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| 10/15/2001 12:00:00 AM

El sospechoso

Los expertos señalan a Osama Bin Laden como el cerebro de los atentados. ¿Quién es y cómo creó su poderosa organización?

El sospechoso El sospechoso
Richard Clarke, el zar antiterrorismo de los últimos dos gobiernos, decía que estaba seguro de que Osama Bin Laden y sus hombres “pasaban la noche despiertos alrededor del fuego, en Afganistán, muertos de susto acerca de a quién de ellos Estados Unidos iba a capturar primero”, según cuenta Reuel Gerecht, ex agente de la CIA, en un reciente artículo de la revista Atlantic Monthly.

Si las sospechas del mundo se confirman, Bin Laden y su organización Al-Qa’ida (La Base) fueron los autores principales de los terroríficos atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. En ese caso el señor Clarke y su gobierno tendrían mucho qué explicarles a los estadounidenses acerca de la calidad de la información que manejan sus servicios de inteligencia.

Las pistas que conducen a responsabilizar a la organización que dirige el misterioso Bin Laden —un saudí de 44 años de quien se sabe es tímido y tiene tres esposas— son varias. El senador Orrin G. Hatch, de Utah, dijo que luego de una reunión con agentes del FBI supo que dos personas allegadas al Al-Qa’ida dijeron en una conversación que fue interceptada que “le habían dado a dos blancos”. Luego los agentes de inteligencia dijeron que esto no constituía una prueba definitiva.

Los medios de Estados Unidos e Inglaterra también mencionaron otros indicios: un manual de instrucciones de vuelo en árabe que encontraron en un carro abandonado en el aeropuerto de Logan, en Boston; una maleta que dejó abandonada uno de dos pasajeros hermanos que viajaron con pasaportes de los Emiratos Arabes a Boston y en la que encontraron un Corán, un manual de instrucciones de vuelo y una calculadora que computa el combustible de un avión, y un estudiante del Medio Oriente de una escuela de pilotos en Daytona Beach, Florida, que está desaparecido.

Otra señal fue la reacción misma de Osama Bin Laden, quien según dijo AP que había informado la televisión de Islamabad, capital de Pakistán, negó ser el autor de la masacre pero felicitó a los responsables.

No obstante, quizá lo que más puso a Bin Laden de primero en la lista de sospechosos son sus antecedentes. Figura en la lista del FBI de los 10 hombres más buscados del mundo y se ofrecen por su cabeza cinco millones de dólares. Su organización ha sido acusada de haber bombardeado las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania en 1998 y de haber perpetrado el ataque suicida contra el buque USS Cole en Yemen en 2000. Las autoridades consideran que sólo un grupo como el Al-Qa’ida, bien financiado, sofisticado, con efectivas redes de inteligencia y estructura podría haber coordinado estos ataques, al igual que los del pasado 11 de septiembre en Estados Unidos. También se le ha vinculado con el atentado al mismo World Trade Center de Nueva York en 1993 y con la muerte de 19 soldados estadounidenses en Arabia Saudita en 1996.

Este grupo no sólo tendría la capacidad sino también los motivos. En 1996 Bin Laden —cuyo nombre completo es Shaykh Usamah Bin-Muhammad Bin-Ladin— lanzó su famoso edicto religioso para invitar a los musulmanes a atacar objetivos estadounidenses cuando pudiesen. Pero como relata un análisis del centro de estudios militares Stratfor, lo suyo no fue sólo retórica. Creó las organizaciones Al-Qa’ida y el “Frente Internacional Islámico por la Guerra Santa (Jihad) contra los Judíos y los Cruzados”, ambas con el propósito de unir los grupos islámicos extremistas para eliminar la influencia occidental sobre el mundo del Islam.

Por eso, antes de los devastadores atentados contra el Pentágono y las Torres Gemelas, la CIA había calificado a la red internacional de Bin Laden como “la más inmediata y grave amenaza a la seguridad de Estados Unidos” y en el alto gobierno “había un sentimiento inquietante de que esta amenaza crecía y se acercaba a casa cada vez más”, según publicó la revista Newsweek en febrero de este año en un artículo titulado: ‘Peligro: terrorismo a la vista’.

