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| 7/11/1994 12:00:00 AM

DIA DEL PADRE

DIA DEL PADRE, Edición 632, Sección Especiales, 22965 DIA DEL PADRE


ELLOS PONEN LAS REGLAS

NO ES SUFICIENTE ESE TIEMPO compartido de siete a nueve cada noche, sumado al fin de semana. Más que tiempo, su hijo necesita calidad de tiempo de uno de los seres màs importantes de su vida: su padre. Lo dicen los maestros en los talleres infantiles, en el jardín y en los primeros años de colegio. Lo repiten familiares y amigos, sicólogos, trabajadoras sociales y magisters en educaciòn.

Sin embargo los educadores que han tenido contacto con varias generaciones de jóvenes familias siguen insistiendo en que -sin desconocer que se ha avanzado- aún falta mayor calidad en el tiempo compartido entre los padres (sobre todo los hombres) y sus pequeños. Sus plantamientos se pueden sintetizar en unas cuantas frases.

Cuando un niño nace, también sus padres "nacen" pues empieza para ellos una etapa completamente nueva de crecimiento y aprendizaje. Y esto no sucede solamente en el caso de los primogénitos. Cada hijo es un reto diferente y una nueva oportunidad de conocer el mundo y conocerse a sí mismo.

¿De qué manera? Para averiguarlo, SEMANA dialogó con Gladys de Arenas, una educadora con más de 30 años de experiencia en preescolar, maestra superior de la Normal Nacional de Tunja, licenciada en administración y supervisión educativa y magister en educación de la Universidad de la Sabana. Ella dirige el Jardín Infantil Nacional Popular No. 1 en Bogotá desde hace 15 años.

UNA NOCHE TIPICA

La intimidad de muchos hogares colombianos de clase media y media alta en las noches entre semana, cuando papá llega del trabajo, es básicamente la misma. Los padres, antes un poco menos preocupados por la educación de sus hijos, comienzan hoy a brindarles mucho más tiempo y a compartir con las madres la responsabilidad de recibir los informes de los profesores y estar al tanto de los deberes escolares. Llegan del trabajo, y aunque a veces con algo de esfuerzo por el cansancio de la jornada, están un buen rato con sus pequeños.

Lo que hay que preguntar es de qué manera están con ellos. Y la respuesta no es un secreto: en más casos de los deseados resultan concentrados frente al televisor, inevitablemente junto a ellos y no con ellos. Viéndolos dibujar, escribir sus primeros garabatos o leer un cuento sílaba a síbala, con la profunda y justificada sonrisa de satisfacción y repitiendo vez tras vez, sorprendidos ante los nuevos logros descubiertos en el niño: "¡Qué lindo!" "Muy bien" o "Sigue así" . "No tengas miedo", "Tú puedes" o " Vamos, inténtalo otra vez". Los elogios y el impulso les dan seguridad y son necesarios. Pero... ¿resultan suficientes? Lo que afortunadamente cada vez màs padres y educadores empiezan a reconocer es que no basta con la palabra adecuada en el momento justo. No basta con las crayolas, la cartulina y las palmaditas en la espalda en lugar del periódico que abandonan para leer un poco más turde, así tengan que trasnochar. Estos no son ingredientes suficientes para una profunda relación con los hijos.


LIBERE EL NIÑO QUE LLEVA DENTRO

"Algunos padres se niegan la oportunidad de conocer realmente a cada uno de sus hijos, y si no los conocen no los pueden orientar -señala Gladys de Arenas-. No hay uno igual a otro, aunque sean hermanos y hayan sido criados en el mismo ambiente y con las mismas oportunidades. Por esto los padres no los pueden tratar a todos igual. Hay que conocer a fondo y canalizar las diferencias individuales de cada niño, sus capacidades y también sus limitaciones y defectos" .

Además, el tiempo compartido de manera profunda con cada hijo es una excelente oportunidad para que el padre crezca aún más allá de la satisfacción de entender realmente a su pequeño. ¿Qué quiere decir esto? Para saberlo hay que tocar primero el tema de cómo avanzar realmente en el conocimiento de un hijo desde sus sonrisas y sus primeros pasos y palabras.

Aunque puede sonar simple es crucial reconocer que el estado natural de los niños es el juego y para llegar a ellos es necesario entrar a ese otro mundo del que algunos padres se sienten exiliados hace mucho tiempo. Hay que reconocer que los manifestaciones físicas de cariño, las razones lógicas, las explicaciones, las frases estimulantes y los elogios de adultos tienden importantes rieles de comunicación pero no todos los que son necesarios.

Reconocer que ese destierro del "País de las Maravillas" y la fantasía sin límites es en parte voluntario y empezar a ubicarse verdaderamente al nivel del niño es un ejercicio importante y en gran medida retador, pues se requiere entregarse con toda espontaneidad, sin prejuicios de ningún tipo, dejando volar la imaginación.

"Cada papá tiene que reconocer que el niño es un ser en desarrollo y su mundo es diferente al mundo de los adultos. Debe entender que su lógica es otra y debe permitirle vivir en esa lógica y avanzar en ella. Los niños pueden decir cosas que a cualquier adulto le suenen ilógicas y hasta completamente absurdas. Pero no importa. Hay que construir con ellos a partir de sus propio juegos, de sus propias fantasías".

Algún padre, preocupado por el desarrollo de la capacidad racional de su pequeño, podría contraargumentar a esta altura que esa actitud frente al juego olvida que los niños deben aprender a pensar. A esto Gladys de Arenas responde:

"El niño no se va a atrasar en su desarrollo sólo porque lo dejemos fantasear. Esos momentos de juego donde papá se involucra realmente le sirven para construirse a si mismo. Yo como adulto no me tengo que proponer formar un niño lógico. El currículo formal del colegio y el currículo adulto de la vida entera se encargan de eso. Y en el proceso, el niño va aprendiendo por sí mismo a diferenciar realidad y fantasía".

De una educación equilibrada, que le dé también lugar al juego y la fantasía, resultan los artistas, los científicos y los hombres que mayor bien pueden hacerle a las sociedades. Además, jugar con los niños a su propio nivel puede resultar en verdadera poesía: "El sol cae a pedacitos porque está llorando", dice el niño. Papá le pregunta: "¿por qué llora el sol?". Y él contesta: "Porque anoche no apareció la luna" .

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