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| 1/13/1997 12:00:00 AM

EL ROLLO DE ENRIQUE

NINGUN COLUMNISTA ESCRIBIO MAS, NI TUVO TANTOS LECTORES, COMO EL SUBDIRECTOR DE EL TIEMPO

EL ROLLO DE ENRIQUE EL ROLLO DE ENRIQUE
Al periodista Enrique Santos Calderón le fue mejor en 1995 que en 1996. Esto tiene una razón de ser: el proceso 8.000fue más interesante cuando había que comentar los escándalos de la semana que cuando fue necesario adoptar posiciones de fondo exigiendo responsabilidades políticas. Enriquito, como se le conoce en el gremio de los periodistas, empezó el año con una muy dura columna titulada 'Debe irse', escrita a finales de enero, pocos días después de la controvertida confesión del ex ministro de Defensa Fernando Botero. Al finalizar 1996 es muy posible que el columnista de El Tiempo haya perdido la apuesta, pero la gran mayoría de sus lectores sigue pensando como él: que Ernesto Samper debió irse. Su columna de noviembre pasado, en la que afirmó que la conspiración fracasó, causó desazón. Sin embargo no era, como lo creyeron algunos, una claudicación. Enrique Santos sólo dio un paso atrás para tomar impulso. Una de las cosas que más se le reconoce es su aporte al análisis integral de la crisis. Sus escritos no se limitaron a señalar la responsabilidad de Samper en la narcofinanciación de la campaña que lo llevó al poder, sino que ha evaluado el comportamiento de los medios de comunicación, de Estados Unidos, de los gremios, de la Iglesia y de la clase política. Y en ese campo su pluma no dejó títere con cabeza.Santos Calderón ganó muchos lectores pero perdió a un compañero de mil batallas, necesariamente situado en la otra orilla: el hermano del Presidente, el periodista Daniel Samper Pizano. Ese es el costo de asumir posiciones en situaciones críticas. Un precio que Santos ha aceptado a cambio de no claudicar. Esta consistencia lo diferencia de su émulo del otro bando, Roberto Posada García-Peña, más conocido como D'Artagnan, quien llegó a flaquear en su férrea defensa del Presidente y, tras la confesión de Botero, dijo que sólo esperaba que el primer mandatario no se hubiera enriquecido ilícitamente en todo este episodio. Enrique Santos, en cambio, nunca desfalleció.

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