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| 11/8/2004 12:00:00 AM

El día después

El embajador en Washington explica qué efectos tienen para Colombia unas elecciones históricas en Estados Unidos.

El día después, Sección Especiales, edición 1175, Nov  8 2004 El presidente Álvaro Uribe visitó a George W. Bush en la Casa Blanca el 23 de marzo de 2004.
1. La victoria de Bush y los republicanos fue clara y amplia.
Faltando por contabilizar menos del 0,1 por ciento de los votos, Bush ha obtenido una cifra récord de 59,5 millones de votos, y una mayoría del 51 por ciento contra 48 por ciento de Kerry. Es la primera vez, desde el triunfo de Bush padre en 1988, que un candidato a la presidencia de Estados Unidos alcanza la mayoría absoluta de la votación. Bush es además el primer presidente norteamericano -desde Franklin Roosevelt en 1936- que obtiene la reelección, al tiempo que su partido incrementa sus curules en ambas cámaras del Congreso. Los republicanos aumentaron sus mayorías en Senado y Cámara en cuatro escaños cada una. El predominio republicano se extiende también a los gobiernos estatales. De los gobernadores de los 50 estados norteamericanos, 28 son de este partido y 22, demócratas.

Es probable que la principal secuela de largo plazo de estas elecciones sea un giro a la derecha de la Corte Suprema. De los nueve magistrados que la componen actualmente, ocho tienen más de 65 años y dos más de 80, lo cual hace previsible que varios se retiren en los próximos años. Dadas sus convicciones personales, la importancia del voto de la derecha cristiana para su triunfo electoral y la mayoría republicana en el Senado -órgano encargado de confirmar los magistrados- se espera que Bush nomine jueces conservadores. La batalla para confirmarlos, así como las prioridades de su agenda doméstica -las reformas del régimen impositivo y de la seguridad social- coparán buena parte del espacio legislativo en los primeros dos años de su gobierno.

2. Los hispanos se consolidaron definitivamente como fuerza política.
Los más de 40 millones de hispanos que viven en Estados Unidos -el 14 por ciento del total de la población- constituyen la minoría más grande de ese país. Sin embargo, su peso político no ha correspondido con su importancia poblacional, y su influencia se ha proyectado a nivel local y estatal, más que a nivel nacional. Esto está a punto de cambiar. Entre 2000 y 2004, el número de votantes hispanos aumentó más de 50 por ciento -de seis a nueves millones-. Más aún, los hispanos se han convertido en factor fundamental en estados como Florida, Nuevo México y Nevada, que han resultado determinantes para el resultado de las últimas elecciones presidenciales.

A diferencia de otras minorías que votan predominantemente por un solo partido -como los afroamericanos-, los hispanos se han vuelto importantes para republicanos y demócratas. En 2000, Gore, el candidato demócrata, obtuvo el 62 por ciento del voto hispano, contra el 35 por ciento de Bush. En 2004, la distancia se redujo. Se estima que esta vez Kerry obtuvo el 52-55 por ciento del voto hispano y Bush, el 42-45 por ciento. El ejemplo más diciente de la importancia bipartidista de los latinos es que por primera vez en la historia fueron elegidos dos senadores de origen hispano -uno de cada partido- en representación de Florida y Colorado. Con la población de mayor crecimiento en el país, y una participación del total de votantes (8 por ciento) aún muy inferior a su peso poblacional (14 por ciento), los hispanos están llamados a desempeñar un papel político cada día más trascendente en Estados Unidos.

3. La población de origen colombiano desempeñó por primera vez un papel importante.
Aún no se sabe a ciencia cierta cómo votó la población de origen colombiano. Lo que es claro, sin embargo, es que por primera vez ésta fue un factor importante en las elecciones norteamericanas. La población colombiana ha adquirido masa crítica en estados clave desde el punto de vista electoral como Florida y New Jersey. De hecho, en las semanas anteriores a las elecciones se transmitieron por primera vez cuñas radiales de un candidato presidencial dirigidas a la población colombiana del sur de la Florida. También fue notable la inclusión de la asistencia a Colombia en la plataforma electoral de Bush, y el apoyo de Kerry al Plan Colombia y a la política de Seguridad Democrática del presidente Álvaro Uribe.

Vale la pena mencionar además que en Estados Unidos ya hay un alcalde, dos miembros de legislaturas estatales y cinco concejales de origen colombiano. Estas tendencias son indicativas de la influencia cada vez mayor de los inmigrantes colombianos sobre el proceso político en ese país, y sin duda contribuirán a que Colombia siga siendo una prioridad para la política exterior norteamericana.

4. Las prioridades de Colombia (Plan Colombia y TLC) salieron bien libradas
La mayor victoria de Colombia en las elecciones norteamericanas fue que en una campaña tan disputada, la asistencia a nuestro país -el tercer mayor receptor de ayuda norteamericana en el mundo, tras Israel y Egipto (y excluyendo los casos especiales de Irak y Afganistán)- no haya sido tema de debate. El consenso bipartidista sobre las bondades de la política hacia Colombia se logró mantener al margen de las recriminaciones y ataques entre ambos bandos.

Más allá de esto, los triunfos de Bush y los republicanos son positivos para Colombia. Además del beneficio que implican en materia de continuidad de interlocutores y políticas, los resultados electorales confirman que la lucha contra el terrorismo seguirá siendo la prioridad número uno de Estados Unidos en materia de política internacional. El presidente Bush y las bancadas republicanas del Congreso consideran a Colombia como uno de los principales éxitos de su campaña contra el terrorismo a nivel mundial. Por lo tanto, el amplio mandato que obtuvieron del electorado norteamericano sugiere que nuestro país seguirá siendo una prioridad y que a pesar de los desafíos fiscales que enfrenta Estados Unidos, los niveles de ayuda se podrán mantener en los próximos años.

En cuanto al TLC, los beneficios en términos de continuidad son claros. No habrá que esperar a que una nueva administración fije posiciones y nombre al personal negociador, y es poco probable que el Congreso no le renueve al Presidente las facultades negociadoras del 'Fast Track' que expiran en junio de 2005. Más aún, el aumento en las mayorías republicanas -generalmente más favorables al libre comercio que sus colegas demócratas- facilitará el paso por el Congreso norteamericano del TLC con Colombia y otros acuerdos de libre comercio bilaterales. Esto no significa, sin embargo, que los votos demócratas no serán importantes. Habrá que lucharlos todos -republicanos y demócratas-. Pero la posibilidad de reunir los votos suficientes para una eventual ratificación del tratado mejoró ligeramente desde el 2 de noviembre.

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