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| 4/1/1996 12:00:00 AM

EL TIEMPO DEL AHORRO

La actividad fiduciaria está pasando por un buen momento. Hasta ahora son 47 las compañías autorizadasen el país para llevar a cabo este tipo de negocios.

EL TIEMPO DEL AHORRO, Sección Especiales, edición 722, Apr  1 1996 EL TIEMPO DEL AHORRO
NEGOCIOS EN ALZA
FE Y CONFIANZA. EN estas dos palabras radica el principio básico que ha acompañado desde sus inicios a la actividad fiduciaria. Una confianza del cliente hacia la fiduciaria y de ésta hacia su cliente. Una fe que tiene raíces muy antiguas tanto en el derecho romano como en el derecho anglosajon y que se ha convertido, por su capacidad de ofrecer soluciones novedosas a los problemas y por no conocer otros límites que la imaginación y la ley, en una de las actividades más dinámicas dentro del sector financiero Colomhiano.
En el derecho romano, por ejemplo, existian dos figuras: el fideicommisum y el pactum fiduciae. El primero consistia en la transferencia de uno o más bienes que una persona le hacía a otra de su absoluta confianza a través de un testamento. Esa otra persona, que figuraba como propietaria, era la encargada de administrar, en beneficio de terceros, esos bienes para que, después de un tiempo y cumplidas de terminadas condiciones, fueran transferidos a esos beneficiarios. Así mismo, el pactum fiduciae era un acuerdo entre dos personas mediante el cual una de ellas transferia a la otra unos bienes con el objetivo de que cumpliera una determinada finalidad como, por ejemplo, satisfacer una deuda en caso de que se incumpliera o administrar y defender los bienes mientras su propietario se encontrara ausente.
El derecho anglosajón, por su parte, se refiere a la fiducia cuando habla de los Uses, que consistían en unos compromisos de conciencia que adquiria una persona al recibir los bienes que le eran entregados por otra. Estos compromisos podían ser en favor del propietario inicial o de un tercero designado por él. Y es que la fiducia no es más que un acto de confianza en virtud del cual una persona entrega a la fiduciaria uno o más bienes, transfiriéndole o no la propiedad de los mismos, con el objeto de que ésta cumpla con ellos una determinada finalidad, bien sea para beneficio de la misma persona o de otra. La empresa, por su parte, se compromete a conseguir lo que desee su cliente con los bienes recibidos para tal efecto.
Tradicionalmente a la fiducia se le clasifica en tres grandes grupos: de inversión, inmobiliaria y de administración. Cada uno de estos grupos está constituido por productos que tienen unas mismas características básicas, las cuales están ligadas a la naturaleza de los bienes que se han entregado.
En el tema de inversión, el bien entregado a la fiduciaria es una suma de dinero, casi siempre con el fin principal de que la sociedad la invierta rentablemente en títulos u otros activos. En el caso inmobiliario, se entrega un bien inmueble para desarrollar un proyecto de construcción. Así mismo, para administrar, tienen cabida todos los bienes diferentes al dinero.
A través de la fiduciaria pueden desarrollarse múltiples negocios. Algunos de ellos tienen características comunes y por ello se les denomina 'productos fiduciarios'.
De éstos, en el caso de inversión, los más comunes son: el fondo común ordinario y los fondos especiales. Para administración se destaca la fiducia en garantía, la de administración y pagos con las entidades públicas, y la de titularización sobre bienes muebles. En el tema inmobiliario, los más conocidos productos son el de titularización de inmuebles o de proyectos de construcción y la tradicional fiducia inmobiliaria.
A los acuerdos a que llega la fiduciaria con cada uno de sus clientes se les conoce como contratos, y de estos aparecen dos clases: el de encargo y el contrato de fiducia mercantil.
En el primer caso la persona conserva la propiedad de los bienes entregados a la fiduciaria y ésta se encarga única y exclusivamente de administrarlos. En el segundo, es necesario sacar del patrimonio los bienes que se entregan. Al final, estos bienes pasan a formar parte de un patrimonio autónomo administrado por la sociedad fiduciaria.
De autorizar o no el funcionamiento de estas sociedades, así como de aprobar o no sus estados financieros, señalar las normas contables de la fiduciaria y sus fideicomisos, entre otras, se encarga la Superintendencia Bancaria. Este ente tiene como función vigilar el comportamiento de las sociedades y hacerle seguimiento a los negocios que éstas desarrollan.
Y así, entre negocios, productos y contratos fiduciarios, esta actividad se convierte en un campo abierto a la capacidad de gestión y de creatividad. Es la opción que brinda todo tipo de soluciones a los negocios más cotidianos.

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