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| 7/7/1986 12:00:00 AM

DIA DEL PADRE

DIA DEL PADRE, Edición 214, Sección Especiales, 7838 DIA DEL PADRE
VANIDAD, ASUNTO DE HOMBRES
En materia de vanidad, la liberación masculina comenzó por la cabeza, el hombre rechazó de plano aquella costumbre antediluviana de que el shampoo era sólo para las mujeres. Y esta revolución que entró por el pelo, pronto abrió las puertas para que los hombres buscaran un experto para que les oscureciera las canas de las cejas.

Según peluqueros, sastres, diseñadores de modas, profesores de gimnasia, masajistas y cosmetólogos, los asuntos que más preocupan a los hombres sobre su aspecto son: la calvicie, la piel grasosa, las manos húmedas y la barriga. En general, por alguna de estas causas ellos se deciden a visitar un especialista y es así como entran al mundo de los afeites, las cremas de belleza, los masajes y los ejercicios para obtener una buena apariencia.

Hay hombres que no le dan ninguna importancia al hecho de que ni el mejor sastre sea capaz de disimular esa protuberante barriga que se rebela contra el más severo cinturón; pero la mayoría se siente mal y por pura vanidad se somente a dietas y ejercicios. Esta es la primera razón, pero hay otra serie de motivos, unos reales, otros ficticios, con la que tienen cierto pudor en reconocer su vanidad y dejarla al descubierto. Hay quienes lo hacen para poder tomar trago, pues como el alcohol engorda y "el que peca y reza empata", ellos hacen gimnasia antes de emborracharse para equilibrar. Otros aseguran que van al gimnasio para calmar el guayabo sin saber que esto implica serios peligros para su salud, pues el organismo no está en condiciones de someterse a ejercicios fuertes y más bien lo que necesita es reposo. Otros van por entretenerse, muchos asisten porque está de moda y hay quienes buscan el gimnasio para calmar tensiones.

Pero en el fondo de todo esto sale a relucir la vanidad, hasta el punto de gastar pequeñas fortunas en mensualidades o sesiones de belleza, en masajes o en tratamientos de bandas frías para adelgazar, fuera de que se someten a duras jornadas con ejercicios y dietas rigurosas o a intervenciones quirúrgicas en manos de un cirujano plástico, con tal de ver una figura más esbelta y elegante reflejada en el espejo.

Hasta por los poros
De la mano del shampoo vinieron otros cosméticos; de las lociones para después de la afeitada se pasó a las fragancias para todo el día con marcas famosas. Para la noche, alguna crema furtiva cuyo empaque asegura que combate la aparición de las arrugas y de paso nutre la piel. Por otro lado, se pusieron de moda las vitaminas y proteínas en forma de píldoras para mantener el cuerpo sano y vigoroso. Todas estas cosas las compran las mujeres para los hombres, ya sea por idea de ellas mismas o por indicación de ellos. Los vendedores de cosméticos casi nunca atienden a un hombre que viene en busca de una crema nutritiva para la noche y una hidratante para el día.

De aquí a que los hombres invadieran los salones de belleza fue sólo un paso, pronto estos establecimientos se convirtieron en unisex y arreglado el problema. Allí los hombres se tinturan las cejas y el cabello, se hacen masajes para la calvicie, se alisan el pelo o se lo rizan. Tambien se arreglan las uñas de los pies y de las manos y se hacen pulir los callos por la pedicurista.

En cuanto a los tratamientos faciales, se aplican mascarillas de arcilla o de productos naturales. Al entrar a estos sitios tienen una actitud defensiva, siempre prevenidos por lo que puedan pensar los demás y por el temor de poner su hombría en entredicho. Pero cada vez los hombres tienen menos problema en practicar su propio ritual estético y llegan a un salón unisex con la misma tranquilidad con la que lleva su carro al taller.

Hay quienes van exclusivamente a pulirse el bigote o a secarse el pelo con el secador. Otros buscan desesperadas fórmulas contra la caspa o tratamientos para combatir el exceso de grasa en el cabello. La mayoría llega en busca de un estilista para que les haga el corte de moda y no faltan los que quieren que les pinten las canas que otros tratan de ocultar a toda costa. Pero ya sea por salud, por estética o por puro orgullo, los hombres quieren tener la misma libertad de las mujeres en hacer cualquier cosa para satisfacer su vanidad.

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