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| 9/24/2001 12:00:00 AM

El barbudo de los wayúu

El médico paisa Ramiro Uribe creó con las uñas un hospital de alta calidad en medio del desierto guajiro.

El barbudo de los wayúu El barbudo de los wayúu
Ramiro Uribe llego a Nazareth, en la alta Guajira, con la idea de aprender inglés. Un amigo suyo le había garantizado que si hacía su rural de medicina allí tendría tiempo de sobra para dominar el idioma antes de irse a especializar en neurocirugía. Y, en efecto, atendía en promedio medio paciente diario. El resto del tiempo sembraba limones, mangos, marañones, guayabos y nísperos. Cuando llegó el momento de partir no pudo. Quería esperar a que los limonares florecieran. Y así se fue quedando 28 años.

Su fama como buen doctor se regó entre los wayúu y muy pronto estaba atendiendo a toda la población indígena del desierto guajiro. Visitaba personalmente las rancherías, vacunaba niños de enramada en enramada y capacitaba a jóvenes como auxiliares de enfermería y promotores de salud.

Al principio su consultorio era un cuarto lleno de piedras de Ingeominas en el bellísimo internado de los curas franciscanos. Hoy —a través de los contactos que activó Uribe con sus colegas en la ciudad y de los aportes del departamento y de la asociación indígena wayúu— es un hospital de primera línea en ese oasis que es Nazareth, un lunar verde en medio de kilómetros de trochas de arena y chivos muertos de sed.

Uribe, un paisa barbudo de 55 años a quienes los wayúu llaman con aprecio ‘karimoure’ o más recientemente ‘Ben Laden’, invita todos los años a la Patrulla Aérea Colombiana a realizar jornadas en el Hospital de Nazareth por especialidades. Un mes llegan los mejores urólogos del país a operar a los ancianos de sus próstatas. Otro mes los oftalmólogos. El Hospital Menonita de Puerto Rico realiza las cirugías de alto turmequé. Y así, poco a poco, con colaboraciones de todo lado, Uribe ha logrado récords de cobertura que llenarían de orgullo al director de cualquier hospital del país. Lo que es aún más increíble dado que está ubicado literalmente en el fin del mundo.

Nadie puede decir con certeza cuánto se tarda en llegar a Nazareth desde Riohacha. Dicen que entre siete horas y una semana. Atollarse en medio del camino o encontrar un río crecido en invierno es algo normal para los wayúu, que parecen nunca tener afán.

Cuando Uribe llegó a este corregimiento de Uribia en 1974 había 40 casos de tuberculosis al año. Hoy no hay ninguno. La difteria y el tétanos neonatal eran muy comunes. Hace 20 años que no se ven. Lo mismo la polio. Esto es gracias a que durante muchos años el hospital contaba con el equipo más grande de promotores de salud en el país, el cuál logró una cobertura del ciento por ciento en vacunación. Por la crisis han tenido que recortar.

El hospital también cuenta con ambulancias y con un sistema de radio que está comunicado con puestos de salud en rancherías distantes de Nazareth, lo que permite responder con relativa efectividad a las urgencias que se presenten. Hace unos años, cuando el hospital aún no tenía sala quirúrgica, el que tenía una apendicitis corría un alto riesgo de morir. O se desplazaba 11 horas hacia Maracaibo o partía hacia Uribia. Esto cuando había algún medio de transporte, que era casi nunca pues no hay ningún servicio público regular entre Nazareth y el resto de Colombia.

El hospital que dirige Uribe también tiene un hogar infantil para 70 niños, una planta de tratamiento de basuras y un acueducto que surte de agua a todo el corregimiento. También ha promovido una alianza con la Fundación Restrepo Barco para comercializar las hamacas y mochilas que tejen las mujeres.

Esto ha convertido al médico en el personaje central del pueblo. Todo el mundo tiene una historia, un chisme o un elogio sobre él. Después de tantos años de trabajo Ramiro ha logrado ganarse la confianza de los indígenas, siempre recelosos de todo aquel que no es familia. Le ha ayudado que ha sido respetuoso con la medicina tradicional. El hospital cuenta con una enramada para la recuperación del wayúu. Allí guindan sus hamacas los familiares y acompañan al enfermo hasta que éste se da de alta. Con los piaches Uribe tiene una relación de colegas. Ya cada uno sabe qué cosas cura mejor el otro y así se remiten los pacientes.

Ramiro duró más de 15 años en turno permanente. Pero ya tiene cinco médicos que lo apoyan y puede relajarse un poco. Aunque él siempre está pensando en el próximo proyecto, en cómo mejorar los niveles nutricionales de los niños, en cómo convencer a las autoridades de que le paren bolas a la alta Guajira, uno de los pocos lugares del país donde las únicas muertes violentas que hay son de chivos para festejar los muertos que vivieron y descansaron en paz.

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