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| 1/15/2001 12:00:00 AM

El salvavidas

Alejandro Arango es uno de los dos únicos médicos pilotos del país. Con sus compañeros del Programa Aéreo de Salud de Antioquia se dedica a brindar atención humanitaria a víctimas de terremotos, avalanchas y secuestros.

El salvavidas, Sección Especiales, edición 972, Jan 15 2001 El salvavidas
Alejandro Arango aún tiene frescas las imágenes de los secuestrados del Kilómetro 18 de Cali. Doce días permaneció en una vereda cercana con su equipo de médicos y rescatistas del Programa Aéreo de Salud de Antioquia, preparando la logística de recuperación del grupo retenido por el ELN en Los Farallones. Mientras los soldados del general Canal presionaban a los guerrilleros y el Alto Comisionado de Paz negociaba un acuerdo con ellos, los socorristas de este grupo élite de la Gobernación de Antioquia tumbaban árboles y abrían claros para aterrizar su helicóptero-ambulancia en medio de la selva, lanzaban alimentos por donde podrían pasar los secuestrados y recogían los cadáveres de las tres personas que murieron de manos de la guerrilla. “Aunque la tensión que rodeó todo ese momento nos afectaba, estábamos preparados no sólo para sacar la gente sino para atender cualquier emergencia médica que se pudiera presentar”, señala Arango, uno de los dos únicos médicos pilotos que hay en el país.

Arango es un experto en medicina de aviación. Desde que ingresó hace 14 años al grupo aéreo que lleva brigadas de salud a las localidades más apartadas de Antioquia, ha estado en la mayoría de emergencias y desastres ocurridos en su departamento, así como en los más graves a nivel nacional: la avalancha del río Páez, el terremoto del Eje Cafetero, el de Murindó y el atentado de Machuca, por citar algunos.

No sólo por ser el médico más veterano del Programa Aéreo Arango es el alma del equipo. Su carisma, calidad humana y su capacidad de adaptación a las más difíciles condiciones lo han hecho el líder indiscutible y el ejemplo de las 35 personas que conforman esta misión médica. Un grupo que con el tiempo se especializó en atención de emergencias y desastres y hoy día coordina el programa de búsqueda, salvamento y rescate de su departamento.

Pocas cosas lo amilanan cuando se trata de cumplir una misión. Ni siquiera el haber estado al borde de la muerte hace dos años en Amalfi cuando el ELN derribó el helicóptero que piloteaba en plena misión médica. “En medio de la lucha por salir de las latas retorcidas, al temor de que explotara el aparato se sumaba el pánico de pensar que nos pudieran rematar allí mismo”, dice Arango. Desde ese día un pequeño altar a la Virgen del Carmen en su oficina le da más confianza en su trabajo.

Pero a pesar de las incontables historias que ha vivido el rescate del Kilómetro 18 de Cali fue el que más lo conmovió. “Allí fuimos hasta el fondo, dice mientras su mirada se aquieta. Se requiere ser profundamente humano para entender lo que estaba pasando allí, encontrar gente caminando 45 días, sin comida, enfermos, con el dolor de sus compañeros muertos y con un deseo infinito de libertad. Entonces dar el primer abrazo y una comida caliente es un momento memorable. Ahí se entiende más esta tarea”.

Cuando habla de su vocación Alejandro Arango destaca que desde niño le ha fascinado el aire libre y recorrer las montañas. “Siempre he sido un explorador”, afirma. La entrada al programa aéreo le dio la oportunidad de meterse a los lugares más inexplorados y aprender a maniobrar helicópteros. “El médico-piloto abarata las misiones médicas en un 50 per ciento”, dice, al tiempo que justifica la inversión social en el Programa. “Nos gastamos 3.500 millones de pesos anuales atendiendo más 200 comunidades, pero eso es poco porque somos la única presencia del Estado en la mayoría de las que visitamos”.

Su familia comparte plenamente su trabajo. Cuando llega de sus misiones su hija Ana María, de 8 años, lo recibe con sus dibujos en los que el héroe es su papá. Y dice que Adriana, su esposa, una sicóloga de 38 años con la cual se lleva 10 de casado, entiende lo que hace. “Ella sabe que si no regreso acabo mi vida en lo que más amo. Sabe que moriría tranquilo y feliz”.

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