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| 8/25/1986 12:00:00 AM

EL CAFE NO ES COMO LO PINTAN

A pesar de que recientes hallazgos aseguran que la cafeína no es tan dañina como se creía, el consumo de café sigue descendiendo en Estados Unidos.

EL CAFE NO ES COMO LO PINTAN EL CAFE NO ES COMO LO PINTAN
Hay noticias nuevas con respecto a la cafeína. Las buenas: que a pesar de lo que viene sosteniéndose desde hace años, el café no es dañino, si se toma moderadamente, y que incluso puede llegar a ser una droga benéfica para el organismo en algunos casos específicos. Las malas: que los norteamericanos continúan aferrados a la imagen perversa del café, y que en EE.UU. su consumo ha continuado una veloz carrera descendente.
La publicitada "guerra contra el café" se ha apoyado en lo que en un comienzo constituyeron muy claras advertencias clínicas contra la cafeína: "La gente que toma cinco o más tasas diarias de café tiene tres veces más probabilidades de desarrollar infarto cardíaco que la que no toma café". Docenas de advertencias semejantes terminaron por calar en los bebedores habituales del producto, y el café comenzó a vincularse con toda gama de enfermedades. Desde el cáncer hasta las malformaciones congénitas, pasando por hinchazones en el seno y alteraciones en el nivel de colesterol del torrente sanguíneo. Y a pesar de que la cafeína existe en otros productos tales como el té, las gaseosas y el chocolate, ha sido el café el más perjudicado con este pánico clínico ocasionado por las sospechas existentes contra su principal componente.
Durante los últimos días, sin embargo, las acusaciones contra la cafeína han comenzado a revaluarse. Nuevos estudios contradicen a los viejos. Pero no se trata exactamente de que haya llegado a comprobarse que la cafeína, en pequeñas proporciones, es inofensiva, sino que las pruebas de que es perjudicial han demostrado carecer de consistencia. Eso ha llevado a los médicos a pensar que unas cuantas tasas diarias de café están perfectamente bien para un adulto.
Más aún, la cafeína podría hasta tener su lado bueno: un estudio realizado en 1984 demostró que drogas en las que la aspirina o el acetaminofén vengan mezclados con cafeína, alivian más rápido el dolor de lo que podrían hacerlo sin este último ingrediente. La cafeína también puede ayudar a otras drogas a matar las células cancerígenas, un descubrimiento que podría conducir a grandes progresos de la quimioterapia. Adicionalmente, drogas que contengan cafeína pueden incrementar la presión sanguínea de aquellas personas con desórdenes circulatorios, y algunos de sus derivados químicos están siendo ensayados como tratamiento de los desórdenes mentales relacionados con la edad.
Nada de esto ha sido suficiente para que los norteamericanos, los mayores consumidores mundiales del producto, recuperen sus antiguos niveles de consumo, que vienen disminuyendo significativamente desde hace cerca de 20 años: de 3.12 tasas de café per cápita en 1962, a 1.83 en 1985. El año pasado, incluso, el consumo de café disminuyó por debajo del de gaseosas, que pasaron a ser la bebida favorita de los norteamericanos. Y el problema no sólo consiste en que menos gente esté bebiendo café -75% de la población lo hacía en 1962, contra 55 por ciento en la actualidad- sino en que además los que todavía beben café cada día toman menos.
SINTOMATOLOGIA DEL CAFE
La cafeína pertenece a una clase de estimulantes llamados "methylxanthines", ingredientes naturales del café, el té, la cocoa y la cola. Cuando una persona bebe alguno de los anteriores productos, el cuerpo absorbe casi toda la cafeína que contienen, que alcanza sus mayores niveles en la sangre entre 15 y 45 minutos más tarde. Su vida media -que es el tiempo que toma el cuerpo para eliminar la mitad de la cantidad de cafeína consumida- es de cinco horas en la mayoría de los adultos, mayor en los niños, mujeres embarazadas y ancianos así como en los fumadores. Las concentraciones de cafeína en el seno materno frecuentemente superan las de la sangre de la madre, creando sobresaltos e irritabilidad en el lactante.
En aquellos no habituados a la cafeína, una dosis equivalente a dos tazas de café produce un pequeño incremento en la presión sanguínea una hora después de su consumo, así como una disminución, y luego un aumento, del ritmo cardíaco. La respiración se acelera, la producción de orina aumenta, y el nivel de adrenalina se incrementa. Los vasos sanguíneos del cerebro se contraen, mientras que aquellos de las extremidades y de los alrededores del corazón se expanden. Pero los consumidores habituales de café desarrollan una tolerancia, y pueden no manifestar ninguno de estos síntomas. En casi todo el mundo, sin embargo, la cafeína acelera temporalmente el metabolismo, lo que sugiere que puede ayudar a consumir calorías -pero se desconoce si la cafeína puede ayudar a disminuir el peso de una persona.
La cafeína también puede producir marcados incrementos en los niveles de los ácidos grasos del torrente sanguíneo. Estas sustancias pueden ser convertidas en energía, aumentando la resistencia física. El efecto es tan pronunciado, que la cafeína está restringida en los Juegos Olímpicos: los atletas pueden beber café antes de competir, pero son descalificados si exámenes de orina revelan mayores niveles de cafeína de los producidos por cuatro fuertes tazas de café.
Desde luego, por lo que la cafeína es mejor conocida -y deseada- es por su habilidad para estimular el sistema nervioso. Sus efectos son más dramáticos en la gente que está cansada. Puede despertar a los somnolientos, incrementar la concentración y ayudarle a una persona a estar más alerta. Puede incluso ayudar a escribir más rápido a máquina, con menos errores.
Desde hace muchos años se sabía que la cafeína bloqueaba la acción de la adenosina, un químico corporal de muchas propiedades, incluyendo la habilidad para actuar como sedante. Entrelazándose con moléculas receptoras especiales del de las células cerebrales, la adenosina reduce la actividad celular. Pero en 1981 se descubrió además que la cafeína, que tiene una estructura molecular semejante a la de la adenosina, actúa como un estimulante cuando se adhiere a los receptores -evitando que lo haga la adenosina y permitiendo entonces que las células continuen trabajando.