La traicion

Resulta paradójico que, como muchos antes que él, Bin Laden había sido alguna vez financiado y bendecido por la CIA pero luego se convirtió en el enemigo más odiado por Estados Unidos.

Hijo de una familia de Yemen, Bin Laden nació en Arabia Saudita y heredó una fortuna enorme —que algunos estiman en 200 millones de dólares— amasada por su padre en los negocios de la construcción. En 1979 se fue para Afganistán a sumarse a los fundamentalistas islámicos que luchaban contra la invasión soviética en ese país. En los 10 años que duró la guerra afgano-soviética Bin Laden y sus correligionarios “recibieron dólares estadounidenses y la bendición de Pakistán y Arabia Saudita”, según informó la BBC de Londres, que también cita al analista del Medio Oriente Hazhir Teimourian, quien asegura que Bin Laden personalmente fue entrenado en seguridad por la misma CIA.

En sus años en Afganistán, y en la vecina ciudad de Peshawar, capital de la Frontera Noroccidental de Pakistán, Bin Laden se metió en la Jihad islámica y se convirtió en pocos años en el financiador y organizador logístico del Maktab al-Khidamat —en español, La Oficina de Servicios—, un grupo que abiertamente reclutó y entrenó voluntarios de todo el mundo que se unieron a los musulmanes afganos en su lucha contra el poder soviético. Según el testimonio del ex agente de la CIA Gerecht, “en esos contactos de Bin Laden con La Oficina de Servicios nació la clandestina Al-Qa’ida con el propósito explícito de pelear la Jihad, la guerra santa contra Occidente”.

Con la disolución de la Unión Soviética Bin Laden regresó a Arabia Saudita, pero fue expulsado por sus actividades contra Estados Unidos y sus aliados en el Medio Oriente. Desde 1991 se radicó en Sudán, en Africa. Allí siguió su entrenamiento de musulmanes —los que atacaron luego las fuerzas estadounidenses en Somalia y los que apoyaron la lucha de los chechenos contra Rusia—.

Expulsado de Sudán, volvió a su conocido y remoto Peshawar en 1996. Allí, moviéndose entre Pakistán y Afganistán, ha permanecido, tejiendo su red internacional contra Occidente, en un plan que según un experto de inteligencia estadounidense citado por Newsweek dura 100 años.

Pero su organización no está sola. Está protegida por el temible gobierno fundamentalista islámico del talibán de Afganistán, que también tiene gran poder en Pakistán (ver recuadro). Por eso, explica el ex agente de la CIA, ha sido tan difícil para los servicios de inteligencia de Estados Unidos penetrar su mundo e interceptar sus planes. El tiene su centro de operaciones y comunicaciones en esa ciudad de barro y callejones oscuros, donde un occidental salta a la vista en segundos.

“Ningún oficial (de inteligencia) en Pakistán puede penetrar las comunidades afganas en Peshawar o los numerosos colegios religiosos de la Frontera Noroccidental, que le dan los hombres y las ideas a Bin Laden y al talibán”, escribió Gerecht en The Atlantic Monthly.

En la Al-Qa’ida, La Base, el grupo de Afganistán actúa como coordinador mundial de “células autónomas en todo el mundo, capaces de operar sin un comando central”, según explicó Stratfor en un análisis reciente a raíz del atentado. Además ha desarrollado lazos no muy conocidos con otras organizaciones terroristas del mundo, con las que coordina acciones. Muchos de sus líderes son guerrilleros experimentados en las guerras de Afganistán, Chechenia, Cachemira, en el conflicto árabe-israelí, en Argelia y en sublevaciones islámicas en Indonesia y Filipinas, según investigó Stratfor.

Las complejas redes mundiales y el mundo aislado y controlado de Osama Bin Laden y de su organización hacen pensar en que si finalmente resulta claro que él fue el cerebro del macabro atentado la retaliación anunciada por Estados Unidos y por el mundo occidental no será fácil ni ubicarlo, ni lograr que los talibán lo entreguen. Y de todas maneras declararle la guerra a este poder cuyos tentáculos tienen alcances desconocidos podría traer contrarretaliaciones inimaginables en esta nueva y larga guerra que ahora parece haberse declarado.

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