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| 7/27/2003 12:00:00 AM

La fuerza de la Unión

Ahora que la Unión Europea se perfila como la unidad política y económica más importante del mundo, aún debe enfrentar grandes desafíos en su consolidación.

Al igual que un enorme rompecabezas, en el que deben encajar perfectamente todas las fichas para darle forma a una compleja figura, así se ha formado en los últimos 50 años la Unión Europea (UE), un proceso de integración difícilmente antes visto en la historia que ahora se encuentra en un momento clave de l igual que un enorme rompecabezas, en el que deben encajar perfectamente todas las fichas para darle forma a una compleja figura, así se ha formado en los últimos 50 años la Unión Europea (UE), un proceso de integración difícilmente antes visto en la historia que ahora se encuentra en un momento clave de decisiones. De éstas dependen no sólo su futuro sino el de una buena parte del planeta. Tras consolidar y profundizar la integración en estos momentos la UE enfrenta grandes retos en el desarrollo de su política interna, más aún con el ingreso en enero próximo de los 10 nuevos países que, al parecer, harán que Colombia y América Latina se alejen aún más del Viejo Continente. En primer lugar, es de resaltar que en estos meses se están llevando a cabo los referendos correspondientes al proceso de aprobación ciudadana, necesario en cada una de las nuevas 10 naciones, a fin de darle legitimidad a la integración. Y, en segundo lugar, porque la nueva ampliación le dará cabida a Estados con un promedio de crecimiento económico muy inferior a la media de los integrantes. La Unión pasará de 15 a 25 miembros, lo que significa que pasará de 375 a cerca de 500 millones de habitantes. Es decir, no sólo se aumentará en cerca de 20 por ciento la población total, sino que el aporte al Producto Interno Bruto del bloque no sobrepasará el 4 por ciento. Harán falta, por lo tanto, muchas inversiones en la infraestructura y el sector agrícola de los nuevos 10. Europa será un poco más grande y un poco más pobre. Entre tanto, la profundización de sus instituciones ha valido como muestra de que la democracia no se impone por la fuerza sino que basta un poco de inteligencia, originalidad y paciencia. El Parlamento Europeo, el Consejo de la Unión, la Comisión Europea y los Tribunales de Justicia y de Cuentas se presentan como sus pilares políticos y, junto a organismos de índole económica y regional, como el Banco Central Europeo o los comités Económico y Social, conforman las bases de un desarrollo sólido en varios frentes. La nueva Carta Las mayores expectativas, sin embargo, se centran actualmente en el proyecto de Constitución Europea presentado, por fin, después de dos años de largas discusiones, el pasado 20 de junio por el ex presidente francés Valery Giscard d'Estaing. El balance es alentador: cada mes se consolidan acuerdos efectivos y significativos, los mecanismos institucionales son más simples, la Carta Constitucional va por buen camino y el interés general de los gobiernos y la población parece encaminarse por la ruta de la unidad. Por ahora resta, según declaraciones de Giscard d'Estaing, "continuar sus trabajos en torno a la elaboración de una política exterior y de seguridad común y la puesta en marcha de las instituciones europeas con respecto a la ampliación prevista de la Unión". En el terreno político, los puntos más controversiales son cuatro, de los cuales sin duda dependerá el ulterior desarrollo y el fortalecimiento de las instituciones supranacionales sobre las decisiones estatales. Primero, la conformación de un congreso para discutir tratados. Segundo, la modificación de la Comisión Europea, principal órgano decisorio en la actualidad. Tercero, el papel del ministro de Relaciones Exteriores. Y cuarto, la figura del presidente de la Unión Europea. Otro de los temas más polémicos es el religioso. No resulta fácil decidir, en efecto, en un campo tan diverso en culturas y tradiciones, si el nombre de Dios, o incluso la alusión a la religión cristiana, deba consagrarse en el texto. Mucho menos si la creencia en el cristianismo haya de imponerse como condición de entrada a la Unión. Para países como Francia, por ejemplo, el elemento laico en el discurso político es indispensable, lo que no sería tan claro para España o Italia. Existe también, dentro de la UE, plena conciencia de la necesidad de concretar una política exterior y de seguridad común. Es indudable que la guerra en Irak afectó significativamente los avances hacia tal fin, en especial por la división que se alcanzó a generar entre el eje París-Berlín-Moscú, que se oponía al uso de la fuerza, y el apoyo a la posición de Estados Unidos por parte de Inglaterra, España, Italia y de la mayoría de los países próximos a integrarse a la Unión. No obstante, luego de la Cumbre de Atenas, celebrada en abril de este año y en la cual los nuevos 10 firmaron su adhesión, quedó claro el interés de todos los países por consolidar una política exterior unificada. Colombia: ¿en el radar? Precisamente, ante esta evolución económica y política, cabe preguntarse cómo se ubica Colombia en el tablero de opciones de la UE. La respuesta no será precisamente optimista. Desde sus orígenes Colombia, como el resto de los países latinoamericanos, ha estado estrechamente ligada al continente europeo por vínculos históricos, culturales y étnicos. Estos lazos han fundamentado la política mantenida por la Unión Europea y por las naciones latinoamericanas para la profundización de sus relaciones. Pero debido a la inclusión de los nuevos miembros y el creciente poder estadounidense Colombia parece alejarse. Con las negociaciones del Alca y la consecuente absorción de nuestro mercado en Estados Unidos y la región andina, la posibilidad de fortalecer las relaciones comerciales y políticas con el Viejo Continente se ven cada vez más lejanas. Ya en el año 2000 la Unión Europea había pasado de ser nuestro segundo socio comercial a tercero. Si a esto se añade el que los países próximos a ser integrados a la Unión rivalizan económicamente con América Latina, y mantienen con ésta un muy bajo perfil de relaciones, lo que se puede pronosticar es un distanciamiento aún mayor entre los dos bloques, al menos en el sector correspondiente a los países del Segundo y Tercer Mundo. ¿Cómo reversar esta tendencia y aprovechar el proceso de expansión e integración europea en nuestro beneficio? Es un asunto que seguramente requiere más que buena voluntad y la creciente ayuda económica y social de la UE a Colombia hace pensar que los lazos se mantendrán y serán difíciles de romper.


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