo de empaques.
Sin embargo, y tal vez como resultado de la agitada vida moderna, la aceptación de los empaques de lata ha presentado un crecimiento sostenido en los últimos tiempos. La hojalata evita la entrada de los rayos solares --perjudiciales para la conservación de los alimentos--, permite la esterilización a altas temperaturas y puede conservar su contenido por varios meses sin necesidad de refrigeración.
Además, estos envases conservan el 95% de los nutrientes sin que para ello se necesiten los temidos preservativos, fuera de los estabilizadores y espesantes de origen natural. Hace 62 años se fundó en el país la primera planta de hojalata, que vino a cubrir la demanda interna del producto, que hasta ese momento debia ser importado. Hojalata y Laminados S.A. --Holasa--, empresa que funciona en Medellin y que es una de las siete que producen esta materia prima en América Latina, comenzó hace 20 años con una producción de cuatro mil toneladas anuales y el año pasado procesó 61.50C toneladas que abastecieron el cien por ciento del consumo nacional.

Una prueba de la aceptación mundial de las conservas, cuyo origen se remonta a dos siglos atrás cuando el hombre intentaba guardar sus cosechas en buen estado por largo tiempo, hasta que en 1810 logró el envase hermético, es que en 1982 la industria conservera norteamericana produjo alimentos procesados por un valor de 15.273 millones de dólares, cifra que no cabe en la calculadora en el intento de convertirla a pesos colombianos. La aceptación es generalizada a nivel mundial: países europeos enlatan hasta ginebra y en el Japón es corriente encontrar café líquido enlatado, el mismo que en Colombia se conoce como "tinto" .

En Colombia se avanza rápido. Ya no es una verguenza para el ama de casa abrir una conserva para el almuerzo en lugar de pasarse la mañana comprando, lavando, pelando y cocinando. Existe conciencia entre ellas de que el tiempo transcurrido entre la preparación y el consumo de los alimentos en el hogar, afecta negativamente su valor nutritivo si no son trata dos con todos los cuidados. El camino de las conservas está abierto la responsabilidad queda en manos de los conserveros, quienes deben competir con calidad e información a los consumidores. No está lejos el momento en que en los anaqueles de los supermercados se encuentren latas con cuchuco de trigo, pepitoria o arroz con coco, al lado de la mazamorra los fríjoles, el sancocho, las papitas criollas o el mondongo que ya están en el mercado. --

EDICIÓN 1879

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