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| 10/2/1989 12:00:00 AM

EL PRECIO DEL DEBER

Después de su gira triunfal por Estados Unidos, la ministra de Justicia considera que ha cumplido con su misión.

EL PRECIO DEL DEBER, Sección Especiales, edición 383, Oct  2 1989 EL PRECIO DEL DEBER
Se había vuelto lugar común decir que Colombia tenía mala prensa En las últimas décadas, el país no sólo había tenido que afrontar el flagelo de su propia violencia, sino que habia padecido en el frente externo el reflejo negativo de esa negra imagen Por eso mismo, el viaje de un presidente o de cualquier otro funcionario al exterior les servía a los medios de los países visitados para traer a colación, una y otra vez,la lista de muertos y las guerras que en distintos niveles se libran en el país. En el mejor de los casos el visitante se podía dar por bien servido si la prensa simplemente lo ignoraba.

En este campo, lo mejor que se había registrado hasta ahora había sido la intervención del presidente Belisario Betancur ante la Asamblea de las Naciones Unidas en 1982, en la cual hizo poner de pie a todos los delegados, con un conmovedor discurso en el que afirmaba que había nacido en una familia de 21 hermanos, de los cuales sólo unos pocos habían sobrevivido a la pobreza.

Pero los 21 hermanos de Belisario no fueron nada comparados con el éxito que tuvo la semana pasada la ministra de Justicia, Mónica de Greiff, en su visita a Estados Unidos.
Durante los cuatro días que la ministra pasó en la capital norteamericana, mojó más prensa internacional que cualquier presidente de Colombia que haya ido a la Casa Blanca en los últimos 30 años. "Nunca nos imaginamos que el Ministerio de Justicia en Colombia estuviera en manos de una mujer y mucho menos de una tan joven. Pero con la prensa su visita ha sido todo un hit", afirmó a SEMANA un veterano reportero de la cadena CNN. Según The New York Times un funcionario del Departamento de Estado también se mostró gratamente sorprendido con la actuación de la ministra: "Su intervención no ha estado lejos de ser extraordinaria. Uno tiene que respetar el hecho de que ella está arriesgando mucho".

Pero el impacto no se limitó a Estados Unidos. A los ojos de la opinión pública mundial, la ministra se convirtió instantáneamente en el símbolo de la lucha de Colombia contra el narcotráfico. Y el hecho de que su presencia juvenil y femenina reflejara cierta vulnerabilidad no hizo más que subrayar las desproporcionadas dimensiones del enemigo contra el que se está luchando. Pero tal vez más importante que todo esto, fue el hecho de que la visita de la ministra sirvió para convencer por primera vez a los norteamericanos de que, aparte de la Colombia narcoviolenta y corrompida, hay también una Colombia tradicional, decente y antimafia, de la cual forma parte el gobierno mismo. Esto que es evidente para cualquier colombiano, no lo había sido antes para la opinión pública internacional, que encasillaba a todos los gobiernos de los países involucrados en el narcotráfico, en el estereotipo de los generales García Meza y Noriega. Y para Colombia, pocas cosas han contribuido más a despejar esa imagen, que la semana en la cual Mónica de Greiff apareció en la prensa, la radio y la televisión a todo lo largo y ancho de Estados Unidos.

EL FOGUEO
Su llegada había estado precedida por una serie de rumores sobre su renuncia, como consecuencia de las amenazas que ella y su familia habían recibido después del asesinato de Luis Carlos Galán. Como si todo esto fuera poco, a la historia se agregó un elemento cinematográfico cuando la prensa mundial publicó versiones según las cuales la ministra pensaba solicitar asilo politico en Estados Unidos y quedarse a vivir allá con su familia.

En una rueda de prensa ante decenas de reporteros del mundo entero, la ministra desmintió a medias estas versiones, cuando afirmó: "Espero poder cumplir plenamente mi papel en todo este proceso".

