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| 8/16/1982 12:00:00 AM

JUNTAS HASTA EL FIN

Aquel martes 13, el médico penso que se trataba de gemelos. Eran siamesas nacidas en Colombia.

JUNTAS HASTA EL FIN JUNTAS HASTA EL FIN
Era su segundo parto. Pero nunca se imaginó que tendría dos niñas en una. Y tal vez en estos momentos, si las precauciones de los médicos han tenido efecto, no lo sepa.
Se llama Ana Georgina Zubieta de Hernández. Tiene 22 años, dos de casada y un hijo. Su vida no tuvo nada de anormal ni de peculiar hasta las nueve de la noche del martes trece. Precisamente un martes trece. Fue a esa hora cuando se registró el sexto caso de nacimiento de siameses en el país. Su protagonista es Ana Georgina, esa mujer extremadamente humilde cuyo esposo trabaja en una embotelladora de gaseosas.
A las ocho y media de la noche, cuando apenas empezaba el parto, el doctor Eduardo Sánchez Sánchez, de turno en la Clínica San Pedro,del Seguro Social, se dio cuenta de que no tenía un parto corriente entre manos. Primero pensó que eran gemelos, pero cuando salió la primera, y algo indefinido continuaba unido a ella, se dijo lentamente: "Son siamesas".
Pidió preparar el fórceps para efectuar una cesárea. Pero no fue necesaria. Por extraño que parezca, el gigantesco parto transcurrio en forma normal. Sánchez, muy nervioso, se comunicó con el director de la Clínica. Inmediatamente se logró que respiraran las siamesas, se les radiografió y se les conectó a toda clase de ayudas y soportes para la vida. Hubo carreras y angustias en los pisos de la Clínica; el doctor quería ver las radiografías inmediatamente. Y allí estaba: sobre el fondo claro de la pantalla, se delineaba claramente la silueta de dos cuerpos humanos unidos por el vientre.
Un análisis más detenido permitió establecer que algunos de los órganos no habían sido producidos por pares. Las dos cuentan con un solo corazón, un solo hígado y un solo sistema digestivo. Ello hace completamente imposible la separación, puesto que implica la muerte de por lo menos una de ellas.
De los seis casos de siameses que se han presentado en Colombia, no se conserva ningún sobreviviente. Y de los 200 que se han comprobado estadísticamente en el mundo, sólo están vivos seis. Es decir, doce medias personas. Algo así como un promedio de ocho "personas" completas.
El resto de sus órganos vitales (observó el médico) está completo. Pero presentan serios problemas circulatorios y de respiración, por el recargo en sus funciones.
La madre de las criaturas probablemente no sabe que dio a luz siamesas. Los médicos se han empeñado en mantenerlas alejadas. El padre, Carlos Arturo Hernández, tuvo, en cambio, la oportunidad de contemplarlas en una incubadora. Quedó profundamente impresionado . "Tengo miedo", comento después.
Se trata de una pareja muy joven, que ya cuenta con un hijo y que vive en precaria situación. De sobrevivir las siamesas, afrontarían un duro problema. Sin embargo, los médicos del Seguro encargados del caso ven con suma preocupación la dificultad que ambas tienen para respirar.
Los casos de siameses se producen -según los expertos- por un error genético que lleva a duplicar la mayoría de los órganos. Casi todos nacen muertos, o fallecen pocos días después. De los casos que se mencionan, sólo seis llegaron a la edad adulta, con terribles conflictos sicológicos y familiares. Una pareja, la de los famosos siameses orientales que estaban unidos por la cabeza, consiguieron renombre mundial. Tenían excelentes relaciones, se ponían la misma ropa, y se trataban el uno al otro como si fueran uno solo. Lo que en realidad era así, pues lo más probable es que tuvieran un solo cerebro. Tal vez sea esa la fórmula de la armonía total. El caso es que la muerte de uno implicó la del otro pocos minutos después. Como comparten sistemas circulatorios y metabolismos, su vida es completamente compartida y dependiente.
Por todo ello, el doctor Sánchez ocultó el nacimiento a la madre. Trata de "evitarle traumatismos sicológicos. Si las niñas sobreviven, serán un fenómeno obsesivo para el público durante el resto de su vida. Lo cual es mejor que terminar en un frasco de formol.

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