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| 12/11/2000 12:00:00 AM

Florida banana

El centro de la tormenta política norteamericana se vive en el estado más parecido a Latinoamérica.

Florida banana Florida banana
Un titular del periódico The Miami Herald parecía resumirlo todo: “La intriga electoral deja de ser monopolio del Tercer Mundo’’. Intentaba explicar el fiasco internacional que ha puesto una vez más al estado de la Florida en el ojo del huracán. No es para menos. Estados Unidos no tiene presidente electo por culpa de su proceso electoral, y lo paradójico es que los problemas han existido durante los últimos 20 años. Sólo faltaba un empate como el que se presentó la semana pasada entre los candidatos presidenciales para sacar a flote las deficiencias de un sistema anacrónico y vulnerable. Los votos anulados siempre han existido, pero en la guerra del centavo que produjo la semana pasada la puja por la victoria de los candidatos presidenciales cada sufragio adquirió un valor incalculable.

La chispa que encendió la cadena de irregularidades en todo el país se produjo en el condado de West Palm Beach, donde miles de votantes descubrieron que habían perforado el orificio equivocado de la boleta de votación. Enterados del empate y aupados por un congresista demócrata, cientos de ellos salieron a las calles a protestar porque el diseño de la boleta era confuso y en lugar del voto a Gore se lo dieron al candidato independiente Pat Buchanan. En realidad la boleta se prestaba a confusiones (ver gráfico), especialmente si se tiene en cuenta que la población votante de esa zona de la Florida está compuesta en su mayoría por ancianos retirados. Ante el cuestionamiento público y vociferante los republicanos argumentaron que no era su culpa pues el diseño de la tarjeta fue aprobado por representantes de ambos partidos antes de las elecciones. Los expertos calcularon que los votos demócratas ‘desperdiciados’’ eran unos 19.000, basados en el total de boletas a favor de Buchanan. El propio Buchanan quedó sorprendido.

La pifia gráfica en West Palm Beach no tenía visos de fraude pero dos circunstancias se encargaron de agregar pimienta al caso: por un lado, que el hecho se produjo en un estado que fue escenario hace dos años de un sonado caso de fraude, esa vez en la elección por la alcaldía de Miami, y por el otro, la evidencia de que el gobernador de ese estado, Jeb Bush, jefe máximo de la burocracia electoral, es hermano del candidato presidencial George W. Bush.

En cuanto a lo primero, el recuerdo de las elecciones del alcalde de Miami, Xavier Suárez, no se había borrado. En 1998 The Miami Herald descubrió cientos de por lo menos 5.000 ‘votos ausentes’ fraudulentos. La elección fue revocada por un juez y el cargo fue asumido por el segundo lugar, Joe Carollo.

Con todo y la injusticia que implicaban ambas suspicacias a partir de este momento la ola de protestas se hizo incontenible. En la Florida y el resto del país empezaron a surgir dudas técnicas. Algunos votantes negros dijeron que los habían devuelto de la fila por problemas de identificación. Hasta el viernes sólo había un indicio de fraude: el testimonio de un votante de Miami Beach que alegaba que su ‘voto ausente’ fue robado, falsificado y enviado a una oficina de elección en North Miami.

La duda está sembrada y el daño al sistema político de Estados Unidos todavía no se puede calcular. Una cosa sí queda probada y es que el sistema electoral, no sólo en la Florida sino en el resto del país, se presta para cualquier clase de fraude, especialmente con los llamados votos ausentes, que son una especie de sufragios por poder. Es un sistema “abierto para toda clase de fraudes’’, dijo el profesor de ciencia política de la Universidad Internacional de la Florida. “Usted puede conseguirse a alguien que le entregue un voto y usted lo perfora por él y se lo entrega’’.

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