Vestida con un discreto sastre de cuadros, y luciendo una cola de caballo de colegiala, la ministra respondió con singular aplomo y habilidad durante media hora de fogueo periodístico. Como cualquier veterano político, le sacó el cuerpo a algunas espinosas preguntas y contestó con claridad las menos comprometedoras. En concreto, pidió a los norteamericanos 19 millones de dólares para mejorar las condiciones de seguridad de los jueces en Colombia. No había terminado la ministra de hacer esta petición, cuando el presidente George Bush y sus asesores en esta materia hicieron saber que harían lo posible por satisfacer su solicitud.

Como era de esperarse, el tema que más interesó en Estados Unidos fue el de la extradición. En entrevistas privadas con el procurador general, Richard Thornburg; el secretario de Estado encargado, Laurence Ragleburger, y el zar de las drogas, William Bennett, la ministra de Justicia manifestó que no es realista esperar que la extradición vaya a acabar con el narcotráfico. Aclaró que se trata sólo de un instrumento más en la lucha y que tal vez es más importante reducir la demanda de los paises consumidores y proteger mucho mejor la vida de los jueces en Colombia. Esto sorprendió un poco a sus interlocutores, que siguen viendo en la extradición el arma fundamental de esta guerra.

SORPRESAS
No fue esta, sin embargo, la primera vez que Mónica de Greiff sorprendió. Ya desde su nombramiento, la sorpresa había aparecido en controversias de titulares, editoriales y caricaturas, cuando muchos no entendieron cómo y por qué en la mayor crisis que el país ha tenido en su historia contemporánea, el presidente Virgilio Barco había nombrado mujeres sin mayor representatividad política en puestos considerados de combate.
Porque no solamente se daba el caso en la cartera de Justicia, sino también en la de Minas, enfrentada más que nunca a la ofensiva terrorista del ELN, y en la gobernación de Antioquia, que tiene bajo su mando a la ciudad más violenta del mundo. Independientemente de sus competencias como funcionarias, nada podía estar más lejos de lo que querían los colombianos en estos momentos, que la imagen de estas tres mujeres. Cuando la opinión pública clamaba por perfiles como el de Hernando Durán Dussán o Hugo Escobar para esos cargos, aparecieron Mónica de Greiff, Margarita Mena de Quevedo y Helena Herrán de Montoya. La misma ministra de Justicia se definió a sí misma, en una entrevista para la televisión, como "una ministra para tiempos de paz" y no para tiempos de guerra. Por eso, y a pesar de que repetidamente ha manifestado su decisión de quedarse en el Ministerio, "hasta que quede asegurada la integridad de la justicia colombiana": sus allegados consideran que para ella ese propósito se cumple en gran parte con la ayuda obtenida en Washington y que, en consecuencia, es previsible su renuncia.

Esto dejaría al gobierno en una posición muy difícil en lo que se refiere al sucesor de la doctora de Greiff en la cartera de Justicia. En estos momentos, cuando la extradición ha sido reactivada, sólo las personas que están totalmente comprometidas y de tiempo atrás en la guerra contra los carteles, aceptarían esta posición. Y esto estaría sujeto, además, a una garantía de protección adecuada, aun después de abandonar el cargo.

En este punto es donde muchos creen que vale la pena preguntarse si tiene sentido que, como quedó determinado por los recientes decretos de Estado de sitio, al procedimiento de la extradición estén vinculados, aparte del Presidente, seis ministros, los del Consejo Nacional de Estupefacientes, cuyas firmas deben aparecer en cada resolución de extradición. O si, por el contrario, esta responsabilidad deberia quedar exclusivamente en cabeza del primer mandatario, el ministro de Justicia y, eventualmente, el de Defensa, ya que, de todos modos, quienes pasen por esas posiciones siempre necesitarán, durante el ejercicio de sus cargos o cuando se retiren, la máxima protección. Mantener las decisiones de extradición en cabeza de la mitad del gabinete, no sólo complica ahora y en el futuro las medidas de protección, sino que genera un elemento de inestabilidad política en el seno del Consejo de Ministros, ya que con el ambiente generalizado de intimidación, las dudas que hoy hay sobre la continuidad en el cargo de la ministra de Justicia podrian extenderse a varias carteras más. Con esto, a la ya larga lista de preocupaciones del Presidente, se agregaria la de encontrar un puñado de héroes para ocupar los que hoy son algunos de los más peligrosos cargos del planeta.

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