LOS ULTIMOS DESCUBRIMIENTOS
La toxicidad de elevadas dosis de cafeína no tiene duda: se sabe que entre cinco y diez gramos de cafeína pueden matar a un adulto. Pero los efectos a largo plazo del consumo regular de pequeñas cantidades -el café, el té o las gaseosas que se beben cotidianamente- constituyen un asunto distinto.
El papel de la cafeína en la mayor parte de las enfermedades -si es que existe este papel- parece ser muy pequeño, porque de lo contrario habría sido más evidente en los miles de casos que se han estudiado para el efecto.
Además, es difícil decir si la cafeína contribuye en la enfermedad cardiaca de una persona que además de beber café, fuma. Por otro lado, el café contiene cientos de químicos distintos de la cafeína, por lo que es difícil precisar cuál está haciendo daño en dónde. A eso se suma el hecho de que con el café habitualmente se ingieren otros productos como crema, leche y edulcorantes químicos, que tienen sus propios efectos sobre el organismo.
Aunque con frecuencia dictámenes científicos han asegurado que el café produce peligrosos efectos en el ritmo cardíaco, o incrementa los niveles de colesterol en el torrente sanguíneo, estos constituyen dos muy serios factores del infarto cardíaco cuyas relaciones con el café no están del todo claras.
¿LA NUEVA PANACEA?
La cafeína también ha sido frecuentemente culpada del cáncer en el riñón, el páncreas y la vejiga. Pero investigaciones recientes contradicen los estudios anteriores. Y en medio de la histeria que produjo la divulgación de la teoría de que el café puede causar cáncer, muy pocos han registrado la noticia de que la cafeína, y las drogas relacionadas con ella, están siendo experimentadas para todo lo contrario: es decir, para curar el cáncer.
La investigación está basada en algo que los científicos saben hace más de 40 años. Que los químicos que rompen los cromosomas tienen mayor poder si se acompañan de cafeína. Debido a que muchas drogas contra el cáncer trabajan rompiendo los cromosomas de las células cancerígenas, tiene lógica que la cafeína pueda ayudarles a trabajar mejor.
Se supone que las drogas contra el cáncer deben atacar los cromosomas de las células que están dividiéndose, para que en lugar de reproducirse, se mueran. Como las células malignas se dividen con mayor frecuencia que las normales, las drogas deben atacar más fuertemente el cáncer. Pero las células cancerosas afectadas, con frecuencia demoran su división, reparan el daño de sus genes y luego continúan multiplicándose, como si nada hubiera pasado. Ahí es donde la cafeína entra. Acompañada de la quimioterapia, la cafeína obliga a las células a dividirse antes de haber reparado su DNA. Las nuevas células surgen con sus cromosomas tan maltratados, que se mueren. Lo que no se sabe es cómo se las arregla la cafeína para lograrlo. Se ha sugerido que pueda deberse a que la cafeína se asemeja a las moléculas del DNA, de manera que engañe a la célula para que siga sus órdenes -y produzca una proteína que promueve la división celular.
Los científicos, sin embargo, advierten que es absurdo tratar de complementar los tratamientos contra el cáncer bebiendo mucho café o tomando pildoras de cafeína. Los niveles necesarios para influir sobre la quimioterapia son demasiado elevados como para que puedan alcanzarse simplemente bebiendo café.

CAFE Y EMBARAZO
Con quienes definitivamente no combina el café es con las madres embarazadas. Aunque las malformaciones congénitas que se ha descubierto que ocasiona la cafeína en los fetos de ratas no se han comprobado en los seres humanos, se ha descubierto que existe un 1.7 por ciento más posibilidades de que una madre embarazada que ha consumido café durante su embarazo, experimente una pérdida entre el tercero y el séptimo mes de embarazo, que -la madre que no ha consumido café. Este porcentaje permite un gran margen de error- si se compara con el que se le atribuyó en su momento a la talidomida, que incrementaba en un 400% las probabilidades de que una mujer tuviera un hijo deforme. Pero los científicos han recibido en estado de alerta esta confirmación de que existe una vinculación entre la cafeína y la interrupción del embarazo en los seres humanos.
Y advierten a las madres que por prudencia, deben abstenerse de beber café o cualquier bebida que contenga cafeína durante los meses del embarazo.
A los demás adultos, y especialmente a los afectados por un cáncer o por enfermedades cardíacas, se les recomienda preocuparse menos por la cafeína y más por hábitos como el del cigarrillo o el licor; por la falta de ejercicio, o por una dieta demasiado rica en grasas y muy poco en fibras.

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